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El huracán Dean pasó, pero sus efectos continúan. Los pocos árboles
tropicales que quedaron de pie no tienen hojas, las plantas de sombra que vivían
en el suelo desaparecieron, los animales que albergaba la selva se están
moviendo en busca de comida; tras ellos van jaguares que pronto podrían ser
asesinados por asustados ganaderos.
Una generación de aves se perdió porque a sus nidos, con todo y huevos, los
arrastraron los vientos. No hay pájaros, los que sobrevivieron ya cambiaron de
residencia. Comienzan a verse cocodrilos cruzando carreteras. A los monos araña
que antes saltaban entre las copas se les ha visto en los ejidos.
Los troncos tirados podrían ser combustible para un incendio -similar a los de
Grecia- que acabaría con lo que queda de selva, si no se habilitan los caminos
rurales para desalojar la madera podrida y cavar brechas cortafuego. Los
traficantes de maderas preciosas no tardan en llegar a aprovechar el tiradero.
Ese es el panorama que advierten los especialistas relacionados con ese corredor
biológico, quienes –en esta entrevista - pretenden enviar una llamada de auxilio
al gobierno federal para que, así como salvó a la gente de morir, preserve de la
extinción a los animales y las plantas de esta selva.
Advierten que si no se actúa, el saldo del huracán Dean en Quintana Roo podría
ser mayor al reportado hasta ahora. "Algunos ejidos han estado reportando
recientemente que se han encontrado animales en carreteras y selvas (...) Nos
enteramos en Chetumal que unos ejidos reportaron que vieron cocodrilos en
orillas de carreteras", dijo Carlos Manterola, director general de la
organización "Unidos para la Conservación". "Es previsible que si el huracán
entró y tiró muchos árboles, muchas especies se moverán buscando refugio.
Entre los animales que se movieron están las presas del jaguar (venados,
jabalíes, coatíes) y si los depredadores no las encontraron, también se movieron
y fueron tras ellas. Es factible que se den conflictos entre ganado y jaguares".
En entrevista, señaló que se debe hacer un estudio para ver qué pasó en la selva
y adelantarse a los peligros que podrían correr las especies, como los
enfrentamientos entre ganaderos y animales selváticos.
A su vez, Rodolfo Llovera Sosa, el presidente del comisariado del ejido
selvático Noh-bec, narró que los lugares por donde el huracán pasó se
despoblaron de fauna. "Los monos araña que siempre andaban arriba, meciéndose,
saltando, ahora andan abajo, los ves en los caminos, temerosos. Ya no hay
pájaros, se me hace que se fueron, no murieron pero sí se fueron. Ya no vemos
chachalacas, guacamayas, faisanes, pavos, venados, armadillos, jabalíes,
ardillas. ¿Quien sabe en cuánto tiempo no los vamos a ver?", dijo. Una tercera
parte del bosque de su ejido quedó en pie. El resto fue derribado.
Alfonso Argüelles, director ejecutivo de Trópica Rural Latinoamericana AC,
señaló que es urgente rehabilitar la red de caminos comunitarios para poder
apagar cualquier conato de incendio y cavar zanjas corta incendios, para evitar
que el fuego calcine todo.
"El riesgo que tenemos es que toda la leña derribada es material combustible que
se puede incendiar en unos seis meses, cuando empiece la sequía. Si no hay
caminos, se puede prender esto, y toda esa leña tirada en el suelo es flamable y
prenderá toda la zona que quedó en pie", dijo y señaló que ahora hay árboles
aislados y desfoliados donde antes había un denso bosque.
"El huracán se llevó la casa de muchos animales, lo más seguro es que salieron a
las zonas vecinas y los que se quedaron deben tener problemas fuertes de
alimentación y están emigrando a las zonas conexas. Los bosques de alrededor
están sirviendo de refugio". Además, advirtió que "puede haber riesgo de robo de
madera y ahí tenemos unas 100 especies de talla grande y posiblemente más de mil
especies preciosas".
* Marcela Turati
La selva que salvó a Yucatán
Los héroes que frenaron al huracán Dean en la península de Yucatán fueron dos
mil familias que desde hace 70 años decidieron explotar su bosque tropical sin
acabarlo. La selva cuidada por esta veintena de ejidos quintanarroenses sirvió
como pared de contención al ciclón. Sus árboles de hasta 35 metros de altura lo
detuvieron y obligaron a bajar de intensidad.
Sin embargo, los heroicos pobladores que vivían de esta selva quedaron en la
ruina. "Estamos muy tristes. Alguna gente decía que nuestro bosque fue la
salvación de otros; pero no nos podemos detener a llorar", dijo a Excélsior
Rodolfo Llovera Sosa, presidente del comisariado ejidal de Noh-bec. Llovera
representa al ejido que ha sido ejemplo mundial en cuidado sustentable de sus
recursos. Ese bosque de 18 mil hectáreas, premiado internacionalmente, está
destrozado; menos de 30% de los árboles quedaron de pie.
Dice que Dean se llevó de golpe el empleo, derribó su capital forestal, destruyó
los caminos, dañó los aserraderos y podría hacer quebrar al ejido si él no logra
congelar los intereses de los créditos obtenidos con las financieras Ucepco y
Fidechicle.
"Mis abuelos, mis papás y yo hemos vivido y comido del bosque y lo hemos
cuidado. Por 70 años fuimos un ejido ejemplo de cómo aprovechar el bosque,
cuidándolo, pero un desastre nos acabó. Queremos ser ejemplo de cómo recuperar
nuestro bosque y nuestra economía, pero necesitamos ayuda", dijo.
Alfonso Argüelles, director ejecutivo de Trópica Rural Latinoamericana AC,
explicó que los 180 kilómetros de franja de selva mediana (con árboles de 20 a
35 metros de altura) entre X-Hazil y laguna Om detuvieron a los vientos
huracanados.
"Durante 50 años se han conservado esas selvas, fundamentalmente porque han
estado bajo manejo forestal comunitario. Unos 25 ejidos conservaron el bosque
tan bien que hicieron el dique de contención al huracán. Es el segundo que
detienen."
Por ello, advirtió: "Si sabemos que los huracanes van a pasar más seguido, es
urgente que se recupere la cobertura forestal de la zona y la economía de las
comunidades para que no abandonen la idea del manejo forestal comunitario y no
vayan a dedicarse a la ganadería. "Si no se hace algo por recuperar la cobertura
forestal de selva mediana los huracanes van a pegar fuerte. Vale la pena pensar
el servicio ambiental que prestó la selva", comentó.
* Excélsior
Esperan una sequía tras la tormenta
El estudio Evaluación del riesgo forestal del huracán Dean 2007, elaborado por
el gobierno federal y de Quintana Roo, advierte que los incendios forestales
podrían terminar de consumir la selva que fue devastada por Dean.
Advierte que hay un "alto riesgo" de que se generen incendios mayúsculos en la
selva destruida, se pierdan maderas de todas las especies, se alteren los
ecosistemas y que las comunidades afectadas dejen de cuidar el bosque o
abandonen el ecoturismo y pierdan sus empleos.
Indica que para el año próximo se prevé una sequía que podría propiciar los
incendios, y señala que aunque algunos predios han estado bajo cuidado forestal
responsable por más de 50 años, puede perderse lo logrado.
Urge también a establecer un mecanismo para autorizar la extracción de la madera
derribada, con el objetivo de que no pierda su valor comercial.
www.ecoportal.net
* Excélsior
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