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Pensemos por ejemplo en la transmisión de los conocimientos sobre el propio
cuerpo y luego sobre las relaciones sexuales, ya sea considerando el
autoerotismo o las relaciones con otra persona. Los muchachos suelen recibir de
sus padres información que los preparan (en mayor o menor medida) para el
ejercicio de la sexualidad.
Se considera “normal” que un varón se masturbe; aún hay casos en los que los
padres llevan a sus hijos varones a prostíbulos a iniciar su vida sexual;
quienes normalmente están en contacto con material de alto contenido erótico (el
hecho de que sea de buena o mala calidad es tema de otra reflexión) a través de
películas, libros o alguna otra manifestación de tipo cultural también son los
varones. Parece estar socialmente asociado a la masculinidad el “permiso” para
ejercer la sexualidad y disfrutarla y en cambio esta libertad suele estar vedada
a las mujeres. Quienes lo ejercen (aún) son consideradas “excluibles” de la
sociedad digna de ser respetada.
Es menos habitual que las madres enseñen a sus hijas lo que les ocurre durante
la pubertad, qué es la menstruación y todos los cambios que ocurren en su cuerpo
y menos aún explicarles que la sexualidad es una inmensa fuente de placer y cómo
prepararse para ejercerla con plenitud y responsabilidad.
Entonces, desde la perspectiva del género se construyen conocimientos sexuales
muy dispares entre varones y mujeres, lo cual no sería dañino si sólo fueran
distintos, sino que resulta poco equilibrado porque siguen siendo los varones
quienes reciben la mayor parte de la información y por ende son quienes tienen
el mayor poder, en desmedro de las mujeres y sus legítimo derecho a Ser.
Esta arbitraria atribución del poder a los hombres desde la mayor parte de las
fuentes de socialización (desde la Biblia hasta películas contemporáneas pasando
por series de televisión, libros de cuentos infantiles o novelas para adultos,
la familia y la escuela) ha sido resultado de una concepción androcéntrica de la
sociedad occidental contemporánea, en la cual la visión del hombre es la medida
de todas las cosas y realidades.
El hecho de que las ciencias sociales estudian al ser humano y que las personas
resulten ser tanto objeto como sujeto de los análisis y reflexiones dificulta
muchas veces la objetividad (por otro lado prácticamente imposible en cualquier
tarea emprendida por seres humanos, en tanto todos atribuimos nuestro matiz a
las cosas que vemos) en las conclusiones. Incluso los investigadores sociales,
los maestros, y cualquier otro profesional que en cuyo trabajo esté en contacto
directo con la realidad humana tiene su propia visión de la vida y con mayor o
menor conciencia la aplica a su actividad cotidiana; hasta en las conclusiones
de sus estudios y en las propuestas concretas de acción.
Todo esto conduce al uso posible de un cliché que, aunque muy trillado, puede
describir esta realidad: todo depende del cristal mediante el que se mire. Y
éste afecta el resultado de las observaciones, de las propuestas, de los
análisis e incluso de las acciones.
Por ello, cuando se trata de transmitir (o articular) conocimientos relacionados
con la sexualidad, utilizando como plataforma el punto de vista de género, los
profesionales de las ciencias sociales debemos hacer un especial esfuerzo en
concientizar nuestra propia visión, actitudes y comportamientos con respecto a
la sexualidad para que ellos no resulten una barrera a la libertad de conciencia
de las personas con quienes estamos trabajando. Nuestra propia visión de género,
si no estamos muy conscientes de ella, puede llegar a empañar la transparencia
con la que transmitimos nuestros propios conocimientos y contribuimos a la
construcción de nuevos cuerpos de conocimientos en otras personas.
Referencias bibliográficas
- Guerra Pérez, Ma. Isabel: La construcción del conocimiento sexual y el género.
Texto contenido en el Master de Educación Sexual, Nivel I, Univ. de la Laguna,
Tenerife, 1999.
- Pescador, Erik: Sexualidad grupal. Educación sexual desde el grupo afectivo.
Texto contenido en el Master de Educación Sexual, Nivel I, Univ. de la Laguna,
Tenerife, 1999.
- Porlán, Rafael: Educación y constructivismo. El conocimiento personal de los
alumnos como referente continuo del conocimiento escolar, Texto contenido en el
Master de Educación Sexual, Nivel I, Univ. de la Laguna, Tenerife, 1999.
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