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El perro es parte de la familia, y en su organización social él ocupa un
lugar dentro del "clan" que conforma junto a los humanos. Su dueño es el líder
de la manada, así lo siente y lo interpreta, aunque éste líder de la manada no
sea de su propia especie.
Traer un nuevo cachorro a la casa es traer un nuevo integrante a este "clan", y
para el perro que ya está en la casa el nuevo perrito se ubicará "debajo de él"
en su orden social. Pero cuando quien llega a la casa es un cachorro humano, el
bebé va a tener casi toda la atención de líder del clan y de la reina del clan,
y del resto de los integrantes de la familia. El perro puede interpretar que ese
nuevo integrante es "una amenaza", y puede cambiar de actitud. Lo mismo ocurre
cuando llega un segundo hijo a una familia, el hermano mayor puede no tomarlo
muy a bien, hasta que se adapta y entiende que el bebé no lo desplaza en la
atención y el cariño.
El primer consejo es no olvidarnos del perro (seguir atendiéndolo en iguales
condiciones, que no sienta celos) y presentarle al nuevo integrante. Criar a un
pequeño junto a un animal doméstico trae muchos beneficios, sobre todo en lo que
hace a la sociabilización del niño, y hay muchas razas de perros que son ideales
para la estimulación y el juego con los bebés (cuando ya no son tan bebés y
tienen algunos meses de vida, obviamente).
Cuando el bebé llega a la casa desde el sanatorio, se sugiere que al recién
nacido lo sostenga otra persona en presencia del perro, y la madre acaricie y le
brinde atención al perro. Recordemos que en los últimos días es muy probable que
con los preparativos del parto la madre casi no haya estado con el perro. Es
importante que vuelva a conectarse con él, para que el perro no se sienta
descartado.
Presentarle al nuevo integrante es algo tan sencillo como dejar que el perro
note su presencia, hablarle y comentarle del bebé, literalmente presentarselo,
algo así como decirle: "Este es Bebé..."...
Consejos para la armonía entre el bebé y el perro
En "El primer año de tu bebé", de la Academia Americana de Pediatría se señalan
varias recomendaciones, como no dejar nunca solo al bebé con el perro, enseñar
al niño a no acercar su cara a la de la mascota, no tirarle de la cola (del
rabo) y no molestarlo cuando come o duerme (hay que respetar los momentos y los
lugares del animal).
Una recomendació muy habitual, dada tanto por veterinarios como por etólogos, es
que antes de llevar a casa al bebé, algún miembro de la familia permita al perro
olfatear una prenda que haya usado el recién nacido en la clínica, para que el
animal comience a distinguir por el olfato al nuevo miembro del clan.
Dependiendo del carácter previo del can, quizás convenga inscribirlo en un curso
de obediencia en el que un experto inculque al animal las bases de la jerarquía
familiar y refuerce su obediencia al recibir órdenes. Esto servirá para que el
perro asuma que el niño está por encima de él.
La Asociación Americana de Hospitales para Animales aconseja que antes del
nacimiento del bebé, el perro se acostumbre a los nuevos muebles y objetos
relacionados con el niño, para que no sea una presencia extraña. Esto se puede
aplicar incluso si no quieres que el perro entre en la habitación del niño.
Primero, que la conozca, la huela, y después, enseñarle que no debe entrar.
En las primeras semanas, hasta que el animal se adapte a la nueva situación, es
conveniente que delante del bebé se acaricie y se de estímulos al perro. Y
cuando las mascota recibirá una reprimenda, se recomienda no hacerlo en
presencia del bebé. Esto hará que el perro asocie al bebé con cosas positivas.
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Cortesía de MascotasEnElHogar|
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