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LA PASIVIDAD MATA

Por Originario Ashima

 Con frecuencia, las paredes hablan. En la del almacén de una vieja estación de ferrocarril aparecía el sugestivo graffiti que tomé prestado para las siguientes reflexiones.Y como me parece un buen recordatorio del mayo francés , decido adoptarlo como homenaje.

La pasividad que mostramos como humanos ante nuestros defectos y autolimitaciones en general tanto como ante nuestras condiciones negativas de existencia es, en muchos casos, sorpresiva; pero en muchos otros, dolorosa. Viendo las miserias personales a que llegamos en nuestra especie, las injusticias que a diario cometemos unos contra otros, los abusos de los poderosos sobre los débiles, la penuria de las vidas de cientos de millones que callan y prefieren morir en silencio no podemos más que asombrarnos ante tantas formas malignas que se derivan de la pasividad.

Si como ciudadanos votamos en una democracia, lo hacemos en realidad a conciencias parecidas a la nuestra. No son mejores personas los votados que los votantes; no pertenecen a una clase especial de humanos, sólo a una clase que se ha decidido por una opción del egocentrismo que otros no desean o que sus circunstancias sociales no le permiten. Por supuesto, no es una cuestión de inteligencia o de imaginación la que encumbra en el poder sobre otros (basta mirar lo que hacen los políticos y especialmente lo que dejan de hacer). Sin embargo, los gobiernos son muy representativos de un estado generalizado de conciencia mundial...

Los que gobiernan son poco dados al altruismo, la bondad y el trabajo por vivir de acuerdo con las leyes divinas, en las que no creen. Exactamente, como sucede a la mayoría de ciudadanos. Así que podemos estar de acuerdo con relativa facilidad en que son impensables gobiernos justos, bondadosos, etc. mientras la conciencia de los pueblos no sea justa, bondadosa, etc. y existan tantas causas de división y enfrentamiento entre las gentes. Esta podría ser una causa de pasividad colectiva. Pero caben otras más.

Si nos dirigimos ahora a la presión mediática de manipulación sobre cada persona en el sentido de inducirle a actuar tal como se desea por todos aquellos que ejercen poder (políticos, iglesias, comerciantes, industriales), y observamos la filosofía competitiva e individualista que impera en colegios y lugares de trabajo, nos damos cuenta enseguida que todos esos esfuerzos van encaminados a conseguir un comportamiento colectivo basado en la práctica de tres principios básicos que cualquier tipo de poder se afana en llevar a cabo en todos los rincones del mundo y en cualquier parte donde existan colectivos humanos controlados: ATA, SEPARA, DOMINA.

Alrededor de estos tres ejes de comportamiento giran la mayor parte de las relaciones humanas egocéntricas, y pos supuesto, son estos los que definen exactamente el modo en que operan los poderes políticos mundiales en todos los gobiernos. Estas tres formas de actuación, que en realidad se basan en la envidia, la codicia, el orgullo y la soberbia no sólo expresan el yo inferior humano, sino la existencia entre nosotros de fuerzas auténticamente demoníacas opuestas a las leyes divinas del amor que es unidad y reconciliación.

Estas fuerzas tienen acceso a las almas de los que tienen esos defectos, no los corrigen y pueden actuar desde ellas induciendo a otros contra las leyes del amor: la unidad, la hermandad, la justicia, la igualdad. Y por supuesto, contra la libertad. Por eso hay en este mundo tanta escasez de todos estos valores entre las personas, y, por supuesto, en los gobernantes.

Estas son, tal vez las principales causa de la pasividad ante las injusticias que matan. Y aunque pudiéramos hablar de los castigos contra los que renuncian a la pasividad a los que tan dados son -para eso están- los cuerpos policiales o militares, las mortíferas armas modernas, y otras formas de represión, me vienen a la memoria aquellos versos de Bertolt Brecht: "General, tu tanque es poderoso, pero nece!
sita un hombre que lo sepa guiar".

Hasta que el hombre, cada uno de nosotros, no esté dispuesto a aceptar la regla de oro que Cristo nos recuerda: "Haz a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti y no hagas a otros lo que no deseas para ti", viviremos esta pasividad que mata en tantas partes y el general tendrá en su tanque un hombre dispuesto a disparar.
 

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Por Originario Ashima
Publicado Monday 12 de May de 2008 en la Revista opine sección reflexionar



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