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“En 24 horas al cuartel,
en 15 días en Corrientes,
en tres meses, en La Asunción”
Presidente de la Nación, Gral. Bartolomé Mitre, 1865
“Si quieren venir
(a las fuerzas armadas británicas)
que vengan;....
les presentaremos batalla”
Presidente de la Nación, Tte. Gral. Leopoldo F. Galtieri, 1982
Declaraciones y escritos sobre el trágico suceso del siglo XIX, ocurrido entre
1865 y 1870, entre otras, hasta de la Presidenta de la Nación, y demás
repercusiones derivadas, nos llevan a intentar un modesto aporte a la tarea de
“precisar la historia”, procurándolo de la manera más completa que nos resulte
posible. Especialmente, en relación a hechos u opiniones que, por una u otra
razón, “no tuvieron ni tienen buena prensa” y, precisamente por ello, dificultan
una comprensión íntegra y más o menos objetiva de la contienda y sus
consecuencias.
Como bien es sabido y nos lo recuerda recientemente Pacho O’Donnell en
detallados y documentados textos (Revista Noticias N° 1564, de fecha 16/12/2006,
y diario La Nación, de fecha 5/02/2008), el conflicto (la guerra de la Triple
Alianza -Argentina, el Imperio Brasileño y Uruguay- contra el Paraguay) mereció
la pública postura contraria de notables como Guido y Spano y José Hernández, y
la furiosa pluma del -ya maduro y convincente- Juan Bautista Alberdi, entre
otras voces.
El tucumano, por entonces en Francia y habiendo desempeñado con éxito las tareas
diplomáticas encargadas por la flamante Confederación Argentina (1854-1860),
conocía los pormenores del promisorio Paraguay y mantenía (y así lo denunciaba
antes, desde el periodismo en su exilio chileno) cierta desconfianza hacia el
expansionismo brasileño. Tampoco desconocía las aspiraciones político-militares
del líder porteño Bartolomé Mitre, el biógrafo de Belgrano y San Martín,
encandilado seguramente por las guerreras condecoraciones que, en Europa, lucían
Napoleón III y otros gobernantes. La intensa correspondencia epistolar con
varios de sus amigos del Plata, en especial, con José Cayetano Borbón, lo
mantenía informado sobre los pormenores intrínsecos de la política argentina y
de los países vecinos.
El célebre jurista, que había ya hecho a la institucionalidad argentina el mayor
aporte intelectual del derecho público -escribiendo en 1852 sus memorables
“Bases”- no ahorró tinta ni plumas para denunciar “el crimen de la guerra”, como
se dio en llamar a una compilación de sus críticos artículos condenando a la
terrible contienda y a sus responsables políticos. Dicha actitud lo hará
acreedor a la calificación de “traidor vendido al oro extranjero”, sólo
morigerada por los ex presidentes Mitre y Sarmiento ante su último regreso al
país hacia 1879.
La militancia alberdiana en favor de la paz muestra, directamente, su propia
evolución intelectual y política, y -fundamentalmente- resulta coherente con los
sucesos institucionales precipitados por Caseros. Aparecen, entonces, las
consecuencias derivadas de la caída rosista, que inauguran “el proceso de
constitucionalización” (1853-1860) del programa político bosquejado en 1852, con
más las reformas porteñas.
“Cada guerra, cada cuestión -escribe Alberdi en esas “bases”- cada bloqueo
que se ahorra el país, es una conquista obtenida a favor de sus adelantos. Un
año de quietud en la América del Sud representa más bienes que diez años de la
más gloriosa guerra”, para fundar los beneficios de dictar una Constitución
que posibilite la paz, el progreso y la prosperidad. Esas “políticas
de estado” que -con marchas y contramarchas- abren paso a las presidencias
fundadoras y subsisten marcando a fuego la historia política argentina desde
1853 y hasta 1930.
