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La Ciudad Perdida
Ya en la base, y mientras saboreaba un refresco que había preparado la abuela
de Carlitos, surgió de nuevo la charla, y apareció un nuevo personaje. El jefe
de mantenimiento del aeródromo, Guillermito, un piloto al que habían prohibido
volar por oscuros motivos. Él fue quien acaparó toda mi atención.
“Llevo volando más de treinta años. He servido en el ejército y más tarde en la
aviación comercial. Estuve con Erick Von Daniken sobrevolando las líneas y con
el equipo de la película de Fitzcarraldo. Yo les servía las provisiones en mitad
de la selva mientras rodaban la película. Aquellos si que estaban locos...”
Era una mezcla de demente aventurero y buscador de tesoros que se había pasado
la vida sobrevolando el Amazonas en misiones tan arriesgadas como poco
confesables, eso fue lo que al parecer le costo su título de piloto. No quise
preguntarle más sobre el asunto, pero no resistí la tentación de preguntarle sí
sabia algo sobre una ciudad perdida en la selva a la que llamaban el Pai Ti Ti.
Enseguida obtuve su respuesta.
“¿Qué cuándo nos vamos hacia allá? Le pides una avioneta a Carlitos, parece que
le has caído bien, y nos vamos mañana mismo. Sé el lugar exacto donde se
encuentra esa maldita ciudad, la he sobrevolado en tres ocasiones. Esta perdida
en mitad de la selva, a hora y media de vuelo de Machu Pichu, y cuando la ves te
sobrecoge”.bEmbriagado por la charla, le pregunté porqué.
“Una vez que has salido del Machu Pichu, a menos de una hora de vuelo, ya
comienzas a ver extrañas construcciones tragadas por la selva. Un poco más allá,
se te caen los calzoncillos al sobrevolar la zona. Hay tres pirámides gigantes
que destacan por encima de los árboles de la selva y lo que se adivina allá
abajo es tremendo. Debió ser un lugar gigantesco. Lo que no comprendo es como el
ejército Peruano no ha entrado aún en la zona. Nosotros tenemos el lugar situado
por el aire, por tierra es imposible llegar hasta él y, no existe ni un solo
claro en mas de 200 kilómetros para poder aterrizar, a no ser que te tires en
paracaídas es imposible acceder al lugar, ni siquiera con helicópteros, no hay
forma humana de posarse allí, por eso se conserva aún intacta. Pero si estas tan
loco como parece, si quieres, montamos una expedición y te la enseño desde el
aire... esta en tu mano”.
Era una oferta tentadora, pero no estaba preparado para el viaje, no tenía ni el
tiempo, ni el material necesario para poder hacerlo en esa ocasión, así que le
hice prometer a Guille que no olvidara su ofrecimiento para mi próximo
viaje.“Eso esta hecho, porque nos volveremos a ver, seguro... ya eres de la
familia y te espero más veces por aquí, pero ahora ven, vamos a cenar, quiero
que conozcas al resto de los muchachos. Pero antes debes despedirte de Carlitos
que se va a Lima a buscar equipos de repuestos nuevos que nos llegan de
Alemania”.
Así lo hice. Me despedí del comandante y quedé en compañía de un grupo de
visionarios locos, aviadores, que eran los dueños de los cielos de las pistas de
Nazca.
La cena transcurrió llena de aventuras, de anécdotas, de vivencias de viejos y
jóvenes pilotos. Algunos de ellos ya se aburrían de transportar a turistas
rollizos, llegados de todo el mundo para ver las líneas, y estarían dispuestos a
nuevas aventuras de descubrimiento, así que trazamos un plan para visitar ese
lugar mágico y desconocido que era el Pai Ti Ti. La charla continuó ruidosa
hasta que alguien habló de una misteriosa cueva. “¿Cómo?” -pregunté enseguida-.
“Sí” -Contestó Ortiz, un piloto ya maduro-. “Hay una cueva cerca de la fortaleza
de Sacsaguaman, en la que puedes oír las voces de los Apus, de los espíritus. No
es muy conocida, pero es fácil llegar a ella si convences a los nativos de la
zona para que te guíen hasta el lugar”.
Sonaba igual que la historia que me habían contado en Colombia; una Cueva en la
que se oían las voces de los Apus. Y ahora estaba mucho más cerca de ella de lo
que nunca hubiera imaginado. Me despedí de mis compañeros tras unas jornadas en
las que me sentí parte de aquella familia y, de nuevo, con la promesa del
reencuentro, partí hacia Lima. Al llegar a la capital ya tenía dispuesto mi
nuevo transporte hacia la capital imperial de los Incas. Cuzco sería mi nuevo
destino.
Cuzco, el Centro del Mundo
Nada más descender del avión sentí esa extraña sensación. Cuzco, la antigua
capital del imperio de los Incas, esta situada a 3.467 metros sobre el nivel del
mar y la altura se siente en los cuerpos que no están habituados. Me aconsejaron
descansar toda la mañana hasta que me acostumbrase a la nueva sensación. Por la
tarde, un poco mas recuperado, aunque con un intenso dolor de cabeza y una
fatiga crónica que me impedía moverme con libertad, comencé a descubrir la
ciudad.
Cuzco, fue la mítica capital del Imperio Incaico, ciudad imperial y, según
cuenta la leyenda, fue fundada en el siglo XI o XII, cuando el primer Inca,
Manco Cápac, funda “El Cusco” cumpliendo un mandato del Dios Sol.
Toda la ciudad tiene un aire de misterio, sus calles empedradas y los
gigantescos muros de sus casas parecen parados en el tiempo esperando el momento
de sacar a la luz sus misterios. Tras un paseo nocturno por la capital me fui a
dormir. Al día siguiente, recuperado del mal de altura, estaba listo para
conocer un poco la historia de la ciudad sagrada de los Incas. Y así ocurrió. En
muchas partes del mundo las cosas suceden “mágicamente” y en Perú esto se eleva
a la enésima potencia. Si “te dejas llevar” es frecuente que pronto encuentres
respuesta a tus preguntas.
Caminaba por la plaza de Cuzco admirando los monumentos, sin rumbo fijo, cuando
apareció un curioso personaje. Cubierto con el típico atuendo de los montañeses
se dirigió a mí y me dijo: “Estas en la ciudad sagrada, en el ombligo del mundo,
éstas piedras que ahora contemplas fueron un día el centro del imperio inca”.
Como no tenía prisa decidí tomar mi primera lección de historia de boca de aquel
extraño individuo.
“El imperio Inca fue uno de los mas grandes imperios del continente americano.
Sus dominios se extendían desde el norte del Ecuador a la parte central de Chile
y desde los Andes hasta la parte meridional de Colombia en la costa. Toda la
historia de los Incas se basa en la presencia de extraños dioses que les
ayudaron en su desarrollo y les mostraron el camino a seguir”.
Mientras le escuchaba pensaba sí serian Dioses o seres venidos de lejanas
galaxias. En pocos lugares del mundo uno se llega a sentir tan cerca de esas
“extrañas entidades” celestes llegadas del más allá como en esta región. “A la
tarde, si lo deseas, podré mostrarte algunos lugares de interés donde podrás
sentir el poder del mundo Inca”. Había algo en aquel tipo menudo y tímido que
inspiraba confianza, así que fijé la cita y me retiré.
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Cortesía de Miguel Blanco|
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