Sexualidad


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El concepto de sexualidad humana desde una perspectiva 2-3

Por Lic. Verónica Kenigstein

Pero vayamos por partes. Como decíamos al inicio, el cuerpo humano está anatómica y fisiológicamente conformado de cierta manera que hace que una persona, de acuerdo con algunas de sus características físicas pueda ser descrito como de sexo masculino o femenino. Los órganos sexuales y la cantidad de hormonas presentes en el organismo determinan el fenotipo. Y cada uno de estos cuerpos tiene una respuesta fisiológica ante ciertos estímulos.

La medicina, desde sus distintas especialidades (la ginecología, urología, endocrinología, neurología, etc.), se ha encargado de estudiar el funcionamiento del organismo humano y cada cuerpo, dependiendo de los órganos que posea, generará ciertas reacciones. Masters & Johnson señalan que “la respuesta fisiológica básica del organismo humano a la estimulación sexual es doble: una reacción primaria, consistente en una extensa vasocongestión, y una secundaria, que reside en un aumento generalizado de la tensión muscular” (1967, pág. 7). Cada cuerpo, entonces, tendrá una respuesta que viene dada por la biología. Cabe destacar aquí también, sin embargo, las diferencias que existen entre las respuestas (en intensidad, duración y otros factores) de distintos individuos, que dependen de sus propias características.

Pero entonces (simultáneamente) interviene el factor psicológico. La presencia de emociones, sentimientos, las variables psíquicas, las creencias sobre el sí mismo condicionan el surgimiento de las reacciones fisiológicas y de distintos comportamientos y adopción de roles. Las conductas son diferentes en cada persona, dependiendo de sus características individuales.

Estas creencias, los elementos cognitivos que se van conformando a medida que se produce el proceso de aprendizaje y socialización, provienen de la educación que cada niña o niño recibe de sus distintos ámbitos (primarios y secundarios) de influencia: sus padres, sus hermanos, su familia extendida, sus maestros, los medios de comunicación, sus pares.

En este proceso, cambiante a lo largo de la historia y distinto en las diferentes culturas humanas, intervienen aquellos factores que suelen ser estudiados por disciplinas como la sociología y la antropología (cómo actúan en su interrelación los miembros de determinados grupos sociales), la teología (la relación entre los seres humanos y la divinidad, así como el conocimiento espiritual), entre otras. Es en el ámbito de lo social, precisamente, donde empieza a desvirtuarse la “naturalidad” del proceso sexual en el humano.

Cada cultura va construyendo, sobre la base de creencias, mitos, descubrimientos científicos, influencias de grupos dominantes, entre otros factores, una concepción propia de la sexualidad. Se creen y hacen cosas distintas con respecto al comportamiento, identidad y roles de género en Suecia que en una tribu africana.

Incluso en distintos momentos de la historia, en un mismo lugar,la aproximación a la sexualidad varía de modo dramático. Helmut Kentler, por ejemplo, en su prólogo para un libro de educación sexual infantil (Fleishchauer-Hardt, 1979) comenta la evolución (y usamos el término “evolución” no el sentido de mejoramiento paulatino sino de desarrollo temporal) de la aproximación a la sexualidad en Europa Central hasta el siglo XVII y cómo fue cambiando esta postura hacia el siglo XVIII.

Habla este autor de la libertad que se experimentaba en la relación tanto de niños como de adolescentes y adultos con los usos y costumbres sexuales, comentando la naturalidad (por ejemplo) del hecho de que “padres y nodrizas masturbaran a los niños pequeños para mantenerlos tranquilos” (pág. 5). A comienzos del siglo XVIII comenzaron a surgir limitaciones y tabúes, primero por parte de los médicos y luego por parte del clero, que condicionaron y limitaron cada vez más la vivencia sexual de los miembros de la sociedad.

Es importante señalar también, como parte de la historia universal y como aporte muy valioso al conocimiento y construcción de la sexualidad humana, los milenarios textos que, procedentes de la cultura oriental (los hindúes con el Tantra y los chinos con el Tao, entre otros), nos dan fe de una manera diferente de aproximarse a la vivencia de la sexualidad de aquella a la que estamos acostumbrados actualmente en nuestra cultura occidental.

Estas culturas relacionan la práctica sexual no solamente con longevidad, bienestar y salud integral y equilibrio energético general, sino también con la posibilidad de armonía interior, de relación consigo mismo y con el otro y en general con el universo y todas las manifestaciones de vida. Tanto el Tantra como el Taoísmo establecen un vínculo muy directo entre sexualidad y espiritualidad y describen las relaciones sexuales (entre otras riquezas) como una forma de trascendencia y como una experiencia conducente a la elevación de los niveles de conciencia. (continua...)

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Por Lic. Verónica Kenigstein
Publicado Monday 9 de June de 2008 en la Revista sexualidad sección mas



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