Sexualidad


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El concepto de sexualidad humana desde una perspectiva 3-3

Por Lic. Verónica Kenigstein

En distintos momentos de la historia de la humanidad (situación que ha sido intermitente en sus carácterísticas) se ha relacionado la sexualidad con dos de sus objetivos principales: la reproducción y el placer. Para fines reproductivos, hasta ahora se había necesitado (y hablamos en pasado por la posibilidad presente de la reproducción asexuada a través de la clonación) la concurrencia de una mujer y un hombre (un sujeto de género femenino y otro del sexo –biológico– masculino) para que se produzca la fusión del óvulo y el espermatozoide, como células primarias que generan un nuevo ser.

Sin embargo, desde el punto de vista del placer, la situación no es tan sencilla. No hay (de acuerdo con las evidencias de la existencia de personas con identidades sexuales distintas a la bipolaridad “socialmente concebida” – conformada en realidad por una serie de estereotipos– entre hombre-mujer) determinismos que obliguen la aparición de una determinada respuesta sexual no sólo fisiológica sino placentera ante un estímulo ofrecido por un miembro de un género o de otro.

Ha surgido recientemente, en el ámbito de la sexología, el concepto de género que es mucho más abarcativo que el de sexo biológico. Dicen Mazur y Money (cit. por Álvarez-Gayou): “el género trasciende el sexo genital para incluir aspectos del dimorfismo masculino y femenino, incluye el comportamiento y no pertenece directamente a los órganos reproductivos ni se relaciona con los procesos eróticos y reproductivos en sí”.

Hay algunos grupos de personas que tienen una vivencia psicológica de su sexualidad distinta a la que la cultura considera tradicional, dentro de los estereotipos de lo femenino y lo masculino. Son hombres y mujeres que tienen un sexo biológico determinado, pero sienten internamente que esta caracterización externa no se corresponde con su sensación: algunos que se sienten atraídos sexualmente por personas de su mismo género; quienes se perciben interiormente como pertenecientes al otro sexo; otros a quienes les gusta vestirse y arreglarse de forma diferente a como habitualmente se viste una persona de su género (hombres que se visten de mujer y viceversa), entre otras diferencias.

Los prejuicios presentes en muchas sociedades condicionan la aproximación a la sexualidad, llevándola únicamente a su dimensión reproductiva y eliminando las posibilidades de disfrute que ella naturalmente proporciona (y aquí usamos conscientemente la palabra natural, porque está en la naturaleza humana la búsqueda instintiva del placer). Además, probablemente por temores inconscientes o negados o por otras razones que se racionalizan para justificar la actitud, en los grupos humanos, al menos en las sociedades occidentales, se rechaza la diferencia. Cualquier persona que sea diferente, suele ser rechazada sólo por esa razón. Y esto ocurre con mayor intensidad en el ámbito sexual, que en nuestras sociedades occidentales actualmente suele ser considerado un tabú.

Cada cultura va determinando conductas socialmente aceptadas o censuradas, comportamientos que se van encasillando en estereotipos de “sano” o “enfermo”, apropiado o inapropiado. ¿Apropiado para quién? Si partimos de la consigna filosófica de que una de las características que nos hacen humanos (diferenciándonos de las otras especies animales) es la libertad de conciencia, aunada al respeto por las necesidades propias y del prójimo en aras de la convivencia pacífica, si a una persona su conducta le hace feliz, mientras no irrespete a otro, es apropiada para él o ella.

Hemos visto entonces que la sexualidad humana es un concepto complejo, dependiente de numerosas y distintas variables, tanto internas como externas. Tiene que ver con la autopercepción, con la definición de la propia identidad, con respuestas biológicas y psicológicas, con los constructos psicosociales que se van modelando de acuerdo con la vivencia dentro de la cultura y de valores éticos individuales y grupales. Cada individuo en el universo es diferente y tiene derecho a ser diferente, tiene derecho a proteger su propia individualidad.

Resulta doloroso saber que aún hay países (sin ir más lejos se puede mirar alrededor, en la propia comunidad) en los cuales se ejerce violencia (tanto física, como sexual, emocional, de explotación, de indiferencia, discriminación de todo tipo y hasta se cometen asesinatos) contra algunas personas, solamente porque son diferentes desde el punto de vista de su identidad sexual.

Esto únicamente podrá ser modificado cuando las personas reciban, desde pequeñas, educación para la tolerancia ante la diferencia, para la aceptación de lo natural del sexo y la conciencia del placer y bienestar vital que éste produce. En todo caso, uno de los criterios que consideramos válido para la aceptación de la identidad sexual individual se relaciona con el respeto por la necesidad e individualidad del prójimo y la evitación por todos los medios de la violencia de cualquier índole.

Necesitamos construir y la violencia sólo destruye. El elemento constructor por excelencia se llama amor. Y el amor, según la propuesta de Erich Fromm (1970) incluye cuatro componentes básicos: cuidado, responsabilidad, conocimiento y respeto. Al logro de este objetivo, la educación para el amor y para el placer de la mayor parte de los miembros de nuestra sociedad (creemos) debemos dirigir nuestros esfuerzos profesionales. Por suerte tenemos conciencia.

Referencias bibliográficas
- Álvarez-Gayou Jurgenson, Juan Luis: La sexualidad humana como construcción multidisciplinar. Transvestismo, agenerismo, transgenerismo y transexualismo. Texto contenido en el Master de Educación Sexual, Nivel I, Univ. de la Laguna, Tenerife, 1999.
- Chang, Jolan: El Tao del amor y del sexo. Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1980.
- Fleischhauer-Hardt, Helga: ¡A ver! Lóguez Ediciones, Salamanca, 1979.
- Fromm, Erich: El arte de amar. Edit. Paidós, Buenos Aires, 1970.
- Kama Sutra. Ediciones 29, Barcelona, 2ª edición, 1977.
- Masters, William H. y Johnson, Virginia E.: Respuesta sexual humana, Intermédica Editorial, Buenos Aires, 1967.

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Por Lic. Verónica Kenigstein
Publicado Monday 9 de June de 2008 en la Revista sexualidad sección mas



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