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Se puede decir que, oficialmente, hoy se ha terminado el motivo por el que
vine a Madrid. Esta mañana entregué ya las tres copias de mi tesis en el
despacho de la coordinadora. Supongo que, una vez más, dejo de ser estudiante.
Ahora, la pregunta que me hace todo el mundo es esa de si quiero seguir en
Madrid o tirar para otro sitio. Recuerdo que el verano anterior a empezar el
master, trataba de convencer a mi amiga Femme Fatale de que también se lanzara
hacia la capital. Para ello, le dije la frase “Madrid es la ciudad de las
oportunidades”, algo que ella tuvo que recordarme no hace tanto, ante mi idea de
coger las maletas.
De nuevo, y no se cuantas veces lo he dicho ya en este blog, no soy el mismo
Castigador que llegó aquí hace algo más de un año y medio. Soy más maduro
profesionalmente: encontré trabajos que aborrecí, en los que me explotaron y en
los que adquirí experiencia y aprendí a sobrevivir con sueldos de 500 euros.
También soy más maduro sentimentalmente: encontré el amor y lo perdí
estrepitosamente, hasta el punto de sentirme la persona más vacía, vulnerable y
desesperada del mundo. De hecho, a veces tengo que dar pequeños golpecitos a mi
pecho para que mi corazón siga latiendo.
En estos momentos, me estoy tomando un mes de relax, pero espero que pronto
llegue ese trabajo que no me obligue a hacer malabares con mi cuenta corriente y
que me satisfaga de verdad. Y del amor, ¿para qué decir nada? Sé que de momento
sigo de baja en ese aspecto, a pesar de lo mucho que deseo que eso no sea así.
Por ahora, con que poco a poco deje de doler, me doy por satisfecho.
No tengo nada claro qué quiero hacer con mi vida. Lo que sí sé es que, desde
hace unos pocos meses, mi piso de Madrid ya es mi casa. Y eso sí que no quiero
perderlo.
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