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Conservando al Loro Vinoso

Por Angel Nuevo González

En el corazón de la provincia de Misiones, desde el Municipio de San Pedro, he sido cómplice y testigo de una de las más bellas causas conservacionistas de los últimos tiempos y de la que me siento orgulloso de escribir estas líneas. Allí, en el marco de la Fundación Félix de Azara, personas fuertemente comprometidas trabajan altruístamente por una única causa: La conservación del Amazona de Pecho Vinoso (Amazona vinacea) y La Selva de Pino Paraná (Araucarias). 

El Bosque de Pino Paraná y su fauna están comprometidos por la tala y caza sin controles efectivos y por el mascotismo local de algunas especies nativas. Algunas de las más representativas y en mayor peligro de extinción son, entre otras, el mono aullador Carayá Pytá (Alouatta guariba) y algunas especies de psitácidas como el Charao (Amazona petrei), el Maracaná afeitado (Ara maracana, ahora Primolius maracana) y el protagonista de nuestra historia, El Loro Vinoso o Papo Roxo, como se le conoce en el vecino Brasil. 

Durante el ultimo siglo, fue tanta la tala del pino paraná para el aprovechamiento de su excelente madera y el reemplazo de la selva por agricultura, ganadería y las plantaciones de maderas exóticas, que casi desapareció de La Argentina, quedando hoy tan solo unas pocas hectáreas sin conexión entre sí. Aún hoy, habiéndose declarado el pino paraná como “Monumento Natural” sigue viéndose amenazada su supervivencia y la de la fauna que vive fuertemente asociada a esta peculiar selva. Hoy esta selva es considerada el cuarto lugar más importante del mundo para la conservación de la biodiversidad.

La Fundación Félix de Azara
Desde la Fundación se trabaja fundamentalmente desde 3 frentes imprescindibles:
- Investigación: El estudio de este peculiar ecosistema y de la biología de las principales especies faunísticas hace posible determinar los mecanismos de conservación adecuados así como determinar las áreas que requieren mayor esfuerzo de preservación.
- Educación: La elaboración de campañas de Concienciación y el trabajo directo con los pobladores de estas tierras son el pilar sobre el que se construye el éxito de este Proyecto. Generar en la población local una necesaria empatía con el bosque y reconocer que son éstos actores claves hace que se despierte un compromiso con la conservación de este ambiente. Trabajando tanto con los adultos (incluso en sus propias casas) como con los niños en las escuelas, con numerosas actividades durante todo el año…
- Acción de Fiscalización: Uno de los compromisos que más me han sorprendido es la involucración de los miembros de la fundación, pero especialmente de Gabriel Capuzzi (al que posteriormente dedicaré unas líneas con mayor profundidad) en el seguimiento de aquellas familias que han capturado un pichon de Loro Vinoso y lo mantienen en su casa como mascota. Estas familias son informadas de manera muy cercana sobre la gravedad de sus acciones y son convencidas para que devuelvan estos pichones, que son fiscalizados y llevados a Guira-Oga (Centro de Cría y Rehabilitación) en Puerto Iguazü, donde entran a formar parte de un programa de cría en cautividad para posterior reintroducción en la selva. Colaborando igualmente con las autoridades competentes de su pais, para perseguir y denunciar tanto la captura de pichones como la tala ilegal de Araucarias…

Sobre la biología del Loro Vinoso

El Papo Roxo comienza a nidificar en el mes de Octubre, en huecos de grandes árboles de distintas especies, pero se encuentra fuertemente asociado al Pino Paraná o Araucaria del que además se alimenta. Los pobladores locales conocen esto y por eso saben cuando tienen que treparse a sus nidos para su captura (en los casos en los que no lo hacen tras talarlo para vender su madera). Es normalmente antes del 25 de Diciembre, cuando los pichones estan por volar, cuando son extraidos “pescandolos” con una bolsa de plástico a la que se prenden los pichones con sus picos…

La alimentación de los Vinosos se basa aparentemente en los “piñones” de las Araucarias, a las que como he dicho se encuentra fuertemente ligado como ocurre con el Amazona Charáo en la parte Brasileña. Ambos juegan un papel ecológico fundamental (seguro que todos los que estáis leyendo estas líneas habéis acusado a vuestros propios loros de “guarros” por la cantidad de alimento que “desperdician”, ¿verdad?), en la naturaleza esto es importantísimo tanto para la dispersión de sus semillas, como para facilitar la alimentación de otros animales desde el suelo. Vital para la supervivencia del mismo bosque que les da cobijo… Además es frecuente verlos alimentarse de las semillas de plantas leguminosas como las Cañas Fístulas u otras especies vegetales.

Fuera de la estación reproductora, los Loros Vinosos forman grupos más o menos numerosos que se reunen en dormideros para pasar la noche. Normalmente utilizan una vez más las Araucarias para hacerlo, y generalmente lo hacen en aquellas situadas en Capoeras, que son espacios muy transformados, con apenas otras especies de árboles y por tanto muy despejadas con pasto intercalado. La explicación del por qué de este comportamiento puede deberse a la protección que supone permanecer en grupo y especialmente en estas Capoeras, que les permiten mejor visibilidad y menor riesgo con los depredadores por la ausencia de árboles próximos por los que acceder.

