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¿Qué es lo real?
¿Sólo lo demostrable por el método científico, o la realidad escapa al método
que pretende expresarla? Muchos afirman lo primero.
¿Es cierto, como se dice muy a menudo, que sólo lo material es real porque a
diferencia de lo que se llama "espiritual" puede ser medido y reproducido a
voluntad cuantas veces se desee? Casi los mismos que afirman lo primero
afirmarán lo segundo.
¿Será la materia algo distinto de lo que aparenta ser?
En cualquiera de los casos, se supone que para acceder al conocimiento
científico, tan interesado por el mundo material, es imprescindible el uso de la
razón. Usemos ,pues, la razón y veamos hasta dónde nos lleva.
Conocimiento espiritual y límites de la ciencia.
El otro supuesto conocimiento, el espiritual, que suele enfrentarse a la
razón, no tiene validez o no ofrece credibilidad a muchos al no poder ser
sometido al método científico, así que se le suele desterrar al submundo de la
"creencia", conjunto de elementos en los que no se tiene por qué creer
racionalmente. La creencia es, pues, irracional, por su naturaleza escurridiza a
la razón científica, y considerada por esta como forma menor del conocimiento.
Cuando Heinsenberg descubrió su famoso Principio de Indeterminación puso al
descubierto la influencia del investigador y de sus instrumentos de medición
sobre aquello que pretende ser observado y medido. Esto introduce serias dudas
acerca de la validez en la valoración objetiva de los fenómenos que se estudian.
Convierte en relativo lo que aspira a ser exacto, que es la pretensión de la
Ciencia. Aquí se derrumba otro de los mitos sobre la ciencia por los que esta se
consideraba superior al conocimiento espiritual.
Por otro lado, las investigaciones llevadas a cabo por la propia ciencia sobre
el mundo de los sentidos y su capacidad de percibir la realidad por los animales
y personas confirman la idea de las numerosas formas y niveles de percepción
entre animales de distintas especies y de estos con el hombre, así como de los
hombres entre sí, lo que impide establecer un principio universal de percepción
y convierte a la realidad en escurridiza. Esto vuelve a poner en cuestión la
validez real de los datos que se obtienen por unos y otros- seres que perciben
diferente, tanto como los propios investigadores - a la hora de hacerse una
imagen mental de la realidad exterior y poder incorporarla a su vida.
Lo dicho nos sitúa un poco en el terreno de lo que pretende este trabajo.
La intuición ,conocimiento no discursivo.
La teoría de la relatividad de Einstein surge por una intuición poética de tipo
espiritual que él mismo confiesa, no nace del discurso ni de la experimentación
de ningún tipo, sino de una "creencia" al decir de un científico ortodoxo. Mas
esa teoría, nacida de tan poco fiable fuente ha transformado la ciencia y gran
parte del mundo moderno hasta el punto de que ni se han agotado las
posibilidades de investigación abiertas por ella ni hemos sido capaces como
humanidad de alcanzar a incorporar a nuestros hábitos mentales la filosofía que
se deduce de la aplicación de la teoría de la relatividad o, posteriormente, de
la física cuántica, tan relacionadas entre sí
Cuando Mozart compone a los cuatro años lo hace por el mismo sistema que
Einstein:
la intuición. Igual sucede con la obra de cualquier artista que, en
resumidas cuentas, intenta expresar estados de conciencia más allá de la mente,
buscando, por ejemplo, la armonía.
Ahora bien: tanto la relatividad como la armonía existían previamente. Sólo se
necesitaba que alguien las descubriese y expresase.
Lo mismo puede decirse de otros grandes inventos e ideas en muy diversos campos,
nacidas de intuiciones, de súbitos encuentros con una realidad subyacente a la
realidad material y al mundo de la mente intelectual y los sentidos.
Influencia de lo invisible sobre lo material.
Sin embargo, a pesar de que esos impulsos son catalogados por la ciencia como
irracionales, y nacidos de misteriosos ámbitos en los que no es preciso creer,
por no ser del dominio de la ciencia, los científicos y muchos de los seguidores
del materialismo más estricto no dudan en recoger esas "iluminaciones" y
aprovecharlas para comprender la realidad y sacar provecho de ello. Ahí tenemos
actuando a una parte de la realidad -la que se alcanza desde la mente lógica -
intentado aplicar - a través del trabajo científico-lo que proviene del lado
invisible de la realidad : la realidad metafísica catalogada como irracional,
pero declarada útil. El resultado de este encuentro evidencia que entre ambas no
hay oposición, sino concordancia, y que ambas se necesitan en este mundo
terrenal para poder expresarse.
