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Asociaciones contra el abuso sexual infantil y solidaridad

Por JMontane.es
No hace tantos años que el concepto abuso sexual infantil empezó a introducirse en nuestro vocabulario cotidiano y a ser tenido en cuenta como una realidad que nos afectaba de un modo más directo del que estábamos dispuestos a creer. Aunque ha sido un paso dado en la buena dirección, todavía se trata de un asunto que nos produce demasiada incomodidad; en cierto modo es como si pretendiéramos que no hablando de ello dejara de existir. Lamentablemente esa actitud no ayuda a nadie, y menos aún a quienes hemos pasado por esa traumática experiencia.

Es una pregunta recurrente si estos abusos se perpetran más hoy en día que en el pasado, siendo la respuesta siempre la misma: no. Al menos proporcionalmente; es obvio que si en el mundo hay más gente también habrá más de todo. La clave radica en la información. Hoy las noticias, el periódico o cualquier otro medio que no incorpore algún caso de abuso sexual, se ha convertido casi en una excepción.

Eso tiene su parte buena, sin duda. Nuestro peor enemigo siempre ha sido el silencio, lo que unido al "adoctrinamiento" al que fuimos sometidos por nuestro agresor, terminó por convencernos de nuestra complicidad en aquella aberración. La culpa y la vergüenza hizo de nuestra vida un lugar gris y marcado por un secretismo que nos iba destruyendo.

No es tarea fácil trasladar a quienes desconocen los entresijos mentales de quienes padecimos estos abusos una idea más o menos clara sobre porque sentimos lo que sentimos. Como se suele decir, creo que esta es una de esas experiencias que sólo puede entender quien la haya vivido. No obstante es imprescindible aportar una información veraz y luchar contra las ideas erróneas que aún siguen confundiendo nuestra sociedad.

Siempre que aparece en los medios alguna de estas escalofriantes noticias, la respuesta indignada de la mayoría suele ser parecida, pero a mi pesar bastante alejada de la realidad y de las necesidades sociales que, a fin de cuentas, es lo que requerimos y lo que debería importarnos. He oído muchas veces expresiones del estilo: ¡A mí esto jamás me pasaría! O bien: ¡Cómo es posible que la madre no se enterara! O en otro sentido, expresiones del tipo: ¡A este hay que cortársela! O también: ¡que lo encierren en la cárcel y no salga nunca más! Todas estas expresiones son muy comprensibles, pero no puedo evitar pensar que a todos nos resulta más fácil opinar cuando estamos detrás de la barrera y el problema en cuestión no nos afecta de un modo directo.

Cuando una persona ha vivido unas circunstancias límite puede pasarle esto y muchas otras cosas. Y por desgracia el entorno (y todos somos el entorno de muchas personas) no siempre reacciona adecuadamente. En esos casos es posible que nadie se entere de lo sucedido, y a ello debemos sumarle la alta probabilidad de que el propio menor sea quien trata de ocultarlo a cualquier precio. En mi caso fue así.

La mayoría de los abusos son perpetrados en el entorno más cercano del menor, más de la mitad dentro de la propia familia, y lo más habitual es que nadie lo descubra. También es verdad que antes no había información ni recursos. No es que ahora vayamos sobrados, pero al menos ya existen vías de escape, de prevención, de denuncia y de protección. Si bien es una realidad que el abusador actúe casi siempre con absoluta impunidad y pocas veces sea descubierto, no lo es menos que otras veces, a pesar de las sospechas más o menos fundadas, el entorno vuelva la vista hacia otro lado. O en el peor de los casos se abandone al menor a su suerte aun sabiendo lo que ocurre.

Cuesta mucho imaginarse uno mismo en semejante tesitura y todos creemos que actuaríamos mucho mejor, pero las palabras, en el fondo, no son más que palabras. También solemos emplear frases como las que citaba anteriormente: ¡hay que cortársela! ¡A la cárcel! ¡Cadena perpetua! Todo esto está muy bien pero ¿qué efectos tiene todo eso en nuestra realidad inmediata? Digamos que la amputación responde más a una respuesta visceral que a lo que sería admisible en nuestro código penal, sin embargo las leyes dejan bastante que desear cuando se trata de este tipo de agresores. Por poner un ejemplo, decir que el delito prescribe como mucho a los 15 años, con lo que algunos, cuando asumen y enfrentan lo que sucedió en su infancia y deciden optar por la vía de la denuncia, descubren que ya ha prescrito y que no pueden hacer nada. Podemos aducir que las modificaciones o cambios en el código penal es algo que atañe a los políticos. Yo creo que nos atañe a todos, y si los políticos no se ponen manos a la obra no deberíamos quedarnos con los brazos cruzados.

A fin de cuentas quienes terminan movilizándose son personas como el padre de la tristemente desaparecida Mari Luz, que vivió esa realidad en sus propias carnes, o como las personas que hemos pasado por esto y nos unimos a través de asociaciones o a través de la red. Precisamente fue por una charla con la presidenta de la asociación Aspasi de Madrid (http://www.aspasi.es/) que me planteé este escrito. Marga me decía que ya se habían agotado sus recursos económicos para seguir manteniendo la asociación y que de cara a septiembre no le quedaba otra alternativa que pedir un préstamo al banco para seguir adelante. Con dos hijos de los que ocuparse me parece admirable su determinación, aunque no por ello dejé de escandalizarme por lo injustas que son algunas cosas. Una asociación para su subsistencia necesita socios.

Es una obviedad y sin embargo no se produce. Los abusos sexuales a la infancia nos afectan a todos ¿Es que una ciudad como Madrid no puede sostener una asociación tan necesaria? También es cierto que las instituciones deben aportan su parte en subvenciones, pero todos sabemos que las cosas de palacio van despacio, y cuando estas lleguen esperemos que Marga siga al pie del cañón, para el bien de todos. No obstante no puedo evitar pensar en la gente que se escandaliza ante los abusos, los que se exclaman, los que se manifiestan y se indignan. ¿Qué ocurre con toda esa aparente solidaridad? ¿Es que no hay en Madrid las suficientes personas solidarias que comprendan la necesidad de que existan asociaciones de este tipo y puedan mantenerlas?

http://www.jmontane.es
ASPASI: http://www.aspasi.es

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Cortesía de JMontane.es
Publicado Wednesday 13 de August de 2008

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