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Miles de Comunidades indígenas sobreviven aun hoy en Latinoamérica, luego de
mas de cinco siglos de una campaña de exterminio, que ha abarcado todas las
regiones, desde Tierra del Fuego hasta Alaska.
El “descubrimiento” y posterior asentamiento en América por parte de los
imperios europeos, fue el punto de partida de una masacre cuya envergadura es
muy difícil de dimensionar.
Las diferentes etnias que habitaban este continente debieron someterse, ante el
poder de las armas que traían los conquistadores, a ser convertidas en esclavos
al servicio de la economía europea.
En esos más de 500 años, las riquezas naturales han sido y siguen siendo, un
común denominador que se esgrimió como principal motivo de tanta desgracia y por
el que hasta el día de hoy, siguen empujándose los límites territoriales de los
pueblos originarios, siguen sin reconocerse sus derechos y sigue perpetrándose
un silencioso genocidio.
La desmedida ambición económica ha convertido a las inmensas riquezas naturales
de América, en una gran maldición que pesa sobre cada ser vivo que la habite. Se
ha convertido en motivo de envenenamiento de ríos, de pulverización de montañas,
en motivo de desaparición de bosques, de especies vegetales y animales, de
glaciares, de pueblos, de culturas. Es causa de inundaciones y sequías, de
desertización, de pérdida de biodiversidad, de contaminación, de desnutrición y
muerte.
Hoy vemos a descendientes de aquellos pueblos que habitaban el continente
americano, muriendo de hambre porque se les han talado los bosques o los montes
y envenenado, o secado, o desviado los cursos de agua en los que conseguían sus
alimentos. Nunca fueron consultados, nunca se les dio nada a cambio, jamás
participaron de las ganancias. Nunca existieron para la maquinaria del progreso.
Los pueblos originarios siguen siendo víctimas del despojo de los últimos restos
de sus territorios, y siguen condenados a la negación de sus culturas, de sus
creencias y hasta de sus lenguas. Se les continúa prohibiendo vivir de acuerdo a
sus costumbres milenarias, se les sigue negando el derecho de ser.
El "desarrollo" es pujante, por eso empuja y empuja sin importar a quién, sin
importar hacia donde. Se hace lugar, ocupa cada vez mas espacio y necesita cada
vez menos de nosotros, los seres vivos. Cada vez somos mas personas en el
planeta, pero cada vez son menos las que el "desarrollo" requiere para seguir
expandiéndose, ocupando cada rincón del globo.
Demos un respiro al planeta, vayamos mas despacio pero con pie firme, con
certezas sobre las consecuencias de nuestros actos. Tomémonos el tiempo para
investigar formas menos destructivas de mejorar nuestra calidad de vida.
Invirtamos mas dinero en defender la vida y menos en producir la muerte, en
armas, en drogas.
Es posible que aun estemos a tiempo, intentemos cambiar las cosas que sean
necesarias para que el mundo sea un lugar mejor para todos.
Nos reencontramos la próxima semana, con una nueva entrega de esta publicación.
Ricardo Natalichio
rdnatali@ecoportal.net
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