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Año tras año llega Pentecostés y los cristianos tradicionales escuchan el
mismo sermón, las mismas palabras y el mismo pasaje bíblico. Conceptos como
"lenguas de fuego", "idiomas diferentes", "llevar el evangelio del amor al
mundo"... pero ¿qué ocurrió en realidad? En nuestra sociedad esclarecida que
hace tiempo que dejo atrás cuentos, fábulas e historias inauditas todo pensador
libre y cabal busca la verdad, y busca el sentido real de los sucesos en torno a
la vida de Jesús de Nazaret.
Nuestra búsqueda espiritual también nos ha llevado a investigar nuestro mundo
interno y a descubrir que cada uno de nosotros puede desarrollar la religión
verdadera que es aquella que nace del corazón de cada uno y que encuentra la
fuerza espiritual en la realización de valores éticos recogidos en el verdadero
cristianismo, como el respeto a todas las formas de vida, el pacifismo, o la
regla de oro que dice: "No le hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a
ti".
Estos valores cristianos reales están ya lejos de las instituciones que atan y
encuentran su apoyo en aquello que nos ha quedado del tiempo del Nazareno que no
ha sido utilizado por los intereses de poder, por ejemplo en el libro "Esta es
Mi Palabra" que recoge extractos de un evangelio apócrifo no incluido en el
tradicional libro y las aclaraciones dadas a través de la palabra profética. En
él, el Señor explica:
"Comprended: el más grande entre los Míos es el que ha desarrollado la "piedra
filosofal" –la conciencia santificada, que está en lo profundo del alma. Él es
el que sirve desinteresadamente a todos. No es pastor, sino sólo indicador de
camino que señala hacia la vida interna, la cual él mismo ha desarrollado
mediante la realización de las leyes eternas. Siendo Jesús de Nazaret, no hablé
de coronas ni de dignidades, y tampoco de dignatarios. Éstas son denominaciones
para aquellos que querían destacar respecto del pueblo.
Lo que dije siendo Jesús, es ley. Lo mismo digo como Cristo. No nombré
evangelistas, diáconos o sacerdotes. Quise y quiero un rebaño, cuyo Pastor Yo
Soy, Cristo.Yo hablé a Pedro, refiriéndome con ello a todos los que Me siguen
fielmente. Ellos habían y han de ser indicadores de camino que señalen hacia la
vida interna, pero sin darse importancia para actuar de forma determinante en el
pueblo.Tampoco creé un llamado sacerdocio, sino un grupo de servidores
desinteresados que son servidores de todos. Los profetas justos no llevan
lámparas; ellos mismos son lámparas, son luces de la verdad, la cual llevan al
mundo –para la salvación de todos los que anhelan la verdad, la vida interna.
Yo enseñé a traer el evangelio del corazón –lo que cada uno ha realizado–, pero
nunca la letra. A los que verdaderamente Me querían seguir, les fue dado el
equipamiento para su peregrinar –lo que como hombres necesitaban–. Pues fueron
hasta muy lejos para enseñar lo que Yo les había enseñado y había vivido
dándoles ejemplo. No tenían libros. Lo que les había enseñado, los verdaderos
seguidores lo llevaban en su corazón. De ello dieron a otros desinteresadamente;
pues sólo lo que fluye desde el corazón halla entrada en el corazón –no lo que
viene del intelecto o del saber extraído de libros. La verdad puesta por escrito
puede ser indicador de camino para aquellos que anhelan la verdad. La sola letra
no es la verdad, sino sólo el reflejo de la verdad".
En el evangelio Apócrifo se lee: "Y llegado el séptimo día, estando todos
juntos, unánimes, en la misma casa, mientras oraban se produjo un sonido del
cielo como el bramar de un viento impetuoso, y la sala en que estaban reunidos
fue sacudida, y llenó toda la casa. Y aparecieron lenguas bífidas como llamas de
fuego, que flotaron sobre la cabeza de cada uno. Y todos fueron llenados por el
Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les daba
hablar. Entonces se levantó Pedro y predicó la ley de Cristo a la muchedumbre de
todas las naciones y lenguas allí reunida. Según las informaciones de los que
esto ha visto y oído, cada persona escuchó la palabra en su propia lengua
nativa".
Mientras, después del tiempo mencionado, muchos estaban reunidos en oración, se
incrementó la fuerza en las almas que se habían elevado a Dios, la fuerza
sagrada, el Espíritu Santo. Muchos creyeron escuchar un "sonido del cielo como
el bramar de un viento impetuoso", que llenó toda la sala, la casa entera.
Comprended: el Espíritu eterno, el Espíritu Santo, no tiene sonido humano que
penetre en los oídos humanos. El afluir del Espíritu Santo a muchos hombres y
mujeres justos, produjo una efervescencia de la sangre, pues el corazón de los
que estaban plenos latía fuertemente. Luego escucharon la voz de la verdad en
sus corazones –cada cual en su lengua materna–. Siendo tocados internamente y
hallándose en esta conmoción externa, creyeron ver lenguas de fuego. Los que
verdaderamente las vieron, contemplaron el afluir del Espíritu Santo a sus almas
y corazones. Y los que escucharon la palabra de Dios dada por boca humana, la
sintieron en su corazón como si fuera pronunciada en su idioma. Pero lo que
entendieron era lo que conforme a la madurez de su conciencia espiritual podían
entender. Como pudieron entender en lo más interno de sí mismos la palabra de
Dios dada por boca humana, creyeron que era su idioma.
Comprended: en muchas afirmaciones se añadió o recortó, en cada caso según el
entendimiento del escribano y del traductor. Y en las traducciones se utilizaron
las palabras que le eran familiares al traductor y correspondían a su manera de
entender la verdad.
Vida Universal
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Maite Valderrama
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