Mi propia experiencia 
Durante mi estancia allí, cargada nuevamente de muy buenos momentos, lo propio era darse tremendos madrugones. Puesto que nuestra misión principal era realizar los censos de la población del Loro Vinoso, el primer paso era intentar localizar esos dormideros para proceder al conteo de los ejemplares que allí acudían. Contar con la experiencia de Grabriel era sin duda imprescincible ya que gracias a él además, familias como los Da Barba nos daban el cobijo necesario para realizarlos en sus propias tierras. Mi primer encuentro con este fascinante Amazonas se produjo en el mismo San Pedro, realizando los conteos en el Parque Provincial de la Araucaria (una de las 4 reservas de hábitat que velan por su conservación). 

Como casi siempre, el primer indicio de su presencia eran sus vocalizaciones, bien diferentes de las del Loro Choclero (Pionus maximilliani), con los que, en ocasiones, era fácil confundirlos cuando se acercaba alguno de sus grupos desde la lejania (sobre todo si la vista ya flojea como es mi caso, claro…). Después de estos primeros encuentros de “entrenamiento”, acompañados siempre de algún miembro de la Fundación con experiencia previa, nos sentíamos ya preparados para emprender esta vez en solitario, nuestro desplazamiento a nuestro siguiente paradero, el Parque Provincial Cruce Caballero.

Este Parque, es sin duda uno de los enclaves mejor conservados del Bosque de Araucarias, allí pudimos disfrutar de los más grandes ejemplares de Pino Paraná en un marco de belleza incomparable. Aunque durante nuestra estancia en Cruce Caballero, sufrimos cierta desilusión en cuanto al número de Vinosos que realmente encontramos, nuestros esfuerzos se vieron recompensados al poder disfrutar de otras especies como el Chiripepé común (Phyrrura frontalis), el Calancate de Alas rojas (Aratinga leucophtalma) o el simpático Lorito de Cabeza roja (Pionopsitta pilleata), que llenaban nuestros largos tiempos de espera del Papo Roxo…

El caso de “Loro González”

Uno no es consciente de la espesura real que tiene un bosque de estas características hasta que no se encuentra literalmente perdido en sus entrañas. Tras cada censo matutino empleábamos gran parte de nuestro tiempo en hacer observaciones sobre su alimentación. Para ello, caminábamos por el bosque intentando localizarlos. Es obvio que no se deben abandonar los senderos marcados por el interior de los parques, pero el sonido de lo que sospechábamos sería nuestro primer avistamiento del Mono Carayá Pitá nos hizo olvidarnos de cualquier regla. Después de caminar (realmente, de intentarlo, más bien) durante toda la mañana atravesando densos cañaverales sin agua y sin machete con el que abrirnos camino, ¡¡¡y sin llegar a ver finalmente a ningún tipo de mono aullador!!! encontramos una de las salidas hacia los campos colindantes, que los lugareños denominan Chacras.

Una vez fuera, encontramos a unos muchachos de una de estas chacras. Hablando del loro que andábamos estudiando, nos informaron de la existencia de un señor al que llamaban “Loro González”, que tras haber derribado (ilegalmente) una de las Araucarias de su terreno se había quedado con 3 de los pichones de Vinoso que en ese árbol se estaban criando. Sinceramente, el apodo de este señor, me hacía sospechar que no era la primera vez que esto sucedía…y no pude evitar investigarlo.

Tuvimos que hablar con guardaparques y vecinos hasta localizar al famoso “Loro González”, pero al final lo hicimos. Nos hicimos pasar por turistas con interés en las aves para acceder hasta él, sin sospechas, y así fue. Una vez con él, accedió sin muchos problemas a mostrarnos a su lorito (solo quedaba uno de tres…), nosotros nos limitamos a tomas algunas fotografías y a charlar con él para dar parte después a Gabriel y los miembros de la Fundación para que tomaran las medidas oportunas. Aunque nos dio bastante pena descubrir que se seguían sacando pichones como mascotas, nos sentimos realmente útiles al participar en todo este proceso tan delicado de tratar con los habitantes locales…

Junto a la familia Da Barba
Nuestra siguiente estancia la disfrutamos alojados en tierras de esta familia de origen brasileño, que nos abrió mucho más que su casa, sus corazones.

Aquí, durante uno de los conteos matutinos, fui testigo de una de las más bellas postales “lorunas” que he disfrutado. Casi en el mismo instante, contábamos un total de 71 Loros Vinosos mientras pude ver sin moverme de mi puesto el “gran popurrí de loros”. Grupos de Chocleros (Pionus maximilliani) con sus pichones bajando a comer a los cultivos de maíz, mientras se cruzaban volando grupos de Pionopstittas y Aratingas. Posados en los árboles, numerosas Phyrruras junto a algunos Vinosos descansando…en definitiva, un espectáculo único de sonidos y colores, que muy pocos, por desgracia, han podido disfrutar como lo he hecho yo.

