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Atender el asunto del género y cambio climático requiere objetivos y
compromisos de largo plazo por parte de la comunidad internacional. Las
organizaciones de mujeres que están actualmente implicadas sencillamente no
pueden afrontar la carga financiera, ni deberían. Y con el aumento de la
frecuencia y la severidad de los desastres medioambientales, es igualmente
crítico que el trabajo de estas organizaciones no se estropee con el rótulo de
“pendiente de financiamiento”
La reciente racha de desastres “naturales” alrededor del mundo (algunos de los
cuales están relacionados con el clima, y otros no) me ha llevado a preguntarme
si sus efectos están igualmente distribuidos entre géneros. Lógicamente, los
seres humanos de ambos sexos deberían reaccionar de manera bastante similar a
las amenazas medioambientales, y cualquier diferencia en el efecto de los
desastres debería ser insignificante.
Me interesaba recopilar algunas investigaciones que ya se han hecho al respecto,
y me quedé consternada con lo que mostraban (http://www.lse.ac.uk/collections/Disasters.htm
): más mujeres que hombres mueren como efecto directo e indirecto de los
desastres naturales; el 90% de las 140.000 víctimas del ciclón que azotó
Bangladesh en 1991 fueron mujeres http://www.wedo.org/files/change%207%2031%2007.pdf
) ; más mujeres que hombres murieron durante la ola de calor de 2003 en Europa;
y el tsunami de 2006 mató a tres o cuatro mujeres por cada hombre http://www.cbc.ca/world/story/2005/03/25/tsunami-women050325.html
.
¿Cómo puede explicarse?
En un discurso en 1999, Lord Hoffman, un magistrado judicial inglés, dijo “…si
no se conoce la pregunta, es imposible obtener la respuesta correcta. Una vez
que la pregunta ha sido identificada, la respuesta es relativamente simple…”.
Ello me llevó a pesar que, para averiguar por qué las mujeres se ven más
afectadas que los hombres por el cambio climático, debería preguntar primero:
“¿de qué modo las mujeres salen más perjudicadas?” podríamos conseguir algunas
pistas sobre por qué las mujeres se ven más afectadas.
Algunas pautas interesantes emergieron durante la investigación:
En Sri Lanka, nadar y trepar a los árboles son actividades que se enseñan
principalmente a los niños; ello ayudó más a los hombres que a las mujeres, y
les permitió sobrevivir más que a las mujeres cuando les golpeó el tsunami. El
prejuicio social impide a niñas y mujeres aprender a nadar, lo cual reduce
considerablemente sus oportunidades de supervivencia frente a las inundaciones.
A menudo, las mujeres permanecen dentro de sus hogares debido a las
prohibiciones sociales en cuanto a dejar la casa.
En Aceh, muchas mujeres fueron halladas muertas con bebés sujetados en sus
brazos. Algunos relatos personales de sobrevivientes describen a madres
empujando a sus niños hacia los techos o copas de los árboles que resistieron el
tsunami, pero después fueron arrastradas por el mar. Los largos vestidos que las
mujeres son obligadas a usar por las leyes de la sharia de Aceh, hacen muy
difícil que puedan moverse con rapidez. No pueden correr tan rápido como los
hombres, ni tampoco nadar.
Hubo historias de algunas mujeres (http://www.wrmea.com/archives/August_2005/0508040.html
) que estaban dentro de sus casas vestidas de manera informal cuando asaltó la
primera ola, que corrieron a ponerse ropas “aceptables” antes de salir a pedir
ayuda, y como resultado se ahogaron o apenas pudieron escapar.
En momentos de desastre y tensión medioambiental las mujeres pierden movilidad
porque son las primeras cuidadoras.
Después de un desastre natural, las mujeres ven incrementadas las probabilidades
de ser víctimas de violencia sexual y doméstica (http://www.feminist.com/news/vaw44.html).
A menudo ellas evitan acudir a los refugios. El volumen de trabajo doméstico se
incrementa sustancialmente después de un desastre, lo cual fuerza a muchas
jóvenes a abandonar sus estudios para ayudar con las tareas domésticas.
El estado nutricional es un determinante crítico de la capacidad de sobrevivir a
los efectos de los desastres naturales (http://www.genderandenvironment.org/Factsheet%20Adaptation.pdf
). Las mujeres son más propensas a sufrir deficiencias alimentarias debido a sus
particulares necesidades nutricionales. Algunas culturas imponen jerarquías
domésticas respecto de los alimentos, generalmente favoreciendo a los hombres.
En el África subsahariana, las mujeres llevan más carga que los hombres, pero
ingieren menores cantidades de calorías porque la norma cultural es que los
hombres reciban más comida.
Las mujeres cosechan, producen, consiguen y preparan la mayoría de los alimentos
mundiales: ellas son responsables del 75% de la producción alimentaria doméstica
(http://www.madre.org/articles/int/climatechange.html ) en el África
subsahariana; el 65% en Asia; y el 45% en América Latina.
También recae principalmente sobre las mujeres la lenta tarea de recoger y
transportar agua. Como el agua se ha vuelto escasa, la carga de trabajo de las
mujeres se ha incrementado. La asistencia a la escuela, y eventualmente las
matriculaciones por parte de las jóvenes ha disminuido a medida que aumenta la
distancia para buscar agua.
A partir de la información a la que pude acceder, me pareció que los aspectos en
que las mujeres se ven más afectadas que los hombres son aquellos que están
principalmente asociados con sus obligaciones de cuidado, o costumbres
religiosas o culturales.
