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El concepto de género
El género es un concepto cultural que determina el rol que las personas asumen
en sus relaciones sociales, como femenina o masculino, como hombre o como mujer.
Incluye comportamientos, actitudes, creencias, entre otras manifestaciones.
Las culturas asignan un papel normativo y regulador muy significativo a la
pertenencia de género. Tanto y tan rígidamente que cualquier individuo que
escape a las categorizaciones binarias de lo social es inmediatamente
patologizado y discriminado, cuando no obligado a cambiar su identidad para
adaptarse a la norma que indica su pertenencia a uno de los dos géneros
socialmente aceptados: ser hombre o ser mujer.
Hay personas, sin embargo, que no se encuadran dentro de dicha categorización y
a quienes se describe bajo un nuevo criterio denominado el transgénero. Hay
varias teorías que intentan explicar la asignación (y la transgresión) del
género. Estas son el esencialismo biológico, el cognoscitivismo y el
constructivismo social.
La sociedad occidental parte de un supuesto que asigna la pertenencia a un
género sobre la base de su anatomía física. El sexo biológico es uno de los
posibles determinantes del ser hombre o el ser mujer. Sin embargo, la sexualidad
humana es mucho más compleja que la anatomía y la fisiología. Incluye también
cuestiones de identidad (cómo el sujeto es y se siente, psicológicamente) y de
relación con los otros: cómo se ve y cómo es visto en relación con los demás y
los vínculos de poder que se manifiestan en función de estas percepciones.
El esencialismo biológico
Modelo que parte de la base de que todos los mecanismos psicológicos de las
personas son fundamentalmente biológicos. Señala que hay situaciones
naturalmente propias de individuo que no son afectadas por la cultura. Cualquier
desviación de lo considerado “normal” y “sano” (es decir, cuando hay una
incongruencia entre el cuerpo físico –biológico– y la identidad sexual de una
persona) es patológica. Se plantea que existe “lo natural” (que es ser hombre o
ser mujer, según los genitales con los que hemos nacido) y que cualquier
diferencia es un trastorno. Así se desprende de la aparición en la psiquiatría
del diagnóstico conocido como “Trastorno del rol de género”.
El esencialismo biológico intenta aproximarse a estas “patologías” a través de 3
explicaciones básicas: el campo genético, el hormonal y el
estructural/anatómico. Se plantea la posibilidad de heredar la “desviación
sexual”.
La teoría hormonal sostiene que el género se determina previamente al
nacimiento, gracias al impacto de las hormonas en la constitución de las
identidades. Se asocia, por ejemplo, una menor presencia de hormonas masculinas
en los hombres homosexuales.
John Money propuso un enfoque innovador a esta teoría señalando la importancia
de la interacción naturaleza-ambiente. Money indicaba que el proceso de
socialización podría llegar a ser más importante que lo biológico, aunque no
pudieran separarse.
Las críticas a este modelo señalan que éste pretende reducir la compleja
experiencia humana a los dictámenes del cuerpo. El esencialismo biológico puede
ser considerado simplista al proponer un debate entre naturaleza versus
ambiente. Otra crítica que se le puede hacer se relaciona con la tendencia a
englobar en una misma categoría a todas las personas “desviadas” de lo natural.
Los seres humanos no somos máquinas mecánicas. No puede obviarse la influencia
de los procesos cognoscitivos, psicológicos y sociales en el desarrollo humano.
En la actualidad, los trastornos psiquiátricos dentro de los cuales se incluyen
las diferencias sexuales tienen una fuerte y cercana vinculación con las normas
sociales y el manejo del poder.
El modelo cognoscitivo
Los seres humanos construimos nuestra identidad sobre la base de una interacción
entre el sujeto y la sociedad; entre lo fisiológico y lo social. Cada individuo
aprende a ser hombre o mujer, aprende conductas y actitudes relacionadas con lo
masculino y lo femenino. La diferencia de las personas transgénero reside en que
hay una incongruencia entre su identificación de género y su anatomía sexual.
