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Una buena relación sexual que culmina con el orgasmo, desencadena en las
mujeres una gran sensación de goce, placidez y relajación; también promueve tónicos
saludables: ejercita los músculos de la vagina y la actividad muscular en
general, así como las articulaciones. Aumenta la circulación sanguínea,
incrementa la actividad de la glándula pituitaria, estimula la tiroides y
origina la secreciones de los ovarios y las glándulas adrenales, además de ser
una bendita manera para bajar de peso.
En nuestros archivos de la revista “Mujeres”, se guarda un gran paquete de
cartas relacionadas con una de las dificultades sexuales más comunes en
nosotras: la anorgasmia, es decir, la ausencia, fallas frecuentes o por etapas
del orgasmo.
Antes de la década del 70, a quienes tenían tales trastornos, se les llamaba
frígidas. Este término sólo se utiliza actualmente para referirse a aquellas
mujeres –casos realmente raros– que no tienen apetito sexual alguno, no
sienten en lo absoluto deseos de contactos sexuales con nadie ni logran excitación
ante los estímulos eróticos.
Lo cotidiano es que un número no despreciable de mujeres gusten de la compañía
amorosa de su pareja, disfruten de las caricias y juegos sexuales, pero que,
durante el coito, no alcancen el clímax de la sensación placentera del
orgasmo.
Entrando en detalles, es importante diferenciar entre anorgasmia primaria y
secundaria. La primera, se refiere a las mujeres que nunca ha logrado el
orgasmo, con ninguna de las parejas sexuales, mientras que la segunda, abarca a
aquellas que los han tenido pero que, por etapas o con frecuencia, no logran
alcanzarlo.
Mucho ha avanzado la ciencia en este campo y existen técnicas eficaces que
permiten resolver una gran parte de estos conflictos. En todas las provincias
del país, existen consultas especializadas que atienden tales disfunciones
sexuales. No siempre es una terapia fácil y sencilla, sobre todo en el caso de
la anorgasmia primaria, pero las posibilidades de recuperación son altas y vale
la pena intentarlo ya que, generalmente, este es uno de los problemas sexuales
que la pareja no puede resolver por sí misma.
Quejas
femeninas
La anorgasmia puede deberse a innumerables circunstancias, que van desde
el empeoramiento de la situación con el compañero, las pocas habilidades
masculinas para excitar a la mujer hasta el estrés mantenido o las depresiones.
Hace tiempo se sabe, por múltiples estudios, que la inmensa mayoría de las
disfunciones orgásmicas femeninas son de tipo sicógeno. Esto quiere decir que
en sólo pocos casos, la falta de orgasmo se debe a causas físicas. Pongo un
caso sencillo como ejemplo: algunas mujeres, después del parto, demuestran un
marcado desinterés sexual, rechazan las alusiones del compañero para intimar,
y esto nada tiene que ver con el proceso del embarazo y alumbramiento pues, al
cabo de un breve tiempo, todas nos recuperamos y nuestro organismo vuelve a la
normalidad. Lo que sucede en ellas es que se entregan de manera absoluta a su
nueva función de madres.
Existen otras situaciones más comunes que cuentan las propias mujeres y es la
queja que apunta directamente a los hombres. El encuentro íntimo es un dar y
recibir caricias, ternuras, de ambas partes y deseadas por ambos. Pero esto solo
no basta. Es necesario, tanto para él como para ella, superar algunas actitudes
erróneas de la sexualidad como es el hecho de conversar sobre lo que nos gusta
o no, lo que nos excita o no. Conducirlo con delicadeza y amor.
Muchas mujeres tenemos la falsa fantasía de que el hombre cubano lo sabe todo,
es como una especie de adivino que conoce los vericuetos del placer y los
provoca a borbotones. Está en la imaginería popular que, en materia amorosa,
es un campeón. Sin embargo, desnudos sobre la cama, no se le puede dejar todo
el entusiasmo y la excitación al lenguaje de los cuerpos. Se pueden susurrar
muchas cosas que indiquen mejores excitaciones y el máximo placer.
Quizás las tantas películas que vemos donde se muestran escenas eróticas, han
falseado la realidad de algunas personas. Se muestran mujeres hirvientes de
deseos desde el primer beso; escenas arrebatadas de pasión, orgasmos como
terremotos... Después que un matrimonio de sexólogos norteamericanos, Virginia
Johnson y William Masters, estudiaron las Respuesta Sexual Humana y comprobaron
en laboratorio que el nivel de excitación, en condiciones óptimas, se
desarrolla en nosotras de una manera más lenta, los hombres han tenido que
aprender a esperar a sus compañeras sexuales y darle el tiempo que ellas
necesitan para alcanzar el clímax, si verdaderamente quieren llegar a un buen
acople.
Una vez oí decirle a una mujer –sin conocimientos técnicos sobre el sexo
pero sí con la suficiente práctica– que el orgasmo femenino pende siempre de
un hilo. Y es cierto. Se sabe, por múltiples estudios, que nuestra reacción
orgásmica es más compleja y susceptible a trastornos que la de los hombres.
Muchas mujeres se han dado cuenta de todas estas cosas que venimos hablando, por
su propia experiencia. Se han percatado de que los hombres, apenas con la visión
desnuda de una mujer que le agrada, pueden lograr gran excitación; sin embargo,
nosotras, generalmente alcanzamos esos niveles mediante las caricias y ternuras.
