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"No tengo un recuerdo que no se vincule a la música; lo único que he hecho ha
sido tocar, tocar y tocar"
Su mejor composición -en dueto- nació hace cuatro meses, mientras cocinaba sus
nuevas melodías en el Hot Wok. Sopla vientos de jazz, blues y rock. Y los
comparte desde hace quince años con sus alumnos. Su saxo es un traductor de
vida, una boca con acento de melodía
Romo en lo más alto de la Escuela de Música Luis Aramburu.
FOTO: JAIZKI FONTANEDA
DAVID MANGANA
¿Qué le llevó a soplar el saxo?
Mi padre era acordeonista. Tocaba en verbenas, por los pueblos de Álava. De ahí nos viene a mi hermana y a mí el rollo de la música. Los dos empezamos a tocar el acordeón -de todo se aprende-, pero yo tenía en la cabeza el saxo y con once años me pasé. Hay gente que empieza más pronto, pero considero que es una buena edad para tocar un instrumento de viento, por el rollo físico.
¿Le gustaba el instrumento en sí, el sonido?
Todo. El sonido, el ambiente del instrumento, porque siempre relacionas el saxofón con ambiente de concierto con muchas luces, humo...
¿Empezó en el conservatorio?
En el de Vitoria, en el de Pamplona. He estudiado también en Madrid. He dado clases con Andrzej Olejniczak. Y estuve un par de años en Boston. He dado bastantes vueltas, para bien, es interesante estar con muchos profesores diferentes. De todos aprendes algo. La gente piensa a qué se quiere dedicar, o lo que mejor le va a resultar en la vida... Yo no tengo un recuerdo que no sea vinculado a la música. Sin proponérmelo, lo único que he hecho ha sido tocar, tocar y tocar.
Berklee sería una experiencia especial, saltando el charco, una escuela de prestigio...
Llevaba dando clase unos cuantos años en la escuela. Iba los viernes a Madrid, estaba acostumbrado a luchar por aprender. Me dieron una beca en Barcelona, conseguí otras ayudas... Ir a estudiar a Estados Unidos, o tienes padres muy ricos -no es el caso- o muchas ayudas. Vi que podía hacerlo y tiré adelante. Ir a estudiar lejos de casa es interesante. Aprendes a sacarte las castañas del fuego, también en lo musical. Allí estuve haciendo música latina. Vas a aprender jazz y terminas tocando en un local de salsa, con músicos latinos, como si fuera La Habana. Gente mayor, con mucha experiencia.
¿Y su experiencia en grupos?
He pasado por un montón. Y en todos haces amigos para toda la vida. Y compañeros. En Ortophonk había parte de Boogaloos. En El quinteto de la muerte hay parte de Ortophonk. Hay parte de El quinteto de la muerte en Hot wok. Conoces gente nueva y esa gente te ayuda a hacer grupos diferentes. El problema es que se crean muchos, pero para dejar poso necesitan un tiempo. Montamos un grupo, Funky Dealers, e hicimos un solo bolo, en Helldorado. Era un repertorio muy guapo, pero justo Iñigo Ortiz de Zarate se iba a Barcelona. Ese grupo que sonaba increíble hizo sólo un bolo. ¿De ese quién se acuerda? Nadie. Y de esos hay muchos.
La agenda es el principal enemigo...
Hay que acostumbrarse a que, en cualquier momento, un músico se puede marchar, puede cambiar de ciudad. Hay que vivir con ello.
Muchos músicos tocan su instrumento en varios grupos, ¿es por una extrema inquietud o porque con uno solo no da para vivir?
No conozco a nadie, quitando a los grupos que tienen un manager, una discográfica detrás, que funcione él mismo. Se ve muy bien en myspace. Te metes en un grupo y ves que el bajista es de otro, te metes en ese otro y el guitarrista es de otro. Yo ahora mismo estoy con El quinteto de la muerte, Coctel y Hot wok.
Así da salida a los gustos, porque condicionarse a un único estilo...
Nos arrastra un estilo general, condicionado por el instrumento. Por ejemplo yo, hacer punk, aunque me guste, va a ser complicado. Lo interesante con Hot wok es que somos tres instrumentos de viento y una batería y, en principio, lo que más se te ocurre es que vamos a hacer Nueva Orleans , pero tenemos algún tema que nos ha salido casi hard-rock, heavy. Tenemos un pedal que dispara voces. Otro que funciona por el ataque del grupo. Con este tipo de pedales, igual empieza un tema y no hay guitarra en el grupo, pero estás escuchando algo que se le parece. Igual es un saxo haciendo voces. Le da otro rollo.