A menudo, estos censos los hacíamos inmersos en las nieblas y lluvias matutinas propias de la zona, y no por eso, desistíamos en nuestro empeño. Me resultó curioso observar, por ejemplo, como durante estas lluvias (a menudo durante varias horas) casi la totalidad de las aves permanecían cobijadas entre los árboles. Sin embargo, ahí estaban nuestros protagonistas, los Loros Vinosos, sin protegerse de la lluvia. Parecía no afectarles en absoluto. A diferencia con el resto, era fácil verlos volar, acicalarse y alimentarse expuestos a esta lluvia, que a menudo no cesaba.

El trabajo diario se complicaba constantemente ya que los Vinosos cambian muy frecuentemente la localización de sus dormideros. A pesar de que el equipo de censo lo formábamos varias personas y desde diferentes puntos de observación, debíamos localizar con precisión los lugares que elegían cada noche para pernoctar. Esto es especialmente importante, ya que así, a la mañana siguiente podríamos aproximarnos a esos puntos para poder contar con mayor precisión el grupo de loros que, al amanecer, abandonan su dormidero para buscar alimento.

Una vez más, las especies miran por su supervivencia. El hecho de no tener dormideros fijos se puede interpretar como una estrategia de seguridad para no dar tiempo a sus depredadores de localizar estas concentraciones y disminuir así las probabilidades de predación.

Es curioso como, aún volando en grandes grupos, se sigue observando fuera de la estación reproductora que lo hacen en parejas. En la mañana es frecuente ver como se dispersan de esta manera desde el gran grupo con el que han dormido, a veces junto al presunto pichón del año anterior para buscar durante el día, el alimento necesario; al caer la noche, acuden igualmente en parejas y/o tríos, aunque es posible observar también pequeños grupos (posiblemente de juveniles, aun sin emparejar) que confluyen todos para buscar y formar los dormideros comunitarios.

Una nueva causa de amenaza
Durante los últimos meses, la provincia se había visto afectada por una sequía más o menos prolongada. La disponibilidad de frutos en el bosque ha disminuido y por primera vez se ha podido ver a los Papo Roxo bajar a comer maíz de los cultivos. Aunque no parece que ataquen a las mazorcas, sino que comen en el suelo los granos que han desperdiciado los Loros Chocleros, y por tanto no suponen una amenaza real para los agricultores, éstos no opinan lo mismo. Antes de esto, sin motivo, y ahora por una mala observación, el Vinoso ha sido y es exterminado por algunos pobladores en su distribución, lo que hace peligrar aún más el futuro de la especie.

Gabriel Capuzzi
Gabriel es un joven, como tantos otros, que vivía tranquilamente en Buenos Aires con un cómodo trabajo y una vida sin complicaciones. Decidió cursar los estudios para Guardaparque y se trasladó entonces a San Pedro para ello. Como Proyecto de fin de carrera, decidió hacer un estudio sobre la situación del Loro Vinoso y fue entonces cuando descubrió la gravedad de su estado. Desde entonces su vida da un giro de 360 º. Deja todo aquello que le había permitido tener una cómoda vida, trabajo, casa y familia, para comprometer su vida en la conservación de ésta, tan amenazada especie. Sólo una persona como Gabriel es capaz de, con ayuda de sus botas y su mochila, “patearse” todos los campos para, de una manera muy cercana, convencer a todo el mundo de que la conservación del Loro Vinoso y su hábitat depende de todos ellos. Ha cambiado su anterior sueldo por uno mucho menos grato: hura, pulgas y garrapatas son ahora su recompensa en su empeño de agotar las vías para preservar esta especie a la que cada día le quedan menos opciones…

Cambiar su cómodo apartamento por una pequeña “casa” de tablones de madera donde vive actualmente, no es algo que decida hacer cualquiera. Conociendo a personas tan comprometidas como Gabriel es cuando uno se da cuenta que en nuestras manos recae aún más responsabilidad para no dejarle solo en esta complicada tarea. Probablemente, Gabriel, cuando leas estas líneas, no entiendas que te ceda este protagonismo del que humildemente te escondes, pero has de saber, que tu sacrificio merece de nuestro reconocimiento y ayuda para que tu trabajo no sea en balde. Queremos que nuestros lectores entiendan la realidad por la que personas como tú, lo dejan todo y puedan ayudarte en esta bonita causa.

¡Gracias Gabriel!

Un futuro comprometido

Tantos amaneceres y tantos atardeceres esperando a los Vinosos… y tan pocos loros ya para esperar…

El futuro del Loro Vinoso y de los Bosques de Araucaria y sus habitantes, depende también de ti. Si quieres ser partícipe de esta bonita causa conservacionista, por favor, no dudes en ponerte en contacto conmigo:

Mis agradecimientos a la Fundación Félix de Azara, y muy especialmente a Gabriel Capuzzi y la familia Da Barba de la que tanto me acuerdo. A las gentes de San Pedro y sus colonias…

Por Ángel Nuevo
pichonparrotpeople@hotmail.com

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Cortesía de Angel Nuevo González
Publicado Friday 15 de December de 2006

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