¿Y qué podemos hacer respecto de estas lamentables estadísticas?
Probablemente no haya espacio para la acción directa, porque la mayoría de los
problemas de fondo son costumbres culturales o religiosas muy enraizadas, que no
son fácilmente susceptibles de transformarse mediante la intervención política
local. ¿Pueden las agencias de ayuda hacer lo que los gobiernos no pueden?
Tal vez todo recaiga en la educación de las mujeres –dándoles el beneficio de la
capacidad para el pensamiento crítico que acompaña la educación general-, así
como educar la las mujeres para contemplar objetivamente, y tal vez cambiar el
pensamiento sobre sus roles y comportamientos, y las consecuencias de éstos
cuando hay una amenaza. Ello al menos podría acercarlas a una posición de
elección (http://www.unesco.org/iiep/PDF/Fund73.pdf).
Pero cada solución posible presenta más problemas y más preguntas. ¿De dónde
vendrá el dinero? ¿Debe provenir de los países desarrollados, considerando que
algunos de estos desastres han sido exacerbados o causados por su desarrollo?
¿Cómo deberían determinarse las contribuciones justas?
En septiembre del pasado año el Consejo de Mujeres Líderes Mundiales (Council of
Women World Leaders, CWWL), la Organización Femenina por el Desarrollo y el
Medioambiente (Women’s Enviroment and Development Organisation, WEDO) y la
Fundacion Heinrich Boll North America organizaron una mesa redonda llamada “Cómo
el cambio climático impacta sobre las mujeres”. Los participantes reconocieron
que a pesar de que no existe referencia a las cuestiones de género en la
Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, las estadísticas
muestran que el cambio climático no es neutral en este asunto.
En diciembre de 2007, cuatro instituciones internacionales -el Consejo de
Mujeres Líderes Mundiales (WEDO), el Programa para el Desarrollo de Naciones
Unidas (United Nations Development Program, UNDP), el Sindicato para la
Conservación Mundial (World Conservation Union, IUCN), y el Programa de Naciones
Unidas para el Medioambiente (United Nations Environment Program, UNEP)- se
reunieron con ministros de medioambiente y líderes en la Conferencia de Naciones
Unidas sobre Cambio Climático en Bali para afirmar por primera vez que los
“asuntos de género son relevantes en la acción política sobre el clima”.
Como resultado de la reunión, la Red emplazó a los países signatarios y a la
Secretaría de la Comisión de Cambio Climático de las Naciones Unidas a:
* reconocer que las mujeres son poderosos agentes de cambio y que su total
participación es crucial en las políticas e iniciativas de adaptación y
mitigación del clima, y por lo tanto, garantizar que las mujeres y los expertos
en género participen en todas las decisiones relacionadas con el cambio
climático.
* tomar medidas orientadas a asegurar el compromiso de la UNFCCC con el marco de
los Derechos humanos, compromisos nacionales e internacionales con la equidad e
igualdad de género, incluyendo la Convención sobre la Eliminación de Toda Forma
de Discriminación contra la Mujer (Convention on the Elimination of All Forms of
Discrimination against Women, CEDAW).
* desarrollar una estrategia de género, invertir en investigaciones específicas
sobre cambio climático y género, y establecer un sistema para el uso de
indicadores y criterios sensibles al género para que los gobiernos las utilicen
en los informes nacionales para la Secretaría de la UNFCCC;
* analizar e identificar los impactos específicos sobre el género y medidas de
protección relacionados con las inundaciones, sequías, olas de calor,
enfermedades, y otros cambios y desastres medioambientales; y, dado que millones
de mujeres pobres afectadas por el cambio climático viven y trabajan fuera del
alcance de los mercados formales, diseñar e implementar mecanismos de
financiación accesibles a ellos para reducir sus particulares vulnerabilidades.
Adicionalmente, aumentar el acceso equitativo de mujeres y hombres pobres a
enfoques basados en el mercado, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (Clean
Development Mechanism).
Las acciones de estos grupos representan un paso positivo e importante: a menos
que la interacción entre género y cambio climático se sitúe y mantenga
firmemente en la agenda, cualquier política para reparar o reducir el cambio
climático y sus consecuencias, difícilmente ayudarán a las mujeres
desfavorecidas. Sus propuestas también permiten que las acciones se pongan en
movimiento ahora, a través de las organizaciones internacionales establecidas
que tienen la capacidad para distribuir los fondos necesarios. Y si todos
nosotros animamos a nuestros gobiernos a apoyar sus iniciativas a través de
Naciones Unidas –de la que todos los países más ricos son contribuidores
financieros-, estaremos haciendo una contribución a la solución.
Atender el asunto del género y cambio climático requiere objetivos y compromisos
de largo plazo por parte de la comunidad internacional. Las organizaciones de
mujeres que están actualmente implicadas sencillamente no pueden afrontar la
carga financiera, ni deberían. Y con el aumento de la frecuencia y la severidad
de los desastres medioambientales, es igualmente crítico que el trabajo de estas
organizaciones no se estropee con el rótulo de “pendiente de financiamiento” (http://www.idealist.org/if/i/en/av/Job/258372-146
). www.ecoportal.net
Por Kellie Tranter
(http://www.kellietranterattorney.com.au/ ) es jurista y analista política.
Es Directora del Comité Permanente sobre legislación para Mujeres Profesionales
y de Negocios Internacional (BPW Internacional).
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