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Cuando los adolescentes comprenden qué les está pasando, toman decisiones más
acertadas sobre su sexualidad.
La energía vital generada por la sexualidad puede canalizarse creativa y
constructivamente, o generar conflictos. En la adolescencia, comenzamos a
interesarnos más en nuestra propia sexualidad y la de otros. Se producen muchos
cambios en el cuerpo y en la emocionalidad. La irrupción de las hormonas
sexuales ocasiona una efervescencia y unas "ganas" nuevas. Además, la curiosidad
generada por los medios de información hace que se quiera investigar "de qué se
trata eso, que dicen que es tan bueno".
Se puede pretender negar la existencia de esos impulsos en los adolescentes,
prohibiéndoles cosas (salir, encontrarse a solas con otros chicos o chicas, etc)
o intentando impedir su acceso a información que tenga que ver con el sexo. En
general, estas conductas generan rebeldía y aumentan la curiosidad de los
chicos, quienes para encontrar respuestas, buscan en cualquier lado, con riesgos
que van desde la información errónea hasta embarazos no deseados y enfermedades
de transmisión sexual.
Otra opción es proporcionarles información adecuada, que satisfaga su curiosidad
y les dé la tranquilidad de adecuarse a cada etapa de su evolución.
Tres de los problemas más serios relacionados con la sexualidad que enfrentamos
actualmente como sociedad son los embarazos adolescentes, las enfermedades de
transmisión sexual y la pérdida del sentido del erotismo como una forma amorosa
y cuidadosa de relacionarnos con otras personas. Además, muchas de las
enfermedades que sufirmos los humanos se originan en la dificultad para
armonizar nuestra energía vital (explicaremos esto en otras entregas). Todos
estos problemas son prevenibles.
Cuando hablamos de educación sexual, no se trata de invitar a los/las
adolescentes a tener relaciones sexuales cada vez más temprano, sino todo lo
contrario. Proponemos reducir los niveles de ansiedad que implican los cambios
corporales, emocionales y psicológicos, actitudinales y de relación con sus
pares al explicar claramente qué cosas ocurren y cómo manejarlas para que
resulte más fácil crecer.
Si los chicos y las chicas saben qué son las relaciones sexuales; que las
personas tenemos el derecho a elegir relacionarnos eróticamente con otros; que
vincularse sexualmente con otra persona puede implicar riesgos y consecuencias
prevenibles, podrán decidir responsablemente el momento de comenzar su vida
sexual activa. Muchos/as adolescentes comienzan a tener relaciones sexuales no
porque se sienten preparados/as para ello, sino por presiones de su pareja ("si
no te acostás conmigo, no me querés; me voy a buscar a una más madura que vos"),
o de sus pares ("¿cómo, todavía no debutaste? No estás en nada...") o de los
medios ("el sexo es lo mejor que hay, no importa con quién sea").
Tenemos el derecho a elegir el momento y la persona con quien hacer el amor. Y
decimos "hacer el amor" y no "tener relaciones sexuales" por una diferencia
importante: la posibilidad de poner amor y cuidado en cada cosa que se hace,
para que salga bien, nos nutra y no signifique riesgo ni conflictos.
Es posible ayudar a chicas y varones a entender qué les sucede, a comprender
mejor por qué se sienten de tal o cual forma y aprender a relacionarse de una
manera más sana, respetando necesidades y tiempos: los propios y los del otro/a.
Pueden aprender a decir que no y que hay muchas formas seguras de relacionarse
afectivamente con una pareja, sin necesidad de apurarse a tener relaciones
sexuales. Y pueden aprender que el sexo puede ser una de las formas más hermosas
y plenas de dar y recibir amor.
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