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Reglas claras para los hijos (propios y ajenos) 2-2

Por EnPlenitud.com
En la medida de lo posible, las reglas de convivencia deben ser consensuadas, esto es aceptadas, comprendidas e internalizadas por la mayor cantidad de miembros de la familia.

Si el chico se desenvuelve en dos hogares, es fundamental asegurarse de que las reglas sean válidas para ambos y se cumplan en todo momento con supervisión de uno de los padres.

Aunque, claro, quizás exista un número de reglas que deban ser distintas para cada chico, si éste vive situaciones diferentes.

Por ejemplo, no habrá problemas en que monte su bicicleta si cuenta con el espacio para hacerlo en uno de sus hogares. Pero si su otro padre vive en un barrio peligroso, el tema estará completamente prohibido y fuera de discusión.

También intente ser claro en estos aspectos, para no hacer que el chico se sienta “protegido” por un padre y “castigado” por el otro.

No está de más, siempre tratando de no ser demasiado antipático ni chocante, escribir las reglas de la casa, para no enfrascarse en discusiones evitables con un poco de previsión.

Si hay un documento escrito del que sus hijos tienen conocimiento, es probable que el número de conflictos y malos entendidos disminuya.

Como se sabe, las reglas se hicieron para romperse. Por eso, cuando se le impone un castigo a los chicos, es fundamental consensuarlo entre ambos padres.

Esto no hace solamente a lo justo del castigo, sino a tener la certeza de que su cumplimiento será supervisado por cualquiera de los dos.

Siguiendo con este tema, también se deberá ser tolerante con el otro padre en caso de que decida “hacer la vista gorda” en alguna oportunidad. Las excepciones también existen, y siempre que sean justificadas (y no se repitan constantemente) se deberá aceptarlas.

Es más, estos eventos servirán para aprender en qué ocasiones conviene dar un poco el brazo a torcer. Y para darse cuenta de que lo corriente será que, a medida que los hijos crecen, las reglas cambien.

Esto es lógica pura. No hay que tenerle miedo a este tipo de procesos, más bien todo lo contrario. Un adulto responsable debe encararlos teniendo como premisas los dos elementos ya mencionados: comunicación y cooperación.

Pero, claro, no todo es color de rosa. Muchas serán las ocasiones en que ambos padres no se pongan de acuerdo en la conveniencia de alguna de las famosas reglas.

Esto es normal: tampoco es bueno ser demasiado rígido ni basar la relación con los hijos en un conjunto de reglas inamovibles e inquebrantables.

Lo que sí es fundamental es comprometerse profundamente en la educación de los propios hijos, y entender que las reglas que se les impongan, sean éstas pocas o muchas, están hechas con la mejor de las intenciones hacia ellos.

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Cortesía de EnPlenitud.com
Publicado Thursday 19 de June de 2008



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