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RELIGIONES Y POLÍTICA (II)

Por Originario Ashima

Se habla siempre aquí de la religión "cristiana" con comillas porque ha sido y así sigue, la capa con que se ha cubierto Occidente ante el mundo para justificar sus fechorías históricas y sus numerosos crímenes hasta nuestros días, en que el presidente de los EEUU dice cumplir una misión encargada por el mismo Dios (sin que ninguna iglesia le desmienta) mientras manda bombardear ciudades que duermen, sin que ninguna iglesia proteste ni organice manifestaciones con obispos al frente.

El Papa habla del silencio de Dios, pero no se preocupa por el silencio de la Iglesia ante los crímenes que cometen en el mundo esos sus amigos que van a rendirle honores en sus audiencias selectivas. Todos guardan silencio sobre el hambre y el dolor que provocan, el cambio climático y todo aquello de lo que son cómplices.

El silencio de Dios no existe en la conciencia de las gentes de buena voluntad. También la religión musulmana ha sido- y sigue siendo para los autócratas multimillonarios del mundo árabe- la capa demoníaca oriental con que se cubren y justifican ante sus súbditos cosas parecidas a las occidentales, en su propio provecho y contra los intereses de sus pueblos siempre sojuzgados por los colonialistas de Occidente y/o por ellos mismos, a veces separados o en alianza: lo que más les convenga. Naturalmente, en este caso en nombre de las enseñanzas de Mahoma desvirtuadas es muy posible lapidar a una mujer violada, o pegada "reglamentariamente" por su marido, privada de voz y voto, obligada a carecer de los derechos de los varones, etc.¿La mujer es un ser peligroso para el alma del varón?

Pero no sólo ellas: también puede ser o condenado a muerte, según las leyes coránicas más estrictas un musulmán varón que abraza otra fe religiosa, como sucede en Afganistán. ¿La apostasía es un crimen que exige la muerte? La iglesia católica así lo creyó durante el tiempo interminable de la Inquisión.Pero si Dios es amor, según se reconoce por todos, ¿cómo se puede comprender la crueldad, hija del fanatismo? ¿Cómo se puede comprender la discriminación por razones de sexo, la intolerancia fanática del pensamiento, la pena de muerte? Nada de eso tiene sentido si no es bajo regímenes fanáticos y demoníacos, da igual que sean orientales que occidentales.

Una cosa es la religión a medida humana y otra es la justicia divina que se basa en las leyes dadas un día por Dios a Moisés y aceptadas por los verdaderos creyentes cristianos o musulmanes, igual que ambos aceptan a Cristo como Profeta iluminado. Cristo es Amor, sin embargo. ¿Cómo entender esto?

En India ha sido también la religión una excelente excusa para mantener un sistema social cerrado de castas y unas concepciones machistas que llevan hasta el extremo salvaje de matar a niñas recién nacidas por el problema que pueda suponer a los padres la futura dote o la falta de ingresos familiares debido a las posibilidades más escasas de trabajo para ellas.

Las ciudades, los suburbios, y los campos de India están repletos de gentes enfermas, hambrientas, muchas abandonadas a su suerte, pero las castas continúan, los gastos en armamento son enormes, y la bomba atómica está esperando su turno. Uno de los países más empobrecidos del mundo pertenece al club atómico de los ricos. ¿De qué ha servido su religión milenaria? Si una religión no cambia las conciencias no sirve para nada. Y de Ghandi no queda ni rastro público. El pueblo indio, al igual que los cristianos con Cristo, ha olvidado sus mensajes.

Sin embargo los místicos de todas las religiones, cualquiera que sea su nombre, siempre practican la igualdad entre los seres, el amor, la paz, la humildad, y en fin la lucha contra la codicia, la envidia, y todos esos defectos del ego que impiden al alma alcanzar la unión con Dios, da igual qué nombre le dé cada uno al Padre común. Ningún místico predica la violencia, ni la desigualdad, ni la exclusión. Para todos ellos la ley Universal es la Ley del Amor. Y todos ellos conocen las persecuciones dentro de su religión.