¿De dónde surgió esta filosofía?
Hace tiempo vi en Barcelona, en el Jamboree, al saxofonista Seamus Blake con el batería Jordi Rossi, en una formación de batería, bajo y dos saxos tenores. Tenían un montón de pedales y yo flipé. Parece que se me quedó en el subconsciente y, se sumó a la influencia de la Dirty Dozen Brass Band, típica banda de Nueva Orleans, pero con un poco más de funky. Y más que lo que tú quieres, lo que provoca que hagas algo es que haya músicos que quieran hacer eso contigo. Si en Vitoria no estuviera Jonko, que es el tuba, este grupo nunca hubiera existido. Al final, las ciudades entre pequeñas y medianas es lo que tienen. Lo que sale es fruto de lo que hay. Por eso los grupos están formados más o menos por los mismos músicos.
¿Ha sido complicado sacar ese concepto hasta una realidad musical?
Muchas veces en los grupos se habla mucho y se toca poco. En este grupo lo que hemos hecho es tocar y, de repente, iban saliendo temas. Es un desahogo, porque muchas veces te pones a tocar y no salen cosas. O salen cosas que no van a ninguna parte. Si has grabado un ensayo y de ahí puedes sacar dos temas da un gusto terrible.
Ahora el grupo se estrena el próximo domingo (20.00 horas) en el Jardín de Falerina, luego en Jazzaharrean y en el Festival de Jazz...
Este año al final no va a poder ser en el Festival de Jazz, pero Iñaki Añúa cuenta con nosotros para el que viene. En Jazzaharrean tocamos el primer día. Tocamos en Falerina en la presentación del grupo, luego el día 1 en un festival de jazz y luego el 26 de julio en un festival de rock, con Su Ta Gar y Boikot (Lantarock). Para que veas que le pegamos a todo. Todo es cuestión de volumen, como solemos decir.
Ortophonk ha sido un grupo en el que ha estado muchos años, ¿qué poso le ha dejado?
Una parte de lo que soy es lo que he vivido en Ortophonk. Han sido años increíbles a nivel personal y musical. Mucho de lo que sé es gracias al grupo. Hemos estado en sitios que con cualquier otro grupo no hubiéramos estado nunca. Metiendo la cuña de prensa rosa (risas), Say-Chin Yeoh (teclados), que es mi mujer, estaba también dentro del grupo y decidimos que ya era hora de tener un hijo.
No se puede compaginar...
Ortophonk era uno de los grupos a los que, con todo el dolor de nuestro corazón, teníamos que decir que no, porque -afortunadamente- empezaban a salir bolos en el extranjero, y creíamos que no era compatible. Y ahora lo hemos visto, no es compatible. Ortophonk está encaminado, empieza a ser conocido y en esta nueva etapa les va a ir fenomenal.
Quince años de profesor, ¿qué es lo que encuentra dando clases?
Parece un tópico que los profesores den gracias a los alumnos por lo que han aprendido, pero es que es cierto que enseñar algo hace que tú lo aprendas mejor, que lo descubras desde otra perspectiva. En estos años he aprendido mucho intentando enseñar lo que sabía. En cuanto a cómo compaginarlo, muchas veces el hecho de dar clases parece un freno para la interpretación, para tocar. Pero yo le doy la vuelta y lo considero una suerte. Dar clase me permite hacer cosas como Hot wok, o como en su día Ortophonk. Me permite tocar en grupos que a priori no dan dinero, pero que musicalmente te enriquecen. Si yo no estuviera dando clases, ahora mismo estaría tocando para algún cantautor. Cualquier instrumentista se arriesga, si vive sólo de tocar, a tocar cosas que igual no le apetecen. Dar clase te permite hacer otras cosas. Que quiero montar un grupo punky... lo monto. Es una suerte poder hacer lo que quieres en cada momento, que es realmente lo que he hecho durante toda mi vida.
Algún secreto, alguna frase que repita año a año a sus alumnos, ¿o 'sólo' es cuestión de trabajo?
Vienen los padres y te preguntan "¿mi hijo vale?, ¿le va a gustar?". Esto es como cualquier cosa en la vida. El resultado es directamente proporcional al tiempo que le dediques. La gente no se da cuenta de que para ser muy bueno en maratón tienes que correr muchísimo y para tocar bien un instrumento tienes que dedicarle mucho tiempo. Y es imprescindible la pasión. Que los niños a los que les gusta la música vengan a la escuela, que no traigan a la escuela a los niños para que les guste la música. Muchas veces los padres les apuntan y lo que hacen es aborrecerla. No tiene sentido. Si a mí no me gusta correr, para qué me apuntas a atletismo. Si me gusta la cerámica, coño, apúntame a cerámica.
