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"El hombre moderno vive en el sueño. Nacido en el sueño. ¿Qué puede saber
un hombre que duerme? Si ustedes piensan en ello, recordando al mismo tiempo que
el sueño es el rasgo principal de nuestro ser, no tardará en ser evidente, que
si el hombre quiere saber, debe reflexionar ante todo en las maneras de
despertarse".
Gurdieff
En la medida que vamos tomando conciencia de la oportunidad que se nos ha dado
en las manifestaciones de la forma perecedera, nos damos cuenta de la
importancia no solo de estar despiertos y saber aprovechar el tiempo que se nos
ha concedido, sino estar atento y adentrarnos en nuestro Yo interno, indagar
todo aquello que nos conlleve a emprender acciones que nos ayuden a crecer y a
saber aprovechar intensamente la oportunidad.
Muchas son las enseñanzas que en vida nos legara Gurdieff que ayudan a los
interesados en dejar de ser autómatas, descubrir sus propias potencialidades y
saberlas usar.
Nos recuerda Cristina Wolczuc que hablando del HOMBRE, Gurdieff dice: "Un hombre
puede ser un hombre, recalcó esta palabra, aún trabajando con máquinas. Hay otra
clase de mecanización muchísimo más peligrosa: ser uno mismo una máquina".
Una vez que se le preguntó a Gurdieff, que pensaba de la psicología, respondió:
- "Antes de hablar de psicología, debemos comprender claramente de que se trata
esta ciencia y de qué no trata. El verdadero objeto de la psicología es la
gente, los hombres, los seres humanos. ¿Qué psicología – recalcó la palabra –
puede haber cuando no se trata sino de máquinas? Para el estudio de las máquinas
lo que se necesita es la mecánica y no la psicología. Por eso comenzamos por el
estudio de la mecánica. El camino que lleva a la psicología es aún más largo".
En pro de ese despertar Gurdieff indica, que no se olvide, que "El hombre no
tiene un yo permanente e inmutable. Cada pensamiento, cada humor, cada deseo,
cada sensación dice YO. Y cada vez, parece tenerse por seguro que este "yo"
pertenece al todo del hombre, al hombre entero, y que un pensamiento, un deseo,
una aversión, son la expresión de ese TODO. Cada pensamiento del hombre, cada
uno de sus deseos se manifiesta y vive de una manera independiente de su Todo. Y
el Todo del hombre no se expresa jamás, por la simple razón de que no existe
como tal, salvo físicamente como una cosa, y abstractamente como un concepto.
El hombre no tiene un "yo" individual. En su lugar hay centenares y millares de
pequeños "yoes" separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen
ninguna relación, o por lo contrario, son hostiles unos con otros, exclusivos e
incompatibles. A cada minuto, a cada momento era un pensamiento, ahora es un
deseo, luego de una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente sin
fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión. El alternarse de los "yoes",
sus luchas por la supremacía, visibles a cada instante son comandadas por las
influencias exteriores accidentales. El calor, el sol, el buen tiempo, llaman
inmediatamente a todo un grupo de "yoes".
El frío, la neblina, la lluvia llaman a otro grupo de "yoes", a otras
asociaciones, a otros sentimientos, otras acciones. No hay nada dentro del
hombre que sea capaz de controlar los cambios de los yoes, principalmente porque
el hombre no los nota; o no tiene ninguna idea de ellos, vive siempre en su
último "yo". Algunos naturalmente son más fuertes que otros; pero no por su
propia fuerza consciente. Han sido creados por la fuerza de los accidentes, o
por excitaciones mecánicas externas.
La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, de las
castas y de las tradiciones, o la seducción de los últimos "slogan", dan
nacimiento, en la personalidad del hombre, a "yoes" muy fuertes que dominan
series enteras de otros "yoes" más débiles. El hombre no tiene individualidad.
No tiene un gran Yo único. El hombre está dividido en una multitud de pequeños "yoes".
Pero cada uno de ellos es capaz de llamarse a sí mismo con el nombre del Todo,
de actuar en el nombre del Todo, de hacer promesas, de tomar decisiones, de
estar de acuerdo o de no estar de acuerdo con el otro "yo", o el Todo, tendría
que hacer. Esto explica por qué la gente toma decisiones tan a menudo y tan
raramente las cumple. Un hombre decide levantarse temprano, comenzando a partir
del día siguiente. Un "yo" o un grupo de "yoes" toma esa decisión. Pero
levantarse es problema de otro "yo" que no está de acuerdo en absoluto, y que
quizás ni siquiera ha sido puesto al corriente.
Gurdieff menciona también la importancia de estar atento de que cuando el saber
excede demasiado al ser, se vuelve teórico, abstracto, inaplicable a la vida,
aún puede tornarse nocivo porque en lugar de servir a la vida y de ayudar a la
gente en su lucha contra las dificultades que la asaltan, tal saber comienza a
complicarlo todo; desde luego, ya no puede aportar sino nuevas dificultades,
nuevos problemas y toda clase de calamidades que no existían antes.
Cuando el saber predomina sobre el ser, el hombre sabe, pero no tiene poder de
hacer Es un saber inútil. Inversamente, cuando el ser predomina sobre el saber,
el hombre tiene el poder de hacer, pero no sabe que hacer. En la historia de la
humanidad, encontramos ejemplos de civilizaciones enteras que perecieron ya sea
porque su saber sobrepasaba a su ser o porque su ser sobrepasaba a su saber".
Cristina Wolczuc indica que hay tantas posibilidades para elegir el despertar.
En la medida que se entienda esencialmente a Gurdieff, la vida cotidiana se
presenta como un total descubrimiento. Es una de las varias formas reales de no
caer en el SÍ porque sí. En caer en la tristeza del desconocemos. Y la realidad
es, que en la medida en que no aprendamos a conocernos a nosotros mismos, no
queda alternativa para conocer algo más.
Carlos Mora Vanegas
www.entorno-empresarial.com
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