Lo que demuestra que una cosa es el pensamiento espiritual puro y otra el "aparato religioso"que pervierte ese pensamiento a través de sistemas de poder refinado ejercido por castas sacerdotales convertidas en auténticas inquisidoras de los mejores para acomodarse a los poderes materialistas, a los ricos y poderosos del mundo. Y para ello manipulan el pensamiento espiritual y someten a sus seguidores a través del miedo al más allá, la ignorancia y la represión, la mentira, y el ocultamiento de las verdades sagradas que conviene a sus particulares intereses.

Nunca la riqueza petrolífera o de otro tipo, ha sido objeto exclusivo de la codicia imperialista, sino también de los gobernantes de los países que poseen recursos que venden al mejor postor extranjero. Los gobernantes de los países ricos en recursos se aprovechan de ellos para construir inmensas fortunas y suntuosas mansiones y redes de poder para sojuzgar a sus pueblos, por lo que estos viven en la miseria.

Curiosamente, en esos países también juega la religión el papel social represor y manipulador de la verdad que le corresponde, actuando como ese "opio del pueblo" que denunciaba el pensamiento marxista en el siglo XIX para referirse a las religiones institucionales. Naturalmente, los jefes políticos afirman ser religiosos. Es una vieja tradición histórica desde los faraones el unificar ambos poderes. En esto no hay diferencia entre un rey musulmán que se considere el Primer Creyente y Representante Nato de su religión, y el Vaticano.

Catolicismo e islamismo son dos sistemas con los suficientes elementos en común para comprender cómo algunas de las religiones institucionales pueden influir en la sociedad y contribuir a desviar, someter o adormecer las conciencias y a evitar el progreso real de los pueblos a todos los niveles. Es referencia obligada hablar de esto, porque la Vía que se propugna en este trabajo es precisamente la Vía de la conciencia, la necesidad de evolucionar desde la conciencia individual unida a las leyes de Dios, y no a sus interpretaciones construidas por mediadores religiosos y políticos, para que la sociedad mundial pueda llegar a ser evolucionada y definitivamente libre y pacífica; pacífica y convivencial y no egocéntrica, agresiva y competitiva. Así ha de ser el Reino de Paz anunciado por Cristo.

Un creyente no espera que Dios en el mundo del Más Allá le pregunte sobre qué dogmas, qué ritos o qué ceremonias practicó, o se interese por el nombre de su religión. Los carnés religiosos estimo que no sirven a Nuestro Señor.

El creyente (o la creyente) espera que Dios, en su conciencia, le haga consciente sobre si cumplió o no con el mandamiento sagrado del Amor, con la amplitud que tal mandamiento tiene: tolerancia, respeto, igualdad, unidad, consideración, justicia, hermandad, cooperación, libertad. Y con esta perspectiva resultan ser poderes mucho más difíciles de erradicar aquellos que intentan manipular conciencias que aquellos que manipulan la economía o la política estrictamente.

Puede resultar más peligrosa para el pueblo una asociación político-religiosa-cultural que controle ciertos medios de comunicación y tenga capacidad de arrastrar a masas ignorantes y engañadas, que un diputado radical conservador que gesticule en el Parlamento. Este puede (si es que hay un mínimo de democracia) ser expulsado por los votantes. Mas el conjunto de poderes que forman el sistema nos puede hipotecar el alma, que dura muchísimo más, hasta que descubramos su juego. Por eso tienden hacia el pensamiento único hacia un poder mundial, hacia un gobierno y una religión mundial amparado en una cultura homologada que borre el hecho cultural diferencial de cada región del Planeta.

Naturalmente, no faltan voces disconformes que claman contra los poderes políticos, religiosos, y sus diversos géneros de pensamiento. Entre ellas se encuentran los intelectuales, a los que no puedo dejar de referirme por la inmensa resonancia que tienen algunos y por la enorme deuda que contraen con los lectores a los que influyen negativamente en el proceso de construcción de su pensamiento conduciéndolos a alejarse de la Verdad, que es sustituida en muchas ocasiones por pseudo-verdades, brillantes disertaciones carentes de contenido real, hábiles juegos de ideas para resaltar finalmente la originalidad del autor, que vende un producto en el mercado, y ha de diferenciarse lo suficiente de los demás, ser particularmente atractivo para ser comprado, premiado o reconocido su trabajo o su persona. Son los nuevos sofistas que tanto criticaba Sócrates.
 

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Por Originario Ashima
Publicado Monday 19 de May de 2008 en la Revista opine sección reflexionar



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