Puede huir corriendo de la clase de atletismo...
Sí (risas). Desgraciadamente hay mucho de eso. Muchas veces mandan a los hijos porque a los que realmente les gusta la música es a ellos. Sí a ti no te gusta la música y al que le gusta es a tu padre, dile a él que se apunte. Hace quince años, el que quería estudiar música o era joven e iba al conservatorio o era mayor y se pagaba una pasta en clases particulares. Pero hoy en día están las escuelas de música municipales, que permiten una enseñanza de calidad a cualquiera. A uno que tiene cuarenta años y su ilusión es tocar la guitarra...
A su peque la gustará la música, con dos aitas músicos...
Siempre nos lo habíamos preguntado. Padre y madre músicos, ¿qué vamos a hacer? ¿Le vamos a apuntar a música? Y ahora que ya lo tenemos, la verdad es que no nos preocupa tanto esa decisión.
El ambiente musical en Vitoria parece en plena forma...
Los músicos tenemos fama de quejarnos mucho, pero teniendo en cuenta cómo estaban las cosas hace diez años y cómo están ahora, y la pinta que tiene para el futuro, la verdad es que nunca han estado mejor. A nivel de tocar y de que hay más músicos, no a nivel de las discográficas, que me importa poco. Al 95% de los músicos que no se gana la vida vendiendo discos...
...lo que le interesa es tocar...
Sí. En Vitoria creo que ahora es el mejor momento. Hace diez años, era impensable que dos semanas antes del Festival de Jazz hubiera en el Casco Viejo un Jazzaharrean. O, rompiendo una lanza por las instituciones, que siempre cargamos con ellos porque es muy fácil, el programa Vital por Álava, que lleva muchos años y es sinceramente, muchas veces, la razón de que muchos grupos no desaparezcan. Tienen muchos conciertos por pueblos que, muchas veces, a su vez, les dan otros conciertos. Es justo, además de felicitar a los garitos que se preocupan a nivel privado y arriesgan su dinero, agradecer que las instituciones se acuerden.
Y que lo mantegan...
Esto pasa ahora con las salas. ¿Qué es mejor? ¿Hacer un concierto cada semana de un dúo, porque no me da más que para pagar 200 euros o hacer dos conciertos al mes con grupos potentes, que se entere todo el mundo y que se llene la sala? Eso da pie a crear clientela que sabe que en ese sitio se hacen conciertos. Pasaba mucho en Madrid. Ibas a un sitio y un cantautor dando la chapa, ibas a otro y un dúo siempre dando la chapa. Igual no tienes que hacer tantos conciertos, igual tienes que hacer menos y ganas más publicidad.
Ofrecer algo especial, no música en directo por el hecho de que lo sea...
Y todos el mismo día. Antes el Central, ahora el Molly Malone, había conciertos los domingos y estaba siempre a reventar. El domingo es un día en que la gente no sabe qué hacer, todo está cerrado, no sabe dónde ir. En cambio, un jueves coges la agenda y en una ciudad de doscientos y poco mil, igual hay siete conciertos. ¿Cómo es posible?
¿Y cómo son posibles las 'pintxo jam sessions', en El Cairo?
Es la niña bonita. Cada vez estamos más contentos. Nunca he tocado en un concierto en que todo salga perfecto, siempre hay algún error. Y en las pintxo jam esos errores están dentro de lo previsible. Y la gente que va lo sabe. A veces es un desastre y nos reímos todos y otras salen cosas mágicas. Cuando veo en la tele esos documentales en los que salen dando vueltas a un fuego, un rito tribal, con tambores, muchas veces lo comparo con las pintxo jam . Es como un viaje. Empiezas por un sitio, el batería hace un ritmo... Se me están poniendo los pelos de punta. Pasan cosas increíbles.
Un sueño para el futuro...
Otro hijo (risas). No, de momento no, esta noche no he dormido nada. Igual el sueño es el que tengo desde siempre. Pasarlo bien tocando, que no siempre sucede. Coincidir con músicos que están en tu misma onda musical, a los que les gusta lo que a tí, no es fácil. En este momento, la verdad es que eso sí me pasa.
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Cortesía de Raul RomoNube de Tags
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