RSS /
/
En nuestro planeta se está gestando una sigilosa guerra por el agua. La
escasez y mala calidad del agua ponen en peligro la salud, el bienestar social y
económico, la seguridad alimenticia y la diversidad biológica. Si el agua es
escasa, la producción de alimentos también lo es y, de tal forma, ello no solo
afecta a las actuales generaciones sino que amenaza a la supervivencia de las
futuras.
Cuando jugaba de niño con pistolas de agua no podía sospechar que a aquel
inocente proyectil alguna vez correspondería un lugar tan señalado como el que
hoy tiene en el dilema humano de la guerra o la paz.
En nuestro planeta se está gestando, casi pudiera decirse que se está librando
ya, una sigilosa guerra por el agua.
Durante el último siglo la población mundial se ha triplicado, mientras que el
consumo de agua se ha sextuplicado.
Aunque el tema de la escasez del agua, su contaminación y su distribución
desigual es un problema de todos, afecta más a la población pobre del mundo.
Hoy, los niños de los países desarrollados consumen entre 20 y 30 veces más
cantidad de agua que los niños de los países más pobres.
Se calcula que unos mil millones de personas no disponen de agua potable en
tanto dos mil quinientos millones no la tienen en las cantidades y condiciones
mínimas adecuadas. Casi todas ellas viven en América Latina, África y Asia,
aunque también existen vastos sectores de menesterosos en los países más
desarrollados a quienes alcanza esta carencia.
Si el agua es escasa, la producción de alimentos también lo es y, de tal forma,
ello no solo afecta a las actuales generaciones sino que amenaza a la
supervivencia de las futuras. La disponibilidad de agua potable repercute
directamente en la calidad de vida de la población, fundamentalmente por sus
derivaciones en los problemas de la higiene y la alimentación. Entre 10,000 y
20,000 niños mueren en el mundo cada día a consecuencia de enfermedades que
pudieran evitarse, derivadas de la falta o insuficiencia del agua potable. Cada
15 segundos muere una niña o un niño por diarrea ocasionada por el consumo de
agua infectada.
Alrededor del 40 % de la alimentación mundial depende de la agricultura de
regadío, que consume más del 66% del agua que gasta la humanidad. Como no
existen alternativas para esta ecuación, cualquier incremento del gasto de agua
para fines que no sean los de la alimentación, repercute negativamente, de
manera directa, en la calidad de la vida humana a escala global.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Población, dentro de un cuarto de
siglo, una de cada tres personas en la Tierra carecerá de agua o tendrá una
cantidad insuficiente. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha advertido
que, de no tomarse las medidas apropiadas, mil ochocientos millones de personas
vivirán dentro de 20 años en países o regiones con escasez absoluta de agua; más
de dos tercios de la población mundial carecerán de acceso suficiente al agua.
Y, a la escasez de agua, hay que sumar el problema de su contaminación que,
según algunas fuentes especializadas, cobrará no menos de 76 millones de vidas
humanas en los próximos 15 años.
La FAO ha advertido acerca de los efectos contaminantes de los plaguicidas y los
fertilizantes utilizados en la agricultura que dañan las reservas de agua, tanto
la de superficie, como la almacenada por la naturaleza en el manto freático, es
decir aquellas que se acumulan bajo la tierra, almacenadas en los poros que
existen en sedimentos como la arena y la grava, y en las fisuras que se
encuentran en rocas.
El manto freático o subterráneo guarda el 97 por ciento de todas las reservas
mundiales de agua dulce -excluyendo la contenida en los casquetes polares. De
esta agua subterránea, dependen no menos de 1,500 millones de habitantes en todo
el mundo para su abastecimiento de agua potable, por lo que resulta un recurso
fundamental, tanto para la vida humana como para el desarrollo económico.
Aproximadamente el 80 por ciento de la contaminación del medio marino se origina
por actividades humanas en tierra, como el vertimiento de aguas residuales y
desechos industriales no tratados adecuadamente, y la construcción de
infraestructura costera, además de los efectos derivados de las actividades
agrícolas, el desarrollo industrial, la urbanización, el turismo y otras
actividades humanas.
Pero no todos los habitantes del planeta enfrentan tan triste presente ni,
quizás, tan cruel destino.
En la ciudad de Las Vegas, situada en medio del gran desierto de Nevada, en los
Estados Unidos de América, se fabrican cada mes cinco mil residencias con
piscinas y verdísimos céspedes generosamente regados con agua transportada desde
cualquier lejana fuente.
En el Sur del estado de la Florida, donde en los últimos tiempos se ha
enseñoreado una gran sequía y se teme que el agua de mar contamine
irremediablemente el manto freático en algunos condados, el consumo histórico
promedio de agua es de 170 galones por persona, muy por encima de los 100
galones per cápita en todo el país, cifra que, a su vez, es 15 veces superior a
la media de los países eufemísticamente llamados en "vías de desarrollo" del Sur
del continente.
La escasez y mala calidad del agua ponen en peligro la salud, el bienestar
social y económico, la seguridad alimenticia y la diversidad biológica. La
escasez de agua podría llegar a ser además, en el futuro, la limitación más
importante para asegurar una agricultura sostenible.
Estas realidades son expresión de lo extravagante, injusto e insostenible que
puede ser el orden capitalista y el proclamado "modo de vida americano" pero
muestran también lo alejada que está la humanidad de entender el grave peligro
que le depara el uso irracional del agua a escala mundial.
El director general de la UNESCO, Kiochiro Matsuura, ha sido categórico a este
respecto: "De todas las crisis a las que nos enfrentamos los seres humanos, la
de los recursos hídricos es la que más afecta a nuestra supervivencia y la del
planeta. En los próximos veinte años el abastecimiento de agua disminuirá un
tercio en el mundo".
La crisis del agua es parte esencial de la crisis ambiental, económica y social
a que nos conduce el modelo de desarrollo que se ha impuesto a la humanidad con
la globalización neoliberal.
Por eso ya los sectores más avisados de nuestros pueblos del Sur, y también
muchos luchadores sociales del Norte, hablan de que hay que exigir, o mejor, hay
que imponer, el derecho humano al agua. www.ecoportal.net
*Manuel E. Yepe Menéndez es Secretario del Movimiento Cubano por la Paz y la
Soberanía de los Pueblos, O.N.G. constituida en 1949 que disfruta de status
consultivo en el Consejo Económico y Social de la Organización de Naciones
Unidas. Es abogado, economista y científico social, y se desempeña como Profesor
Adjunto del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana. Fue
Embajador de Cuba en Rumanía, Director General de la Agencia Latinoamericana de
Noticias Prensa Latina y Vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y
Televisión.
Por Manuel E. Yepe
Articulo publicado en http://www.radiohc.cu
Comparte y promueve este artículo en Internet con
Cortesía de EcoPortal.netNube de Tags
horoscopo juegos gratis musica noticias monografias casino tarot directorio de blogs tests interpretación de sueños conocer gente peliculas online empleos poker angeles consultorio sexual becas diarios de viajes anime clasificados chistes fotolog videos online monografias