
La derrota sufrida anoche por el equipo de Japón a manos de Sud Corea con
marcador de 4 carreras por 1 en el estadio Petco Park de San Diego, California,
no solamente contravino la intención nipona de alcanzar directamente el boleto
hacia la semifinal de Los Ángeles sino que, además, lo arrastró a una difícil
encrucijada: enfrentar por segunda vez, en apenas unos días, a la potente
selección cubana de beisbol; esta vez en partido de muerte súbita en el que
estará en juego la permanencia dentro del II Clásico Mundial.
Aunque en el encuentro anterior Japón salió triunfante 6 carreras por cero y
pudo celebrar su victoria sobre los antillanos, tal como lo hicieron en la final
del I Clásico Mundial, la historia no suele repetirse como un calco porque las
circunstancian cambian y las nuevas variables pueden conducir a un desenlace
contrapuesto.
Sin ningún género de dudas, la actuación del estelar serpentinero de los Medias
Rojas de Boston, Daisuke Matsuzaka, ha tenido un importante peso específico en
el curso tomado por los acontecimientos en esas dos oportunidades aludidas
previamente; ello, sin restar mérito a la labor colectiva de una selección que
juega con estricta disciplina táctica y tiene otros atributos que la convierten
en un adversario extremadamente peligroso.
Esta vez los asiáticos no podrán depender de su invaluable estrella, Matsuzaka,
ni de Yu Darvish, la segunda figura de mayor relieve en su cuerpo de lanzadores,
quien trabajó en el encuentro de ayer. Aún así, no se puede descalificar al
resto de la nómina monticular que trabaja de conjunto para formidable 1,29
frente a los 3.38 de Cuba
A Darvish Cuba le ganó en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008; sin embargo
nadie puede poner en tela de juicio su maestría y el hecho de que su presencia
en el box podría significar un recio valladar para la artillería cubana.
Por otra parte, la experimentada dirección cubana hará las adecuaciones
correspondientes para privilegiar un juego en que la velocidad en las bases y el
juego táctico reemplacen el estatismo y la apuesta a los grandes batazos, ya que
este último enfoque no se corresponde ni con las características del escenario,
ni con las peculiaridades del equipo a enfrentar.
Pienso que tal vez el reto mayor para nuestro plantel es conseguir que su
pitcheo logre la efectividad necesaria para frenar el ataque japonés que, aunque
no destaca por sus guarismos (268 con sólo 3 cuadrangulares, dos de ellos del
antesalista Murata y el otro del receptor Kenji Johjima) es capaz de producir
ante la menor brecha.
En el orden ofensivo Cuba viene avalada por el mejor promedio de la lid (343,
con 11 jonrones y slugging de 615); no obstante -como ya decíamos - no hay que
asumir poses de slugger, sino producir carreras mediante la sabia articulación
de todos los resortes ofensivos.
El equipo cubano ha dado muestras, más de una vez, de su capacidad para encarar
los juegos decisivos y tiene el arsenal técnico-táctico, el talento y la
motivación suficientes para torcer el rumbo de la historia más reciente y eso lo
saben los japoneses, a quienes con seguridad – a pesar de su probada sangre fría
y su sagacidad- no escapan los elevados riesgos que supone el encuentro de esta
noche.
El voto de confianza para nuestros aguerridos atletas, - cuya estirpe de
campeones es una orla que acompaña a su glorioso estandarte- albergando la
certeza de que, como se ha dicho otras veces, ellos regresarán con el escudo o
sobre el escudo.
En el otro encuentro señalado para hoy Venezuela y Estados Unidos definirán el
primer lugar del Grupo 1 con sede en la ciudad de Miami.
Ayer los estadounidenses dejaron al campo dramáticamente a Puerto Rico 6
carreras por 5 y lo sacaron de la competencia, a pesar del encomiable desempeño
boricua, último seleccionado en perder la condición de invicto.