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En 1992, la Food and Droug Administration (FDA) de los Estados Unidos
restringió el uso de implantes de siliconas en los pechos de las mujeres, puesto
que no había evidencias de su seguridad a largo plazo. Fue así que el Congreso
estadounidense ordenó a los Institutos Nacionales de Salud que realizarán un
amplio estudio complementario para evaluar los efectos en el tiempo que podían
producir los implantes.
Diez años más tarde, los especialistas del National Cancer Institute concluyeron
que no hubo diferencias en el riesgo de sufrir cáncer de mama en las mujeres que
recibieron implantes de siliconas que en las que no los recibieron.
Es estudio consistió en tomar a una gran cantidad de mujeres que recibieron
implantes de siliconas entre 1962 y 1989. Como control, se incluyó a un grupo de
mujeres de similar edad que se habían realizado algún otro tipo de cirugía
plástica, como por ejemplo una lipoaspiración o un lifting en los mismos centros
de cirugía.
Se repasaron también los expedientes médicos de las cirugías plásticas y se
recogieron datos sobre los procedimientos quirúrgicos, tipos de implantes, y
complicaciones (si las hubiera), así como otro tipo de factores que podían
afectar el estado de salud, como, por ejemplo, el peso o el historial médico. En
el caso de los pacientes que habían muerto, se recogieron todas las partidas de
defunción para verificar las causas de su muerte.
La particularidad de este estudio es haber utilizado como grupo de comparación
no solo a la población general sino a personas que recibieron algún otro tipo de
cirugía estética, ya que estas mujeres tienen mayor cantidad de factores de
riesgo para cáncer de mama que la población en general (según se encontró en un
estudio previo del NCI).
El estudio arrojó como resultado la no-observación de diferencias en el riesgo
de sufrir cáncer de pecho entre las mujeres que recibieron implantes de
siliconas y el resto de la población (ya se trate de la población general o de
quienes tuvieron algún otro tipo de cirugía plástica).
Los investigadores tampoco encontraron que haya diferencias en el riesgo de
sufrir cáncer de pecho según el tipo de implante.
Uno de los puntos más polémicos era si las mujeres que tenían implantes y cáncer
de mama eran diagnosticadas en un estadio más avanzado de la enfermedad. En el
estudio actual, los investigadores encontraron mayor demora en el diagnostico en
la mujeres con implantes, pero sin que las diferencias sean estadísticamente
significativas y tampoco diferencias en la mortalidad por cáncer de mama entre
las mujeres implantadas y el grupo de comparación. Este es un punto, por lo
tanto, que requiere mayor investigación.
Este estudio no incluyó a las mujeres que experimentaron la reconstrucción de
sus pechos luego de una cirugía de cáncer de pecho (cerca del 20 por ciento de
las operaciones de pecho en los Estados Unidos), por lo que no es posible
predecir si se podrían encontrar resultados similares para esta población. La
mayoría de los estudios anteriores también se habían centrado en aquellas
mujeres que habían recibido implantes por razones estéticas.
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