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Título Original: Eastern Promises.
Duración: 100 minutos.
País: Reino Unido, Canadá, Estados Unidos,
Año: 2007.
Dirige: David Cronenberg.
Guión: Steven Knight.
Fotografía: Peter Suschitzky.
Música: HowardShore.
Edición: Ronald Sanders.
Interpretes: Viggo Mortensen (Nikolai), Vincent Cassel (Kirill), Armin
Mueller-Stahl (Semyon), Naomi Watts (Anna), Mina E. Mina (Azim), Aleksandar
Mikic (Soyka), Sarah-Jeanne Labrosse (Tatiana), entre otros.
OTRA LECCIÓN SOBRE LA VIOLENCIA
Bien se podría decir que Promesas Peligrosas (Eastern Promises) la nueva
cinta de David Cronenberg (Dead Ringers, La Mosca, Crash, entre otras) forma
parte de una especie de díptico iniciado en el 2005 con Una Historia Violenta (A
History of Violence) no sólo porque vuelve a usar a Viggo Mortensen como
protagonista principal, sino porque ambas cintas giran en torno a un tema único:
la violencia y sus manifestaciones.
La anécdota es muy sencilla: En Londres, una chica embarazada llega a un
hospital donde, tras dar a luz; pierde la vida. La única constancia que deja de
su identidad y existencia en una pequeña libreta escrita en ruso, y que es
encontrada por Anna, la enfermera en turno que la asiste; quien se da a la tarea
de localizar a los familiares (y al posible padre) de esta jovencita. Esta
búsqueda la llevará a encontrarse con Semyon, un aparentemente afable
restaurantero ruso, quien es en realidad un líder del vory v zakone, una
organización mafiosa que se dedica a traficar con mujeres y a otras actividades
ilícitas. Él y su hijo Kirill, están involucrados en lo que le pasó a la
jovencita, por lo que primero intentan negociar y más adelante amenazar a la
enfermera para que no divulgue lo que el diario oculta. En medio de esta trama
se encuentra también Nikolai, chofer, enterrador y sicario de Semyon quien poco
a poco comienza a involucrarse en estos acontecimientos y que tomará partido,
acorde a sus ocultas intenciones y (¿por qué no decirlo?) de acuerdo a lo que su
conciencia le dicta.
En Una Historia Violenta, la violencia surgía de un individuo aparentemente
normal (enclavado en una tranquila comunidad), el cual en realidad resultaba
poseer un oscuro alter-ego que pareciese ser el verdadero responsable de su
agresividad. Mentras que en Promesas Peligrosas, Nikolai esta imbuido en un
entorno violento en sí (como puede ser el ámbito de la mafia rusa) y se comporta
conforme a dicho entorno, pero irónicamente, tras de su máscara de asesino frío
y calculador; se oculta un personaje diametralmente opuesto con sus propias
intenciones.
La oposición entre lo bueno y lo malo, toman diferentes facetas en la cinta: por
un lado tenemos al mencionado Nikolai y los fines ocultos que rigen sus
decisiones, que contrastan con la imagen apacible y hasta bonachona de Semyon,
quien puede alcanzar niveles bestiales de ira y agresividad y que no tiene el
menor empacho de disponer de quien sea, con tal de mantener su reputación y la
de su hijo incólumes. Por otra parte, Kirill es pendenciero e iracundo, explota
con mucha facilidad y toma decisiones que le traen, en corto plazo, toda serie
de problemas para sí y para su familia. Sin embargo, con el asunto de la
jovencita muerta y su bebé, tendrá que decidir entre su fidelidad, su integridad
y la amistad que sostiene con Nikolai. En si, una galería de personajes cuyas
apariencias guardan poca congruencia con sus verdaderas identidades y conductas.
De primera instancia, Promesas Peligrosas parece muy alejada de las obsesiones
comunes presentes en otros trabajos del realizador. Sin embargo, esto no
significa que las constantes autorales de Cronenberg se encuentren totalmente
ausentes: por ejemplo, los tatuajes de los criminales constituyen no sólo un
código y manera de identificación entre los mafiosos rusos, sino que a través de
ellos podemos obtener prácticamente una explicación sociológica de quien los
porta, e inclusive su carácter y temple. Cada tatuaje revela un pasaje en la
vida de su poseedor... La piel que muestra los secretos que las personas
ocultan: aunque de manera latente, los postulados de la Nueva Carne parecen
seguir tan presentes como siempre.
Así, Promesas Peligrosas es un filme que se complementa muy bien con su
antecesor. Y no es todo, juntos forman un perfecto díptico sobre la violencia y
las razones por las cuales los individuos justifican su uso. No es una apología,
sino más bien un acercamiento íntimo a una de las manifestaciones más polémicas
(y más naturales) del ser humano.
Por: Francisco Javier Quintanar
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