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Queremos un conocimiento que realce nuestra vida, lo queremos no por
infantilismo, sino porque sentimos que este querer completa la condición humana.
Consideramos muy significativo en esta época de grandes cambios, nuevos
paradigmas en adentrarse en lo que se denomina amor y sexo, para ello es
aconsejable considerar lo que señala Louis Pauwels cuando propone dos reglas
capitales: luchar contra el abuso de la palabra amor y luchar contra el abuso
del sexo. Agrega que siendo la lucidez una condición de la posesión de sí, usted
aumentará en alto grado una y otra: 1) No poniendo el amor allí en donde él no
tiene nada que hacer. 2) No poniendo el sexo allí donde no tiene nada que hacer.
Justamente estas dos proposiciones van en contra de nuestra época, que hace un
uso excesivo de la palabra amor y todo lo llena de sexo. Lo cierto que un hombre
que cuida de su dignidad y de su libertad íntima, debe saber lo que usar en pro
de su crecimiento, lo que la época le señala., es decir toma de su época lo que
verdaderamente le realza y debe rechazar lo que lo rebaja.
Es contemporáneo, pero con precaución y distancia. ¿Qué ha experimentado usted
con respecto a ello? ¿A que conclusión ha llegado con respecto al amor que ha
experimentado en su trayectoria por esta dimensión de formas’ ¿ Ha logrado
comprender, manejar la verdadera esencia del amor? ¿ No se ha dejado manipular,
dominar por las atracciones del sexo?..
Pawells indica, , que estamos persuadidos de que el amor-pasión es una llave
mágica universal. Nada más fuerte ni más hermoso que el amor-pasión. Y no nos
debe causar sorpresa que encontramos natural que la exaltación amorosa sea lo
principal en la literatura, el cine, televisión, canciones y todo espectáculo.
Es muy significativo cuando comenta, que si lanzamos una ojeada a la literatura
de la antigüedad, de la Alta Edad Media y de los antiguos pueblos Indoeuropeos,
descubriremos que el amor-pasión está ausente. De aquí que nuestro estado de
ánimo es particular. No pertenece a la esencia del hombre, sino a un momento de
la cultura. Tendrá sin duda un fin, puesto que ha tenido un comienzo. Es así que
no nos extrañe que se diga que a un hombre inteligente que esto sabe, no le
domina la moral de modistilla, que desde el laúd de los trovadores hasta la
guitarra electrica, domina las relaciones entre los sexos. Lo incomprensible y
confuso deja de ser un alimento básico. Se encuentra ya mejor.
Considérese, que el mundo antiguo ignoraba la pasión amorosa. Pero la
consideraba una locura, una dolencia, la causa de toda suerte de desórdenes e
idioteces. Las mujeres son más propensas a esta enfermedad que hirió a Medeas,
Fedra y Dido. Las muchachas de Eurípides oraban a los dioses verse protegidas
contra ella. Desde luego, una esposa buena, comprensible, integrada y bonita,
hace agradable la existencia.
Aristóteles admite que existen relaciones conyugales casi tan tónicas como la
camadería. Pero el problema serio lo constituye la amistad viril. En cuanto
decimos hacernos amigos, prestamos el mayor de los juramentos.
Para los juristas bizantinos y romanos, la adopción de fraternidad compromete a
una fidelidad superior a la de los amantes o los esposos.
En la antigüedad nos indica Pauwels, nadie es sabio, si llegada la madurez no se
desprende del amor. No merece ni la estima de los demás, ni la suya propia, ni
la de los dioses, sino traslada a la esencia ideales el deseo mezclado de
sentimientos que tuvo de la carne.
La juventud del filósofo es la edad en que el hombre, ya maduro, no se adhiere
más. Amor, me separo de ti con alegría, porque estoy buscando lo mejor para mí.
Pauwels nos invita a tener presente, que todo amor loco es un amor monstruo Una
colisión a cámara lenta, que deja dos heridos lanzados lejos el uno y el otro en
el arcén de la autopista. Casi todos hemos conocido esto. Y si nos interrogamos
hondamente sabemos que somos culpables, no de haber vivido pasiones sino de
haber querido vivirlas recreándonos en esta fiebre, aun a riesgo de hacerle
subir artificialmente unos cuantos grados, para mejor disfrutar del vértigo, por
mucho que nos pueda costar algún día a nosotros mismos o al otro.
La pasión lleva en su seno el crimen mental como la nube la tormenta y sino
estamos atentos y nos dejamos dominar por ella ésta nos aprisiona y quedamos a
merced de su designio. Todo hombre, toda mujer, de regreso a la pasión debe
exclamar un día como Baudelaire: Pasión, te conozco y te odio, vete.
Finalmente, Pauwels señala, que el hombre o la mujer que ve las cosas como son
tiene el fanatismo del amor, tan extendido en nuestras maneras de ser, por una
inmensa mentira. Sólo existe un amor absoluto: El que nos haría dar, sin la
menor vacilación, nuestra vida. Pero el sin ti me muero de la pasión no es, la
más de las veces más que canción chantaje.
Hay que lograr que la realidad, honradez, libertad se instalen en nuestra vida
sentimental, especialmente cuando tenemos la valentía se suplir la palabra amor
con las expresiones exactas de nuestras atracciones y nuestros afectos. Por otra
parte, se debe luchar contra el abuso del sexo. No se trata de reprimir los
deseos. No hay mal alguno en la actividad sexual.
Es honroso satisfacer su temperamento y sus gustos, sino infiere daño a la
integridad del prójimo. Y no inferir daño a la integridad del prójimo exige no
ponerse la máscara del amor cuando se trata del deseo bruto. Hay más franqueza y
valor en la caza de los cuerpos que en la mayoría de las aventuras sentimentales
Hay también más amor de la vida.
Carlos Mora Vanegas
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