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Sin embargo, la doctrina apunta a que la pareja construya “su propio templo”
antes de hacer el amor. Aquél en el cuál pueda manifestar sus sentidos
libremente, con ropa atractiva, libertad de movimientos y con aromas y sabores
que le ayuden a despertar y profundizar el apetito sexual.
Otro elemento importante para el sexo “oriental” es respirar suavemente, hacerlo
por la nariz, relajándose, olvidándose de todo lo que acontece alrededor y de lo
que ha pasado en el día, dejando como único importante el placer de disfrutar el
momento.
Como tercer paso, es necesario liberar el propio cuerpo, queriéndolo y
animándose a mostrar las mejores cualidades del mismo, sin trabas ni complejos,
halagando al compañero.
Para el taoísmo es importante mantener relaciones sexuales continuamente, para
enriquecerse mutuamente en todos los aspectos.
Una vez que finalizó el acto sexual, se recomienda a la pareja no alejarse del
compañero, ya que es un instante de extremada sensibilidad que conviene
compartirse juntos, cuerpo a cuerpo, intercambiando las experiencias positivas
de haber disfrutado el momento.
Para el momento mismo de hacer el amor, el taoísmo propone técnicas para un
mejor y rápido alcance del orgasmo en la mujer y para que el hombre pueda
conseguir retardar la eyaculación esperando satisfacer el placer de la pareja.
Para ello, le enseña al hombre a usar los músculos de la zona pélvica para
mejorar su erección y a apretar con los dedos centrales de la mano el punto
situado entre el escroto y el ano.
La mujer aquí no es protagonista del acto y les enseñan a disfrutar del acto
sexual, fortaleciendo el músculo pubococcígeo. Una de las modalidades consiste
en utilizar un cascabel de plata con un cordel, introducirlo en la vagina y la
mujer tiene que aprender a moverlo, a subiéndolo y a bajándolo. De esta forma,
aprende a tensar y distender sus músculos pélvicos y conocerse en profundidad,
para estar mejor orientada para un posterior amoldamiento del miembro masculino
en su cuerpo.
Para los orientales, el sexo implica una escencia de energía vital, que el
hombre eyacula fuera del cuerpo y la mujer también, pero esta permanece en su
interior. Y como el hombre eyacula siempre hacia fuera, se va despojando de su
vitalidad, lo que hace que se suela quedar dormido. El taoísmo enseña a
prolongar el coito y la eyaculación en el hombre para obtener por medio de la
práctica un mayor placer mutuo.
Es ya de esta época la costumbre de esparcir flores perfumadas por la cama para
entrar en un mejor clima erótico. Así como también, la de incluir alimentos en
afrodisíacos, como frutas chiquitas, miel, chocolate y otros, infaltables para
“saborear” el cuerpo de la pareja.
¡Cómo serán de sabios los orientales, que han logrado una vigencia permanente de
sus técnicas y una vuelta a su adhesión de cada vez más personas, alimentando el
erotismo!.
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