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Crisis mundial de alimentos: Compañías millonarias, hambrientos por millones
Por EcoPortal.net
Datos publicados por el investigador Shawn Hattingh, en la revista mensual
MRzine bajo el título “Liberación de Alimentos, Comercio de la Muerte”, ofrecen
elementos sumamente elocuentes sobre este multimillonario negocio, al reflejar
las ganancias obtenidas en los tres primeros meses de 2008 por varias
transnacionales.
Diversas causas han influido en los últimos tiempos para desatar una crisis
mundial de alimentos que afecta aún más a los 854 millones de hambrientos y a
otros 3 000 millones de personas que sobreviven en el orbe con solo dos dólares
diarios de ingresos y deben gastar el 80% de sus insuficientes entradas en
adquirir esos productos. Cada 24 horas mueren por hambre y desnutrición 18.000
niños.
En un planeta donde se producen alimentos suficientes para sus 6 000 millones de
habitantes, resulta contradictorio que los precios del maíz, arroz, trigo,
leche, aceites comestibles, frutas y verduras, por citar algunos, se hayan
duplicado en los últimos 20 meses.
Cifras aportadas por organismos internacionales sostienen que desde 1961 la
producción mundial de cereales se triplicó y las reservas siguen estando muy por
encima de la demanda, mientras que la población solo se duplicó. En 2007 las
cosechas cerealeras superaron los 2 350 millones de toneladas lo que significó
un aumento del 4% en relación con 2006.
Un estudio de la FAO determinó en 2005 que en el mundo se produce suficiente
alimento como para suministrar más de 2800 calorías por día a todos sus
habitantes, que representan el mínimo necesario para una buena salud general.
Estos datos se hacen efectivos pese al aumento de la población global. Es decir,
el informe no echa la culpa al aumento del consumo alimentario en países
emergentes como India o China como afirman los países occidentales.
Los altos precios han provocado que en numerosas ciudades del orbe se realicen
manifestaciones multitudinarias de protesta como las ocurridas en Haití, Egipto,
India, Paquistán, Somalia, Senegal, Mozambique, Burkina Faso, Camerún, Costa de
Marfil, Mauritania, Filipinas, Yemen, Guinea, Indonesia, Bolivia, Etiopía y
Bangladesh.
El vice primer ministro de Cuba, José Ramón Machado Ventura, jefe de la
delegación de la Isla a la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, efectuada
recientemente en Roma, denunció las causales generales de la crisis.
“Los países del Norte tienen una indiscutible responsabilidad en el hambre y la
desnutrición de 854 millones de personas. Ellos impusieron la liberación
comercial entre actores claramente desiguales y las recetas financieras de
ajuste estructural. Provocaron la ruina de muchos pequeños productores en el Sur
y convirtieron en importadores netos de alimentos a países que antes se
autoabastecían e, incluso, exportaban.
“Los gobiernos de los países desarrollados se niegan a eliminar los subsidios
agrícolas, mientras imponen sus reglas al comercio internacional. Sus voraces
transnacionales establecen precios, monopolizan tecnologías, imponen injustas
certificaciones y manipulan los canales de distribución, las fuentes de
financiamiento, el comercio y los insumos para la producción mundial de
alimentos. Controlan, además el transporte, la investigación científicas, los
fondos genéticos y la producción de fertilizantes y plaguicidas”.
De tal forma, resulta incongruente que en esa importante reunión citada por la
Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO),
algunas de las naciones desarrolladas solo hablaron de entregar ciertas sumas de
dinero para paliar o ponerle parches momentáneos a la asfixiante situación en
los países más pobres, y no atacaron las deformaciones estructurales implantadas
por el sistema capitalista.
Graves problemas actuales son las estructuras establecidas en los modos de
producción y tenencia de la tierra que se han desvirtuado aún más con la
imposición, desde hace tres décadas, de políticas neoliberales y de
privatizaciones en el campo.
Pequeños y medianos productores, arruinados ante la insostenible competencia,
venden a precio irrisorio sus parcelas o abandonan los pedazos de tierras
arrendados, emigran hacia las ciudades, y dejan el espacio libre a las grandes
compañías y a los terratenientes nacionales.
A la par, el comercio, distribución y precios de los alimentos son impuestos en
el mercado por los monopolios internacionales. Es decir, la industria global de
los productos del agro se ha estructurado sobre la base de los beneficios del
negocio corporativo y no para resolver las abrumantes situaciones alimentarias
de las poblaciones.
Los países ricos del Norte, encabezadas por Estados Unidos y potencias de la
Unión Europea, con la acción directa de las organizaciones financieras
internacionales como el FMI, el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) obligaron a las naciones pobres a abrir sus mercados para
después llenarlos de alimentos subvencionados con los que no pueden competir los
productores nacionales. Esto ha provocado devastadores resultados para la
agricultura del Tercer Mundo. Uno de los casos más representativos de esta
situación es el de México, que se agudizó tras la entrada en vigor del Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado en 1994 con Estados
Unidos y Canadá. El Tratado ha ampliado la enorme brecha existente en la nación
azteca entre una minoría rica y una mayoría cada vez más pobre que ya suma más
de 50 millones de habitantes.
El TLCAN, al permitir la entrada libre o a bajos impuestos de cereales y
gramíneas como maíz y frijol procedentes de Estados Unidos, estimuló la quiebra
de miles de campesinos mexicanos que no resistieron la desigual competencia.
