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Un hombre

Por Eduardo Gonzalez Viana

Acabo de llamar al Perú preguntando por la salud de mi cuñado Iván Ganoza Quevedo, pero el teléfono marca ocupado. Mientras hago tiempo para llamar de nuevo, diré algo de lo que pienso sobre él.

En lo que llevo de vida, he conocido a varias personas valientes y me siento muy orgulloso de su amistad. Esta tarde recuerdo a dos, a Lucho Ganoza Ríos y a Iván, tío y sobrino. Ambos provienen de Trujillo, por supuesto, de donde sale tanta gente brava.

En los días iniciales de la Segunda Guerra Mundial, Lucho quería ser un héroe, pero el conflicto bélico estaba al otro lado del planeta. Sin embargo, cuando los tanques alemanes se desparramaron por toda Europa, varios países invadidos publicaron avisos en los diarios de América solicitando voluntarios para pelear contra los nazis. Lucho no dudó un minuto que ésa era su oportunidad y se alistó bajo las banderas del reino de Bélgica.

Según lo pensaba, todo iba a ser muy rápido. Conocería Inglaterra, recibiría entrenamiento, combatiría unas semanas, y en ese escaso plazo, contribuiría a la caída de la bestia y se convertiría en un héroe. Por fin, sería un veterano antes de cumplir la mayoría de edad… Como sabemos, la guerra duró un poco más.

Durante cuatro peligrosos años, apostado en la cola de un bombardero, Lucho recorrió Europa muchas veces y conoció Alemania desde las nubes mientras desafiaba el fuego de tierra y dejaba caer bombas sobre los puntos escogidos.

El famoso Día D, uno de cada diez aviones aliados regresó a Inglaterra. Los más ingresaron a Normandía a proteger el desembarco, bombardearon a los nazis y fueron alcanzados por el fuego enemigo. El avión de combate en el que volaba Lucho regresó dos veces a aprovisionarse, y otras tantas volvió al combate. Tres veces era demasiado. A las cuatro de la tarde, recibieron órdenes conminantes de quedarse en Londres.

Por razones de edad, Lucho fue el tío preferido y casi el padre de Iván. No hubo ninguna guerra para él, pero una oportunidad de otro tipo le llegó. En 1957, luego de un duro entrenamiento, se hizo campeón de salto alto con garrocha en Trujillo. De esa competencia pasó a la nacional en Lima. Allí, estaba dispuesto a romper todas las marcas.

¿Por qué lo hacía? … Porque, además de combatiente, el tío preferido había llegado a ser campeón bolivariano en esa especialidad, y él quería ser como él. Lamentablemente, el ómnibus que lo llevaba a la capital sufrió un serio accidente. Iván sufrió fracturas en el brazo derecho y, por lo tanto, quedó imposibilitado de correr y saltar.

Eso, sin embargo, no lo detuvo. A los organizadores, les dijo que las vendas sólo ocultaban magulladuras superficiales, y participó en el evento. Quedó clasificado como uno de los mejores atletas peruanos de salto alto.

De entonces para acá, la vida le ha dado iguales posibilidades que al resto de los peruanos para ser un héroe. La difícil lucha por la vida, las periódicas devaluaciones y caídas bestiales de nuestra economía, incluso algún error devastador de la SUNAT, no le hicieron mella, o tal vez se la hicieron, pero las afrontó como un valiente, como un hombre. Un héroe es todo aquel que hace lo que puede, o un poco más, o sea exactamente un hombre correcto- decía Romain Rolland. En la vida cotidiana, serlo es afrontar la vida y tomar decisiones cuando ello se hace necesario. Mi hermana María del Pilar, su esposa, siempre tendrá de Iván la imagen de un hombre correcto.

Aunque no presentaba síntoma alguno, los médicos especialistas le hicieron saber el mes pasado que padecía una cardiopatía muy severa y que debía someterse a una delicada operación

Iván no lo dudó. A un primo que intentaba detenerlo le respondió que lo que hay que hacer, hay que hacerlo de inmediato. Luego le hizo algunas bromas al cirujano y se subió a la camilla.

Hace más de diez días fue operado. Del quirófano pasó a la sala de Cuidados Intensivos, y de allí no ha vuelto aún…

Acabo de llamar otra vez y me responden que, a pesar de tremendas complicaciones, Iván sigue luchando. Otra vez como su tío Lucho sobre los cielos de Normandía, Iván es tan sólo un hombre, un hombre solo frente a la naturaleza y el destino. Será Dios quien al final decida.

Por Eduardo González Viaña
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Por Eduardo Gonzalez Viana
Publicado Monday 5 de May de 2008 en la Revista opine sección pensamientos



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