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Tabúes, represiones y el maltrato del placer que arruinan nuestras vidas
Los movimientos fluyen hacia la unión, desean fundirse, correr hacia algo nuevo.
Tus manos y las mías desean tocarse. Mareas de pasiones infinitas, se desvían de
su origen.
Circulan naturalmente sin ninguna distancia. La actividad no se detiene, nuestra
sangre corre sin cesar, se desplaza de tu alma a mi espíritu, mientras nos
amamos.
Tabúes y represiones
La fuerza vital está regida por los instintos más primarios del ser humano y se
relaciona directamente con las necesidades sexuales de cualquier individuo.
En toda represión sexual encontramos desde los simples placeres del juego
erótico hasta los deseos libidinosos más profundos e insatisfechos.
El erotismo es rechazado y negado por muchas personas. Las causas pueden ser
varias, en la mayoría de los casos se trata de tabúes milenarios sobre la
sexualidad, que se repiten de generación en generación.
Cuando el ser humano sufre esta represión, su energía vital se bloquea y con
esta obstrucción, la fuerza creativa de la vida y su poder unificador disminuye,
afectando la salud tanto psíquica como física.
Muchas personas reprimen y desconocen sus emociones porque sienten, por
diferentes condicionamientos sociales o culturales, una culpabilidad falsa que
lo único que provoca es la imposibilidad de conocerse a sí mismo.
Tanto el temor como la culpabilidad sobre las emociones propias pueden ser
eliminadas. Una vez que la persona se da cuenta que ninguna emoción está sujeta
totalmente al plano consciente, se le puede dar luz a estos sentimientos
abandonados en lo prohibido y oculto de la mente.
No hay que temerle a las emociones irracionales, simplemente hay que conocerlas
y darle libertad en el pensamiento, sin juzgarlas ni prohibirlas, por lo menos
por uno mismo.
Cuando los placeres son maltratados
Las emociones prohibidas y rechazadas se vuelven un boomerang negativo contra
las personas. El maltrato psicológico, entonces, comienza a configurarse cuando
el sujeto manifiesta todo ese castigo que se impone a sí mismo, bloqueando su
energía emocional.
En cambio, cuando éstas sensaciones negativas se proyectan sin tener total
conciencia, se puede atacar a otras personas. Hay características cotidianas que
pueden mostrar la manera en que éstos mecanismos se disparan.
Al principio pueden parecer inocentes, pero no lo son; la intolerancia bajo un
cierto sarcasmo o el señalamiento exagerado de un defecto a otro, un chiste
excesivamente agresivo o la impaciencia sin motivo con la pareja.
Estos pequeños detalles son maltratos que a veces realizamos en nuestras
relaciones y que se convierten en un círculo vicioso, no tienen otro fin que la
destrucción del vínculo.
El retorno al corazón
Sólo el amor y la aceptación, sin culpa, del temor a nuestros más profundos,
arcaicos y prohibidos deseos, pueden remediar poco a poco tanto dolor y desamor.
Sería importante que meditemos hasta dónde es el límite, cuándo comenzamos a
perjudicar a las personas que tanto afirmamos que amamos.
Se puede llegar a dañar una relación y concretar el más tremendo de los
castigos: renunciar a ser amados.
Autor: Mabel Iam
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