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“No reivindicaron
más privilegio que el de morir
para que el aire fuese
más libre en las alturas
y los hombres más libres.”
José Ángel Valente.
LA VOZ DE UN SOLITARIO
“El poeta –decía Valente- no escribe en principio para nadie, y escribe de hecho
para una inmensa mayoría, de la cual es el primero en formar parte. Porque a
quien en primer lugar tal conocimiento se comunica es al poeta, en el acto mismo
de la creación”.
Valente es una de las voces más intensas de la poesía española de la segunda
mitad de los cincuenta, reivindicó su trabajo como la “carrera del corredor
solitario”. Y desde su soledad se enfrentó a la vida, lejos de capillas
literarias. En un “trabajo radicalmente solitario“ ajustó su voz a las de otros
solitarios ejemplares como san Juan de la Cruz, Antonio Machado y Juan Ramón
Jiménez. Valente fue siempre consciente de que la aventura del poeta es la del
solitario. La verdadera solidaridad sólo es posible entre solitarios, nos dejó
dicho otro gran solitario.
Lenta, pero seguramente, con un caudal lírico no siempre sobreabundante, impuso
un modo peculiar de hacer poesía. Al margen de la poesía “pura” y sin caer en la
angustia estereotipada de otros poetas de su contexto testimonial, a ratos
solidario, acusando con sensible registro el signo controvertido de nuestro
tiempo. ¿Cómo ha podido conseguirlo? Sencillamente, a través de las
concentración expresiva del idioma. “Mientras unos poetas –escribía José Luis
Cano- proceden por la acumulación de recursos expresivos, Valente lo hace por
eliminación, cubriendo el hueso del poema con la piel –la palabra- justa y
necesaria”. Todo ello caracteriza a un poeta más intelectual que emotivo, por
temperamento y voluntad. Según dice en un poema propio las cosas que se le
imponen “con atributos de claridad”, y de ahí que sus preocupaciones recojan la
realidad –el “tiempo de miseria”- para aislarla y abstraerla de sentimentalismos
pasajeros.
Con un lenguaje preciso, rítmico y de gran belleza, su obra poética, cercana en
sus comienzos al realismo social característico de la generación del 50,
evolucionó hacia un profundo lirismo intelectual y a la consideración de la
poesía como una labor de búsqueda y conocimiento de lo esencial de la
experiencia humana, cobrando particular relevancia la influencia de la mística y
la reflexión sobre la palabra poética. Su personalidad poética se ha mantenido
como una de las más valoradas entre las de su generación y con una poderosa
influencia sobre las actuales corrientes de la poesía española.
José Ángel Valente nace en Ourense el 25 de abril de 1929. Hizo sus primeros
estudios universitarios en la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela. En
1947 se trasladó a Madrid, en cuya Universidad se licenció en Filología
Románica. De 1955 a 1958 fue miembro del Departamento de Español de la
Universidad de Oxford. En 1958 se trasladó a Ginebra, donde ejerció como
profesor y como traductor de organizaciones internacionales, y, posteriormente,
a París, donde dirigió un servicio de la Unesco. Ha traducido poemas de Hopkins,
Cavafis y Montale, entre otros autores. En 1954 obtuvo el premio Adonais por su
libro A modo de esperanza y en 1984 el premio de la Fundación Pablo Iglesias. En
1986 regresó a España y se instaló en Almería. En 1988 obtuvo, junto con Carmen
Martín Gaite, el premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1993 el premio
Nacional de Literatura. En 1972, fue sometido a Consejo de Guerra por su cuento
“El uniforme del general”, acusado de alusiones ofensivas al ejército. José
Ángel Valente murió en Ginebra el 18 de julio de 2000.
Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan: A modo de
esperanza (1954), Poemas de Lázaro (1960, premio de la Crítica catalana), la
recopilación Sobre el lugar del cántico (1953-1963), La memoria y los signos
(1966), Siete representaciones (1967), Breve son (1968), Presentación y memoria
para un monumento (1970) y El inocente (1970), reunidos en Punto cero (1972 y
1980), Interior con figuras (1977), Material memoria (1979), Tres lecciones de
tinieblas (1981; premio de la Crítica), Estancias (1981), el poemario en gallego
Sete cantigas de alén (1981; ampliado en 1990 con el título Cantigas de alén),
Mandorla (1982), El fulgor (1984), Entrada en materia (1985), Al dios del lugar
(1989), No amanece el cantor (1992, premio Nacional de Literatura 1993),
Material memoria (1979-1989), nueva recopilación editada en 1992, y Fragmentos
de un libro futuro (2000). Entre sus ensayos se cuentan Las palabras de la tribu
(1971), en el que se recopila sus artículos de crítica literaria, La piedra y el
centro (1983), Ensayos sobre Miguel de Molinos (1974), Los ojos deseados (1990)
y Variaciones sobre el pájaro y la red (1991). Su narrativa y su prosa poética
están recogidas en El fin de la edad de plata (1973) y Nueve enunciaciones
(1982).
Valente ha conseguido una gran pureza de expresión en su pensamiento poético. En
verdadero poeta, el sentir viene clarificado por el saber. Habiendo conseguido
llevarse en su antorcha de corredor solitario una de las llamaradas más
depuradas de la tradición poética. Y como dijo nuestro poeta: “Sólo yo que he
tocado / el sol, la rosa, el día / y he creído, / soy capaz de morir”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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