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No se puede ignorar el serio acoso político a nivel general, es decir propio
de la política, de los grupos de poder político dominante, ideología imperante,
que genera efectos en la vida política del país, como en el trabajo, más cuando
hay discrepancias ideológicas, cargos otorgados por favores personales,
compromisos políticos, muchas veces sin importar las competencias, habilidades,
conocimientos.
Todo ello, de no saberse manejar provoca resultados negativos, a nivel sociedad,
comunidad, como un clima organizacional nefasto en pro de los objetivos, planes
establecidos por la empresa.
En nuestro caso de mayor interés las empresas, no deben estas permitir que en su
seno por divergencias políticas se generen conflictos que a los largo le
afectan. Debe saberse manejar éticamente las ideologías políticas sin permitir
que estas se manifiesten y afecten sustancialmente la productividad.
Se sabe que en el caso venezolano que nos concierne, por razones políticas, en
donde hay una división férrea entre los adeptos del gobierno y los contras, el
acoso se manifiesta de acuerdo a los intereses de cada quien, hasta el extremo
que se origina desempleo, discriminación, afectaciones serias en el
comportamiento organizacional que afectan la productividad.
No se puede contratar solamente a quienes simpatizan con una determinada
ideología, se debe considerar en prioridad, los conocimientos, habilidades,
experiencia, destrezas de los profesionales en función de logros, de otra forma,
se manifiesta lo que es constante en el medio, desperdicio de talento, capital
humano.
Es un hecho cierto, que el acoso político a nivel general ha dado paso a
protestas, reclamaciones , reacciones a fin de evitar la lesión de los derechos
a que tiene cada uno de disentir con otros, tal es el caso de la mujer, en donde
, por ejemplo, las mujeres concejalas de Bolivia impulsan una ley que las
proteja de la discriminación y el hostigamiento político por parte de sus pares
varones, a los cuales atribuyen actos de intimidación y hasta amenazas de
muerte, en particular en las zonas rurales.
"Me encerraron en una habitación, me golpearon y luego fui amenazada con una
pistola para que firmara mi renuncia", dice uno de los 168 testimonios recogidos
entre 2000 y 2007 por la Asociación de Concejalas de Bolivia (Acobol), que
reivindica el derecho de las mujeres a ejercer una función pública.
En Bolivia existen 327 gobiernos municipales. La legislación electoral exige a
los partidos políticos incluir 30 por ciento de candidatas en sus listas,
mientras que en el caso de las agrupaciones ciudadanas deben contener 50 por
ciento de mujeres.
Esa apertura a la participación no tiene paralelo en los cargos ejecutivos.
Sólo 14 mujeres gobiernan municipios, señaló a IPS la gerente de Acobol, María
Eugenia Rojas.
La preparación de un proyecto de ley contra el acoso y la violencia de género en
política "coloca a Bolivia en una posición de liderazgo en América Latina",
donde las denuncias son frecuentes y las sanciones no existen. Según el texto
que ahora se debate, el acoso político se define como "un acto o conjunto de
actos cometidos por una persona, por sí o a través de terceros, en contra de una
mujer o de su familia, con el propósito de impedir y/o inducir a una acción u
omisión, en el cumplimiento de sus funciones, derechos o deberes, mediante actos
de presión a través de persecución, hostigamiento o amenazas efectuadas por
cualquier medio".
La violencia política está caracterizada como "las acciones y/o conductas
agresivas cometidas por una persona, por sí o a través de terceros, que causen
daño físico, psicológico, o sexual en contra de una mujer y/o de su familia, en
ejercicio de la representación política, para impedir y restringir el ejercicio
de su cargo o inducirla a tomar decisiones en contra de su voluntad, de sus
principios y de la ley".
Las sanciones propuestas contemplan procesos penales, la aplicación de los
reglamentos de las instituciones estatales donde se cometan los actos y las
disposiciones de la legislación sobre partidos políticos, agrupaciones
ciudadanas y pueblos indígenas.
Como ya se ha mencionado, también el acoso político se manifiesta en las
organizaciones, empresas en donde, si los empleados son no partidarios del
gobierno, empleados antiguos, por ejemplo, pertenecientes a otras ideologías,
que de no involucrarse con las actuales están sujetos a acoso, haciéndole la
vida imposible, hasta que son sacados, obligados a renunciar, sin importar los
daños que ello origine a la productividad, logros de la empresa.
Actualmente de acuerdo a las protestas, el sentir de muchos trabajadores
desempleados, exponen que han sido sacados de sus puestos por no compartir con
la ideología de sus jefes, aspecto que no debiera de ser, especialmente cuando
por causas de discrepancias se desperdicia el talento, la experiencia.
Carlos Mora Vanegas
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