Otras mujeres pueden referirse a que logran una adecuada excitación
exclusivamente mediante caricias en el clítoris.
El hecho de que esta sea la única forma de asegurar el desencadenamiento del
orgasmo, preocupa a algunas mujeres al pensar que están muy limitadas o que eso
causa un tedioso aburrimiento al compañero. En aras de barrer inquietudes, es
oportuno subrayar que el clítoris es un órgano situado unos centímetros por
encima de la entrada de la vagina, que está en nuestra fisonomía con el don
exclusivo de darnos placer sexual. Las cuentas son sencillas: ¿ Cuál es el
sentido de desaprovechar tal órgano de excitación si lo tenemos precisamente
para eso?
Según una encuesta realizada en Alemania por el sexólogo S. Schnabl, y son
cifras más o menos coincidentes en muchos países, el 50% de las mujeres declaró
que su mayor satisfacción se manifestaba en el clítoris y sólo el 20% en el
interior de la vagina. Explica el Dr. Schnabl que el clítoris, debido a lo
delicado de sus tejidos y a su inervación sensitiva, es un órgano
especializado en la recepción de estímulos sexuales capaces de provocar el
orgasmo, mientras que la vagina, con su doble papel de órgano de apareamiento y
de conducto para el parto, si bien presenta a su entrada terminaciones nerviosas
que provocan excitación, no alcanza la sensibilidad erótica del clítoris.
Comenta, además, que por ello el hombre no debe cohibirse de continuar con las
caricias que más excitan a la mujer, hasta que ella haya alcanzado el clímax,
y como es ella quien mejor conoce sus propias reacciones y la localización de
las sensaciones más fuertes, debe indicarle al compañero qué es lo que desea
y como. Por último –agrega el especialista– durante el coito se pueden
encontrar ciertas posiciones mediante las cuales se logra un buen contacto con
el clítoris.
Otras causas de la anorgasmia
Hay mujeres que con nivel de información, que gustan del sexo con su
pareja amorosa y hábil –a pesar de un buen preludio sin prisas– no logran
el orgasmo debido a que asumen el “papel de espectadoras”, o sea, están
excitadas pero intentan de manera conciente hacer esfuerzos prolongados por
llegar al clímax.
Como afirman expertos en la materia, estos procesos no se pueden imponer. El
arranque desesperado por provocar el orgasmo, ya sea por propia voluntad, ya sea
porque el compañero, de alguna manera, está presionando o manifestando su
interés por concluir, es uno de los trastornos que afectan con particular
frecuencia la vida íntima de las mujeres.
Por tales razones, se recomienda disfrutar simplemente de las sensaciones que se
van presentando, única manera de que vayan en aumento hasta la culminación orgásmica,
que puede ser de uno o de varios para la mujer, si se continúa una estimulación
apropiada. En el sexo, como en tantas cosas de la vida, una no se puede poner
metas. Disfrutar, sólo disfrutar desde el principio como un acto de amor, que
enriquece sumamente también nuestra espiritualidad, y no encasquillarse en que
vale solamente por el “final feliz”.
Quiero aclarar, por si acaso, que no existe en mis reflexiones ningún desliz de
emprenderla con los hombres o minimizar su fama de buenos amantes. Pretendo, más
bien, hacer unas necesarias consideraciones acerca de los roles de hombres y
mujeres en la relación sexual. Los estereotipos que aún existen y la necesidad
de romper con ellos.
Son muchos los poquitos, es la verdad. Incluso, la hora y el día. Un hombre le
insinúa a su pareja hacer el amor en la noche. Decir si, por complacerlo, es
correr el riesgo de ser únicamente objeto de placer. Así no vale. Es un mito
que hombres y mujeres siempre estamos dispuestas a tener sexo con un amante cariñoso.
Si bien es cierto que el sexo es una delicia, también resulta una actividad física
a la cual hay que ir descansada y muy especialmente con la disposición de
pasarla bien. Lo demás, es jugársela a cara o cruz.
La terapeuta sexual Laura Caldiz, quien ha escrito varios libros de gran éxito
en América Latina, afirma que las parejas que conviven muchos años, ven
apagarse los fuegos de los primeros tiempos, y asisten, un poco desconcertadas,
a una sucesión de relaciones sexuales algo insípidas. Esto no tiene nada que
ver con el amor que puede seguir desarrollándose y ser más intenso de lo que
era en los comienzos. Es sólo que pasa el tiempo y lo que era novedad, ya no lo
es, y así se le suman las rutinas del trabajo, los hijos y el mantenimiento de
la casa. No hay romanticismo ni pasión que resista tanta presión y tanta
familiaridad. Es ahí donde la aparición y mantenimiento de las fantasías
sexuales pueden ser una interesante manera de recuperar el erotismo. Pasemos,
pues, a ellas.
ABCsexología.com, comenta:
· Aproximadamente, un 10% de las mujeres nunca alcanza el orgasmo,
independientemente de la estimulación o situación.
· La mayoría de las mujeres pueden alcanzar el orgasmo con la estimulación
del clítoris, y cerca del 50% llegan al mismo, de forma regular, durante el
coito.
· Una vez que la mujer aprende a alcanzar el orgasmo, generalmente no pierde
esta capacidad, a menos que exista una muy pobre comunicación sexual, un
conflicto en la relación, una experiencia traumática, una alteración del ánimo
o una enfermedad física.
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Cortesía de Msc Aloyma RaveloNube de Tags
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