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Los estados o síndromes depresivos constituyen el núcleo más importantes de
lo que se denomina “Trastornos de la Afectividad”. Resulta bastante complejo
definir la depresión en sí misma, ya que muchas personas confunden tristeza con
depresión.
“La depresión es el resfriado común de la Psicopatología.” Seligman
Antes se creía que sólo las mujeres sufrían de depresión. Se ha comprobado que
afecta a ambos sexos y en todas las edades. Ocurre que a veces es más difícil de
diagnosticar en el hombre por su tendencia a ser más reservado.
“La tristeza”, es una reacción normal frente a ciertas situaciones de la vida,
no implica estar deprimido y es pasajera. Se la definido como: “pequeños valles
en los que cualquiera cae alguna vez”. La tristeza se supera trabajando desde
“la voluntad y la autodisciplina”, ambas están ausentes en la depresión.
“La depresión”, es duradera y puede ir o no acompañada de tristeza.
Debemos distinguir entre “sensaciones de depresión” que pueden aparecer
frente a situaciones límites como la muerte, separaciones, pérdidas afectivas,
etc., o bien el “humor deprimido” que se presenta frente a situaciones de
desesperanza y se prolonga un tiempo sin instalarse como una depresión total.
En la depresión se manifiesta “la falta de voluntad”, “la falta de control
sobre uno mismo”.
“La incomprensión” o sea el no poder comprender y aceptar lo que ocurre en
el mundo, en nuestro entorno, lleva a la persona con tendencias depresivas al
“aislamiento”.
La depresión, es un estado disfórico. En una primera instancia la persona suele
decir: “Estoy triste...” Esta tristeza suele coincidir con alguna situación
externa que nos permite asociarla a ella (muerte, separación, etc.), pero con el
tiempo la persona se torna callada, apática, retraída, suele caminar lentamente,
habla poco o nada, otras veces habla mucho para encubrir la situación; no puede
continuar una tarea (sea el trabajo o lo que se dedique a hacer); su rostro es
inexpresivo; suele tener trastornos sexuales, desgano y desinterés.
La depresión en general es cíclica. Hay períodos muy marcados en los que se
observa este cuadro y otros en que la persona parece totalmente sana. Lo que
toda persona depresiva presenta es:
desesperanza
falta de fe (en uno mismo, en el mundo, en Dios)
incapacidad de decisión
apatía por todo
La depresión responde tanto a componentes emocionales como biológicos. Creo que
la teoría biológica es la que mejor nos permite comprender esta sintomatología,
que se podría sintetizar del siguiente modo:
“ Trastornos biológicos a nivel de los receptores de los neurotransmisores de la
sinapsis serían los responsables de la depresión.”
Se ha comprobado que los cuadros depresivos están íntimamente relacionados con
alteraciones a nivel de los neurotransmisores, sobretodo con un bajo nivel de
serotonina. La serotonina es un neurotransmisor que facilita el estado de
relajación, el bienestar general, produce satisfacción, saciedad, ayuda a
conciliar el sueño y libera sustancias calmantes al cerebro. Una buena cantidad
de serotonina impide la angustia, la ansiedad, nos permite tolerar mejor el
dolor y evita los estados depresivos.
Todas las enfermedades parten del alma y terminan lesionando el físico cuando no
nos damos cuenta de su presencia. Pero lo real es que cada uno deposita la
enfermedad donde puede y no donde quiere. Quien padece depresión tiene muchas
más posibilidades de enfermarse y quien se ha enfermado físicamente puede más
fácilmente caer en una depresión.
En general la persona depresiva empieza el día sin ganas de levantarse de la
cama, dado que a su falta de fuerzas se suma el haber dormido mal o el haberse
despertado a la madrugada (insomnio). Esto hace que se sienta mal por la mañana
y comience a estar mejor en la medida que avanza el día.
Tanto como le afecta el día y la noche, también sufre las influencias
climáticas. Sobretodo dos estaciones como son el otoño y el invierno, en las
cuales el día comienza a acortarse. Bien se ha dicho desde tiempos remotos
“donde entra el sol no entra el médico”.
En las partes del planeta en donde en ciertas estaciones las noches son
excesivamente largas (por ejemplo el sur de nuestro país), aumentan los cuadros
depresivos.
Se ha comprobado que en las familias donde existe una persona depresiva, los
hijos corren el riesgo de padecer alguna forma de enfermedad depresiva que puede
verse agravada en hogares disfuncionales.
La depresión debe ser encarada desde un enfoque global. O sea tanto desde lo
físico como lo mental y emocional. No caben dudas de la presencia de factores
genéticos que predisponen a su manifestación o sea lo que llamamos: diátesis.
Pero más allá de ello está en cada uno de nosotros el alentarla o trabajar para
revertirla.
Al conocer el mecanismo biológico que se da en el organismo se puede trabajar
para mejorarlo. La medicina convencional suele recurrir a los psicofármacos que
proveen al cuerpo de aquello que carece, pero como ocurre siempre con todo lo
ajeno al organismo, puede ayudarnos en ciertos aspectos pero siempre conlleva a
efectos secundarios.
La Madre Naturaleza nos ofrece productos naturales para revertir y sostener esta
situación. Me refiero a una hierba antidepresiva por excelencia: “El Hipericón o
Hierba de San Juan”.
Dejo para una próxima entrega sus virtudes y el modo de utilización por la
importancia que merece.
¡ Hasta la próxima!
Silvana Ridner
http://www.silvanaridner.com.ar
Esta nota es la síntesis de un cuadernillo llamado. “La Depresión, los
Neurotransmisores y Las Endorfinas” de Silvana Ridner que se puede adquirir en
La Casa de Silvana.
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