Titulo original: The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor
Duración: 112 minutos.
País: Estados Unidos
Año: 2008
Dirige: Rob Cohen.
Guión: Alfred Gough y Miles Millar.
Fotografía: Simon Duggan. Música: Randy Edelman.
Interpretes: Brendan Fraser, María Bello, Luke Ford, Jet Li, Michelle
Yeoh, entre otros.
HAY AUSENCIAS QUE MARCAN LA DIFERENCIA
Con claras referencias al primer emperador de China, Qin Shi Huangdi y su
célebre ejército de más de siete mil figuras de terracota (esculturas de barro
cocido) halladas en su mausoleo en 1974, la cinta de aventuras La Momia: La
Tumba del Emperador Dragón (The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor, 2008) tiene
como única ancla con la historia esa simple imagen devenida en distorsionada
anécdota a partir de la cual los guionistas Alfred Gough y Miles Millar
construyen su propio mito, pretexto para continuar una franquicia que, vista en
retrospectiva, tuvo sus mejores momentos en las dos producciones anteriores, La
Momia (The Mummy, 1999) y La Momia Regresa (The Mummy Returns, 2001), e incluso
su derivado El Rey Escorpión (The Scorpion King, 2002).
Dada la cronología de la saga, la primera entrega tuvo lugar en 1924, la segunda
en 1933 y esta tercera en 1946, sin embargo las décadas parecen no causar
estragos en el siempre juvenil Rick O´Connell (Brendan Fraser), no obstante que
en esta ocasión su hijo Alex (el australiano Luke Ford, de 27 primaveras) tiene
21 años. Por su parte la esposa de Rick, Evie, se ve ya muy viajadita en esta
nueva encarnación del personaje a cargo de una muy incómoda María Bello en
sustitución de Rachel Weisz, quien decidió no reincorporarse al elenco y a quien
se extraña en pantalla dada la chispeante química que había entre ella y Fraser…
En verdad que hace mucha falta y en buena medida su ausencia marca la
diferencia.
Si bien la franquicia se debe a un concepto genérico que alude directamente a
eso que se entiende por momias vueltas a la vida, el mayor inconveniente en esta
tercera parte es que el villano en cuestión, el emperador Han (Jet Li), no es
técnicamente una momia sino un ruin emperador obsesionado con la eternidad,
embrujado por Zi Yuan (Michelle Yeoh), una hechicera que lo convierte en una
escultura de alguna especie de aleación mágica (nótese que no es de terracota
como su ejército), con el único defecto de que puede ser resucitado, lo cual
sucede y no sólo eso sino que una vez reanimado controla todos los elementos y
puede activar a sus guerreros de barro.
Con un endeble desarrollo argumental y una floja dirección a cargo de Rob Cohen
(el realizador de las dos primeras cintas, Stephen Sommers, le cedió la silla de
director), la película sólo tiene un gran golpe que llama la atención y eso
porque no se espera: la sorpresiva intervención de un grupo de bravos Yetis en
el Himalaya. Si se hiciera una película con estos Yetis de seguro la vería; otra
de la Momia de Cohen y con Bello, no estoy tan seguro.
Por: Alejandro Leal