Las expectativas sociales con respecto a niños y niñas son diferentes y éstos
van armando su identidad a través del modelaje. Sin embargo, el proceso de
sentirse como varón o como mujer contiene muchos más factores que sólo el
aprendizaje sobre las diferencias anatómicas entre los sexos, la división del
trabajo y las responsabilidades, la función reproductiva y los atributos de la
personalidad. Requiere también el aprendizaje de un esquema cognoscitivo, un
grupo de asociaciones que permiten asignar estructura y significados a los
estímulos recibidos. Lo que se percibe es una interacción entre la información
que se recibe y el esquema preexistente.
La categorización sexual implica el autoconcepto y el aprendizaje de la propia
adecuación dentro de una determinada estructura genérica. El proceso educativo
se produce en un marco que formaliza y reproduce las definiciones culturales de
la masculinidad y la feminidad.
El niño o la niña se autocategoriza sexualmente y valora (y copia) los modelos
que percibe similares, para sentirse congruente con los atributos de su género.
Esta teoría otorga mucha fuerza a la interacción entre la autopercepción y la
conducta en sí misma y la expectativa de los otros y la respuesta ante dicha
conducta en un determinado contexto. Se centra en la manifestación de las
conductas asociadas con el género, las creencias normativas (factores
culturales) que sirven para interpretar y juzgar dichas conductas. El cuerpo es
un elemento indispensable en la conformación de la identidad y de la
manifestación de la pertenencia genérica. Por ello, muchas personas transgénero
necesitan adecuar su cuerpo a lo que sienten como su “verdadero yo” para sentir
congruencia.
La crítica a este modelo se relaciona con la incapacidad de trascender el
dualismo “naturaleza-ambiente” y de centrarse de modo muy importante en los
procesos psicológicos, por sobre los biológicos y los sociales y no ha podido
explicar cómo interactúan los tres.
El constructivismo social
Surge como modelo para explicar la diversidad y parte de la base de que quienes
somos está influido por la cultura y sus significaciones. Michel Foucault fue el
primero en identificar la sexualidad como construcción influida por un contexto
temporo-espacial.
El constructivismo social señala que las personas nos acercamos al mundo a
través de conceptos y categorías ya disponibles, que varían en función del
tiempo y en las distintas culturas. También señala que estos conceptos o
categorías dependen de su utilidad más que de su validez y que las explicaciones
del mundo son una forma de acción social.
El constructivismo social plantea que las personas no nacemos hombre o mujer
sino que nos identificamos y constituimos como tales. Los individuos
internalizan funciones, roles y características que su cultura asigna a cada
sexo anatómico y el género es la estructura dentro de la que se inscriben sus
significados. Las diferencias entre hombres y mujeres no son sólo corporales y
sociales, sino también sexuales y psicológicas.
La sociedad estimula la creación de categorías dicotómicas, excluyentes y
limitativas. Los significados relacionados con el género y la sexualidad, como
la identidad de género, las identidades sexuales y la orientación sexual, son
constructos predeterminados y responden a intereses particulares, cuyo objetivo
fundamental es la regulación de las manifestaciones del ser para perpetuar la
desigualdad en las relaciones de poder.
El género es uno de los criterios más importantes para ejercer el control
social. La cultura establece fronteras bien definidas entre lo permitido y lo
perverso. Pero estas líneas dependen de cada cultura y no son universales: a
esto se denomina relativismo cultural.
Cada sujeto sexuado no responde a un simple dato anatómico. Cada persona hace
una interpretación particular de su propio cuerpo y ello no depende sólo de lo
biológico.
Limitaciones o críticas:
o Posible (y paradójica) generalización de los fenómenos.
o Insinuación de superioridad teórica.
o Es crítica más que proveedora de soluciones.
o Es un modelo cargado por los discursos sociales propios de su tiempo.
o Se deja seducir por la fuerza del control social.
Conclusiones
Cada uno de estos modelos permite la visión sobre un fragmento de las posibles
explicaciones para que cada profesional pueda formarse su propio juicio. Lo
cierto es que la presión social implica que sólo se permite el sistema binario.
Quien no se enmarque dentro de él es considerado desviado o perverso.
Resulta indispensable reconocer la importancia del cuerpo como vehículo de
expresión del ser.
Se hace necesaria una apertura social para acompañar a las personas diferentes
en su sexualidad y permitirles vivir una vida más satisfactoria.
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