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Viaje imaginario y un deseo de hacerlo realidad
He llegado en tren. Son las seis de la mañana. Con mi morral en mi espalda he
caminado por las calles y callejuelas. Estoy en Córdoba, ciudad que había soñado
conocer. Estoy frente a la mezquita. Tantas historias pasadas que se pueden
contar. Lugar bello por su arquitectura, sus formas, sus arcos, sus pilares, sus
mosaicos y sus colores. Este lugar que ha pasado a ser recinto de lo sagrado
bien musulmán, como también cristiano y, hoy, testimonio de la historia. Hay
diferentes influencias en su construcción.
Pero acerquémonos a recordar un poco esa época. Es el año 711, en estas tierras
dónde antes habían vivido, amado, mezclado, trabajado, peleado y estado:
romanos, fenicios, visigodos, cartagineses, vikingos, judíos, celtiberos y mucho
otros pueblos. Llegan los árabes, y los beréberes para quedarse ocho siglos. La
ciudad la atraviesan las aguas del río Guadalquivir. Urbe de universidades,
escuelas y bibliotecas que dieron un gran desarrollo en lo cultural: artistas,
filósofos, científicos poetas, literatos. ciudad crisol de pueblos, paradigma de
la tolerancia y convivencias entre pueblos y religiones; donde se desarrollaron
grandes intercambios con otros conceptos y filosofías, vanguardias del saber.
Sin embargo, hubo, por momentos, conflictos entre las diferentes religiones y
pueblos.
Montados en sus caballos los árabes y sobre todos berberiscos. pueblos del norte
de África, los cuales, durante años fueron llegando y aportando con ellos toda
una gran erudición que traían desde la lejana China, de Grecia, de Egipto, de
Persia y de grandes civilizaciones pasadas y que contribuyeron con los
conocimientos en: agricultura, arquitectura, literatura, filosofía, química,
matemáticas, geometría, como también, aportaron diferentes frutas y legumbres
procedentes de la India y del lejano oriente como: la naranja, limón, cebolla,
mandarina, cilantro, albaricoque, y muchas otras, las cuales, se adaptaron a la
península Ibérica y, años después, fueron transportadas por los conquistadores a
América.
Del mismo modo: las especias, entre ellas, la pimienta traídas desde muy lejos,
como también, el gusano de seda, las abejas y otros animales domésticos, la
pólvora, la tinta, el papel, y la brújula invenciones chinas, éstas últimas;
importantes en el desarrollo de Europa por los viajes y el aprendizajes a una
vida de conocimientos, lujo y de gran exquisitez, y el desarrollo de la
navegación que les permitió ir cada vez más lejos.
Algunas palabras árabes, llegaron para quedarse y enriquecer el español con
nuevo léxicos: alcalde, albaricoque, albañil, alacrán, ajedrez, almohada,
alcoba, ojalá, arroz, espinaca, alcohol, talco, sofá, garrafa, naranja,
ajonjolí, azúcar y muchas otras más.
Los números romanos fueron perdiendo su vigencia y utilidad, ya que los
musulmanes habían aportado los números árabes, que por cierto, no son árabes,
sino de la India. En esa época ese cambio de números romanos a números arábigos,
creó grandes polémicas, y pasaron algunos años antes de adaptarse al cambio e
imponerse hasta el día de hoy. ¿Qué complicado sería hacer un número telefónico
en números romanos? pero ya eso es, historia del pasado.
Averroes, Maimonides y muchos otros filósofos y científicos aportaron grandes
conocimientos en la medicina y, en la filosofía. Platón, Aristóteles, y otros
sabios de la antigüedad fueron traducidos del griego al árabe y más tarde al
español. Córdoba fue una ciudad donde las culturas judía, cristiana y musulmana
se enriquecieron mutuamente. En el cual, judíos y árabes trabajaron juntos para
el saber y el conocimiento. Para el Islam, el conocimiento era el camino de
encontrar a Alá, (en árabe Allah) y la mezquita con sus arabescos era la vía de
llegar a él. Todos estos pensamientos y conceptos, sirvieron para el avance del
mundo occidental.
Los conflictos entre el Medio Oriente como centro, como lo fueron el Califato de
Bagdad y el Califato de Córdoba, en la Península Ibérica cada día se hizo más
agudo: la reconquista expulsó a los musulmanes y el dominio de los Reyes
Católicos Fernando e Isabel tomaron el control. El descubrimiento del nuevo
mundo en 1492, y la expulsión de los árabes y judíos en el mismo año, produjeron
cambios en la Europa de la época.
Hoy me paseo por sus calles, mañana me pasearé por la ciudad de Granada y
visitaré L'alhambra y caminaré por sus jardines; quiero pararme en el lugar
donde el sultán Boabdil, llorando y triste porque tenía que abandonar la ciudad,
su madre Fátima, le dijo: "Lloras como una mujer, lo que no supiste defender
como un hombre". Mientras tanto el sultán de Estambul, (Turquía) sorprendido por
tanta sabiduría, e ideas modernas para la época; aportado con la llegada de
tantas personas expulsadas procedentes de España, y enriqueciendo con ésta
emigración al imperio: Los Otomanos.
Las calles angostas, las casas blancas, sus jardines con sus fuentes, su música,
sus costumbres, sus pisos de mosaicos plenos de arabescos, y de gran colorido.
Cansado de pasear, llego al hotel. Abro la puerta de la habitación e
inmediatamente voy a ducharme, siento el agua fresca sobre mi cuerpo, y recuerdo
la importancia del agua en hombres que una vez vivieron acá, eran los hombres
del desierto. Ellos construyeron jardines plenos de flores multicolores, tanques
con agua, era la representación del paraíso en la tierra. Me dirijo al comedor,
pido el menú y encuentro como está presente la cultura árabe en las comidas, me
apetece una sopa de gazpacho y pido un vaso con vino; luego, voy a mi cuarto,
mañana tomaré el tren para irme a Granada y me quedo meditando, todo lo que el
mundo Occidental debe a la cultura islámica... y me quedé dormido profundamente.
cómo he disfrutado ese viaje en lo imaginario paseándome por ocho siglos de
historia.
Esteban Castillo
Estebancastil26@hotmail.com
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