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No penséis siempre en vosotros. ¡Oh jefes! Ni en vuestra propia
generación. Pensad en las ininterrumpidas generaciones de nuestras familias,
pensad en nuestros nietos y en los que no han nacido, cuyos rostros vienen
debajo la Tierra.
Un jefe indio ( Chamán)
Cuando se ha detenido a leer este escrito, ya habrá transitado un buen tiempo en
esta dimensión, en este planeta Tierra , ya tendrá ese camino que lo conduce a
su desempeño en pro de cumplir con la misión , con su razón de ser. Habrá ya
acumulado experiencia, formado redes de relaciones con aquellas personas que
libremente ha seleccionado, se habrá acercado a personas de acuerdo a sus
intereses y siempre con esa inquietud de no verse aislado, sino de compartir; ya
habrá identificado aquellos estímulos externos que le han generado afecto,
cariño, reconocimiento, amistad, necesidades de aprendizaje, de saber quién es,
hacia donde va, por qué esta acá, así como ya ha identificado todos aquellos
estímulos internos que emanan de su Yo Superior.
A pesar de todo esto, Luís Arribas nos indica, que reflexionemos sobre el hecho,
que no parece que el progresivo desarrollo de nuestra capacidad razonadora, de
nuestra conciencia, haya servido para relacionarnos mejor con los que nos
rodean. Por el contrario, a media que nos percatamos de que el entorno puede ser
peligroso para nuestra salud física y psíquica que de no sabérsele manejar nos
puede aprisionar encarcelar, limitar nuestras reales percepciones, cogniciones
de la dimensión interna, nos protegemos utilizando todos los recursos que
nuestra inteligencia ha sabido desarrollar. De esta forma, nos hacemos menos
comunicativos, menos externos y consecuentemente, más introvertidos, quedando la
expresión de nuestros sentimientos y emociones reducida a nuestro ámbito más
privado.
En este corto tránsito por esta Tierra, quizás nos hemos sorprendido que somos
prisionero de lo ilusorio, en todo aquello que le hemos dado vida tratando de
satisfacer necesidades, deseos artificiales, de subsanar vacíos que nos han
dejado otras generaciones, familia, amistades, lazos afectivos equivocados o por
carencia de ellos, posiblemente porque estos nunca debían haber nacido.
Lo cierto, que todo ello ha impedido que seamos auténticos, a veces nos han
entorpecido, desviado de nuestros verdaderos objetivos, se ha irrespetado los
espacios personales deteriorando nuestra autoestima y socavando nuestra
asertividad, tornándonos muchas veces esclavos de deseos, pasiones, gozos
transitorios. Es por eso, que no nos debe sorprender que hemos permitido que
coarten nuestro libre albedrío, que transitamos por senda equivocadas,
acompañados de personas que no nos corresponden, que se deteriore nuestra
personalidad, afecte el carácter, que nos encontremos algunas veces frustrados,
desilusionados, pesad umbrosos y por qué no, con grandes vacíos existenciales.
Arribas nos recuerda además, que nuestro sentimiento gregario, que tanto hizo
para que lográramos sobrevivir en un medio hostil cuando empezamos nuestra
andadura como seres humanos, lo hemos sustituido por sistemas de alarmas
supersofisticados, por agentes de seguridad provocados por guarda espalda a
medida. En lugar del cálido roce del compañero o compañera que escogimos, que
nos inspira protección y apoyo, que consideramos que es el adecuado, nos
encontramos con la luz parpadeante de un detector de infrarrojos que nos avisa
de si alguien ha invadido nuestro espacio vital.
Así, que ya no nos tocamos. ¿Qué ha sucedido? ¿Cuál es la causa? Posiblemente no
nos demos cuenta que somos prisionero del control social que ha invadido nuestra
libertad, que estamos alienados, que estamos encarcelado en un falso
convencionalismo, con normas impuestas par actuar a través de un comportamiento
que nos obliga la sociedad para poder convivir en su medio.
Nos recuerda también Arribas, que no nos debe extrañar que aquellos seres
humanos que tienen inhibido su consciente en todo o en parte actúen extrañamente
o no tengan problemas en ser abiertos en el cariño, las emociones.
En este tránsito por esta dimensión, es importante considerar que a veces es
nuestra mente consciente la que nos esta impidiendo crecer y se hace necesario
buscar los resortes que hagan cambiar este estado de cosas.
Es hora de prestarle más atención a nuestros resultados, a lo que hemos
aprendido, experimentado en nuestro camino hasta el momento, de sorprendernos,
cuánto realmente hemos crecido, como hemos aprovechado la oportunidad de vivir,
si somos auténticos en nuestras acciones, si estamos preparados para efectuar
los cambios que nos permitan incrementar mejor nuestro horizonte en pos de una
verdadera y auténtica realización. Somos responsables de nuestros actos, nos
toca a cada uno encender nuestra vela que alumbre el camino por el que debemos
transitar, a la hora de la partida, nos corresponde irnos solo con el resultado
de que en nuestra alforja llevemos una carga positiva de buenas acciones, un
real aprovechamiento de nuestra potencialidad divina dada, que nos permitió
saber aprovechar exitosamente el chance que se nos dio de pasar por esta
dimensión.
Carlos Mora Vanegas
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