Un estudio de la Universidad Autónoma de Chapingo (UACH) denunció que desde la
entrada en vigor del TLCAN, el campo nacional atraviesa por la crisis más severa
de su historia y la nación ha perdido 181 millones de dólares por omitir solo el
cobro arancelario a las importaciones de frijol de Estados Unidos y Canadá.
Si en 1966 el país no solo se autoabastecía de frijol sino que exportó 102 000
toneladas, y en 1978 vendió en el exterior 130 000 toneladas, en los últimos
años ha tenido que importar como promedio entre 160 000 y 180 000 toneladas.
A partir de la década de 1980 México se convirtió en importador de este producto
y actualmente es el sexto país comprador en el mercado internacional. Como es de
suponer, Estados Unidos es su principal abastecedor.
Investigadores de varias universidades mexicanas como Alma Ayala Garay aseguran
que aproximadamente emigran al año 40 000 habitantes de las zonas rurales y de
esos, muchos se dedicaban a los cultivos de frijol y maíz. La gente joven se
aleja ante la falta de actividad en la parcela ya que los resultados no son
suficientes para vivir y desarrollarse con sus familias. El destino obligado
para la mayoría es tratar de cruzar la peligrosa frontera y venderse como mano
de obra barata en los campos de Estados Unidos.
Los productores de las naciones pobres deben competir con los alimentos
importados y subvencionados de los países ricos sin recibir tampoco ayuda para
pagar implementos, combustible, fertilizantes y otros insumos necesarios para la
producción. Como colofón se ha ido eliminando la agricultura tradicional en
beneficio de las comunidades y las familias, y se ha reemplazado en muchos
lugares por una agricultura industrial a favor del agronegocio.
Mientras esto ocurre las grandes compañías transnacionales obtienen fabulosas
ganancias y acumulan enormes fortunas.
Datos publicados por el investigador Shawn Hattingh, en la revista mensual
MRzine bajo el título “Liberación de Alimentos, Comercio de la Muerte”, ofrecen
elementos sumamente elocuentes sobre este multimillonario negocio, al reflejar
las ganancias obtenidas en los tres primeros meses de 2008 por varias
transnacionales.
Las que aparecen en los primeros lugares en el comercio de granos son la Archer
Daniels Midland (ADM) con un beneficio bruto de 1 150 millones de dólares, o
sea, un aumento de un 55% en comparación con el mismo período del año pasado; La
Cargill con 1.030 millones de dólares y un crecimiento del 86%; la Bunge con 867
millones de dólares y 189% de ganancias.
Entre las transnacionales distribuidoras y comercializadoras de semillas y
herbicidas se hallan la Monsanto que ha tenido un beneficio bruto de $2.230
millones de dólares para un 54% y la Dupont Agriculture and Nutrition con 786
millones de dólares, 21% de crecimiento. En cuanto a las que dominan el
monopolio de los fertilizantes se destacan la Potash Corporation con ingresos
netos de 66 millones, aumento de 185,9 % y la Mosaic (perteneciente a la
Cargill) con 528,8 millones y aumento de más de 1200%
Estas transnacionales, junto a otras pocas como la Syngenta, Unilever y Nestle,
controlan el 85% del comercio de granos, el 83% del cacao, el 80% del plátano,
el 60% del aceite vegetal y el 55% de los lácteos, mientras las grandes
distribuidoras de alimentos como Wal-Mart, Tesco o Carrefour afirman que
continúan ampliando sus ganancias. Asimismo, los precios de la soja, maíz, trigo
y otros, se determinan desde hace tiempo por su cotización en las Bolsas de
Valores como la de Chicago. Los operadores, a la vez, venden y compran en el
llamado “mercado de futuros”, en función de las previsiones de la oferta y la
demanda, o sea, operaciones especulativas. Se calcula que el 55% de la inversión
financiera en el sector agrícola responde a intereses especulativos y ésta tiene
una vinculación directa con el aumento y la volatilidad de los precios.
A estos problemas productivos, comerciales y financieros estructurales
implantados por el sistema capitalista se unen los cambios climáticos que tienen
lugar en el orbe, el alto costo del petróleo, la desvalorización del dólar y la
producción intensiva de combustibles (etanol) con la utilización de alimentos
básicos lo cual ayudan a impulsar los precios.
El auge de los biocombustibles reduce los cultivos alimentarios en detrimento
del consumo humano. Ante los altos precios del petróleo, Estados Unidos y la
Unión Europea alientan la producción de etanol.
Washington otorga un subsidio de 0.51 dólar por galón a las plantas procesadoras
e impone un arancel de 0.54 dólar por galón a la importación, mientras que la
mayoría de los países europeos exoneran a los biocombustibles de algunos
impuestos y aplican un arancel equivalente a más de 0.70 dólar el galón de
etanol importado, según reportó el diario The New York Times.
El diario agregó, basándose en informes del FMI, que la producción de etanol de
maíz en Estados Unidos, era responsable de la disminución de la mitad de la
oferta del cereal en el mercado mundial en los últimos tres años. Este país
dedicó el año pasado 54 millones de toneladas de maíz a producir etanol; en 2008
destinará 76 millones y en el 2009, 101 millones de toneladas. Se estima que la
cantidad aumente doce veces para 2017.
Desde ya se hace necesario un cambio en los sistemas de producción, distribución
y comercialización de los productos agrícolas para que no continúen aumentando
los hambrientos en el mundo. Solo los gobiernos y sus pueblos pueden revertir la
situación. www.ecoportal.net
* Rebelión
www.rebelion.org
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Cortesía de EcoPortal.net
Publicado Tuesday 8 de July de 2008
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