Así, promueve sin dudas la sustitución de las glorias militares por los méritos
económicos, “el entusiasmo guerrero por el entusiasmo industrial, volcando dicha
prédica en todo el sustancial articulado desplegado en el histórico Texto
Fundamental de 1853 y que aún perdura (declaraciones, derechos, garantías y
libertades, población e inmigración, colonización y desarrollo agrícolo-ganadero,
comercio, producción, ferrocarriles, libre navegación, telégrafos, libertad de
cultos, industrias, educación, instrucción pública y oficios, etc.). Es decir,
todo aquello que una guerra conmueve, deshace, interrumpe, trunca, desmorona,
..., en fin, destruye.
En aquellos artículos (denominados luego “El crimen de la guerra”), publicados
en Francia entre 1865 y 1869, expresaba nuestro prócer:
"En Sud América la guerra es un crimen de lesa civilización.... Los gobernantes
son los responsables de las guerras.... La libertad que los presidentes Mitre y
Sarmiento han servido por la guerra contra el Paraguay, cuesta a la República
Argentina diez veces más sangre y diez veces más dinero que le costó toda la
guerra de su independencia contra España”.
“La guerra absorbe el presupuesto de gastos, deja a la educación y la industria
sin cuidados, los trabajos y empresas desamparados y todo el tesoro público
convertido en beneficio permanente de una aristocracia especial compuesta de
patriotas, de liberales y de propagandistas de civilización por oficio y
estado... Los héroes de la guerra civil son monstruos y abominables pigmeos,
lejos de ser rivales de Bolívar, de Sucre, de Belgrano y San Martín”.
Pero no fue el único, ni su postura fue aislada o desoída. Ya se conocen las
resistencias que la contienda generó en las provincias.
Carlos Guido y Spano -que, junto a Agustín de Vedia, había fundado el diario “La
América” para promover la paz y criticar la política mitrista- cuestiona
severamente la “vocación libertaria” proclamada por las autoridades argentinas;
y se interroga: “¿Y quién nos ha dado el derecho de intervenir en su (de
Paraguay) régimen interno, de imponerle a balazos una civilización de la que el
hecho mismo sería su contradicción más flagrante ?”.
José Hernández condena el argumento consistente en batallar en favor de la
independencia, pero “contra la independencia de un pueblo”. Y continúa:
“ Cómo puede llamarse guerra de regeneración para el Paraguay la que estamos
sustentando, arrebatando palmo a palmo el territorio y pasando adelante sólo
sobre los cadáveres de sus defensores.”
El propio “adversario diplomático” de Alberdi en Europa (pues representaba al
estado de Buenos Aires, contra la entonces Confederación, 1854-1860) Mariano
Balcarce (el yerno del Libertador), sostenía que la guerra, “por gloriosa que
sea, paralizará los rápidos progresos y perjudicará nuestro crédito con el
extranjero, donde se imaginan que nunca podremos vivir en paz”.
“... Podrán (Mitre y Sarmiento) escribir volúmenes para probar que han tenido
razón en hacer perecer trescientos mil hombres y gastar mil millones de francos
en la guerra del Paraguay... más todo el Mediterráneo convertido en tintero no
bastaría para disuadir al mundo de que ‘tal guerra ha sido el crimen más grande
de que presente ejemplo el suelo clásico de las guerras sin motivo’”, reflexiona
el pensador tucumano hacia mediados de 1870.
Para el final, algunos datos, conclusiones y transcripciones:
- La guerra duró 5 años;
- Solano López no fue el héroe de la contienda; el Paraguay sufrió más de un
millón de muertos y quedó desvastado;
- El imperio brasileño sufrió 168.000 bajas y un gasto de 56.000.000 de libras
esterlinas, y se adueñó de los territorios en disputa, a espaldas del tratado de
la Triple Alianza;
- Argentina sufrió 25.000 muertos, 100.000 tullidos y 9 millones de libras
esterlinas de gastos; y sólo obtuvo, luego de dificultosas negociaciones, el
reconocimiento de sus derechos en el territorio delimitado entre los ríos
Bermejo y Pilcomayo: la actual provincia de Formosa. Hacia 1974, devolvió
trofeos de guerra al Paraguay, en decisión polémica;
- Uruguay padeció 3.000 bajas y le quedó una deuda de 248.000 libras esterlinas.
Néstor Fabián Migueliz
abogado, investigador, iuspublicista
nfm1964@yahoo.com.ar
Luján, febrero de 2008.
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