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La sexualidad humana puede ser abordada desde distintas perspectivas, porque
como cualquier estudio que describa características de los seres humanos es, por
definición, multifactorial e interdisciplinario. Las personas somos seres
biológicos, psicológicos, sociales, espirituales.
Todas estas definiciones que hacen al ser humano tienen a su vez posibilidades
de ser analizadas desde un estudio de lo orgánico (desde los aportes que hacen
la medicina, en sus distintas especialidades, y la etología como la
sistematización de la conducta animal); de lo emocional, psíquico y cognitivo
(enfocados desde la psicología); de las respuestas culturales y de afiliación o
adaptación social, (estudiados por la sociología, la antropología cultural, la
filosofía) y de la caracterización del ser humano como ente espiritual (desde la
teología u otras ciencias o disciplinas que se ocupan de la espiritualidad)
entre muchas otras que describen el desarrollo humano.
A lo largo de la historia de la humanidad ha cambiado mucho la concepción de la
sexualidad humana. El enfoque ha variado fundamentalmente desde la perspectiva
social, de acuerdo con la aceptación o no que cada cultura tiene de la
aproximación que cada persona tiene (o “debe tener”, según los cánones
socialmente aceptados) hacia su propia sexualidad.
Como seres humanos, y como parte del reino animal, existe una condición
biológica predeterminada genéticamente que tiene consecuencias desde el punto de
vista físico o, mejor dicho, de características fenotípicas. Con algunas raras
excepciones (los andróginos, por ejemplo), las personas nacemos con una
distribución de cromosomas que implican que nuestro cuerpo físico tenga ciertas
características, biológicamente asociadas a la combinación cromosómica que viene
dada. Esta predeterminación, sin embargo, no implica la definición del
comportamiento sexual, fundamentalmente en la relación con los otros miembros de
la especie.
En esta relación comienzan a integrarse, justamente por la complejidad de la
naturaleza humana, elementos propios de la emocionalidad, de las relaciones
intra e interpsíquicas (consigo mismo y con los otros), y factores cognitivos
que en términos generales provienen del proceso de socialización y aculturación.
Diversos autores han estudiado las características biológicas de sujetos de sexo
femenino y masculino, para determinar si existen diferencias adicionales a las
específicamente reproductivas que pre-definan disparidades en el comportamiento,
o de potencial de desarrollo en distintas áreas y sólo se han encontrado algunas
variaciones en ciertas características del cerebro que no suponen mayores
consecuencias; por ejemplo, el hecho de que “los hombres tienen una tendencia a
focalizar, mientras que las mujeres tienden naturalmente a una visión más
englobadora y generalizada de las cosas que les rodean” (Alvarez-Gayou, 1999, p.
1). (continua...)
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Cortesía de Lic. Verónica KenigsteinNube de Tags
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