El hecho, pues, de que una parte de la realidad no haya sido descubierta no
quiere decir que no exista, y esto es aplicable a cualquier reflexión sobre Dios
o los mundos del "Más Allá", los cuales muchos científicos, intelectuales y
filósofos se atreven a negar categóricamente contraviniendo las leyes de la
lógica de la que se consideran paladines.
La intuición de un místico para alcanzar estados de conciencia superiores a los
ordinarios, así como los aprendizajes que recibe un meditador a través de su
experiencia interior no dejan de ser al menos tan válidos como las experiencias
de Einstein o de Mozart, por seguir con esos ejemplos contrapuestos en
apariencia.
Consideramos entonces que existen realidades no materiales pero que a veces se
manifiestan y a veces no. Las emociones, por ejemplo, pertenecerían a este
campo, así como las sensaciones, pensamientos o ideas.
La influencia de estas realidades no materiales sobre la propia materia son de
tal grado y naturaleza que son capaces de transformarla, haciendo visibles al
mundo exterior, por medio de objetos concretos, los contenidos de esas
realidades interiores llamadas pensamientos, sensaciones, sentimientos o ideas,
que son manifestaciones, en cada caso, del alma individual, de nuestro proveedor
inmediato de energía corporal Así cualquier cosa que podamos observar a nuestro
alrededor es la manifestación de uno de esas realidades interiores, convertida
en objeto material: un poema, un edificio, un objeto cualquiera. Todo cuanto
este mundo contiene está hecho a imagen y semejanza de nuestros pensamientos y
contenidos de conciencia.
¿Es real y digna de confianza la materia ?
Ya podemos concluir, en vista a lo anterior, que el mundo de lo real, visible y
tangible está subordinado al mundo de lo invisible, irracional, de la energía
sutil y, que por tanto, la materia es de naturaleza inferior.
De donde se deduce que el materialismo está equivocado cuando establece el orden
jerárquico de la realidad, y cree que es lo espiritual e inmaterial lo que debe
subordinarse a lo material. En este error de apreciación se basan los que
dirigen el mundo materialista que nos ha tocado vivir.¿Tendrán razones objetivas
para suponer que la materia es algo tan fiable como para edificar una
civilización en su nombre?
Tratemos de responder...
Para ello es preciso contestar a otra pregunta previa:
¿de qué está constituída la materia? Pues si sus componentes son fiables, es
decir suficientemente estables y permanentes tal vez habría que contestar que
sí, que la materia es un cimiento firme para edificar nuestra civilización. De
lo contrario, habremos hecho de ella un mito que a muchos interesa mantener,
porque produce ingentes beneficios y evita enfrentarse a lo desconocido, que
suele inquietar tanto. Así que aproximémonos a este tema.
¿A qué llamamos materia, después de todo?
A través del trabajo de los físicos cuánticos se ha desmenuzado la materia:
partículas, moléculas, átomos, partículas subatómicas muy diversas...Todas ellas
impulsadas por energía invisible que actúa más allá de los "cuantos" ("paquetes"
mínimos visibles de energía cósmica que dan nombre, precisamente, a la Física
Cuántica) descubiertos por Planck procedente en última instancia del -para un
científico- incierto mundo del más allá cósmico. Sin embargo, oh sorpresa,
obedecen a reglas precisas, como si cada partícula ínfima llevase grabada un
misterioso e inaccesible programa que le induce a interactuar en el enorme
cosmos. Un programa subcuántico, tan invisible y todavía no reconocido pero
necesariamente existente como fuente de alimentación de los "cuantos".Y aunque
la ciencia llegase a descubrir el funcionamiento de la energía subcuántica, otra
cosa es descubrir de dónde procede, y por qué se manifiesta de esos modos y no
de otros. Eso sería más que ciencia física, y e!
ntraría en el territorio de la espiritualidad que la ciencia rechaza como
irreal.
¿Cómo actúa la energía cósmica?
Por su parte, la energía subcuántica alimenta a los cuantos , que contienen una
parte de aquella energía y otra parte de energía más condensada, por lo que
pueden actuar a modo de nexo entre lo extremadamente sutil y el átomo material y
hacen llegar a los átomos, por medio de todos sus constituyentes, la energía
cósmica divina o energía subcuántica. Repito esta idea: Gracias a la energía
subcuántica, la energía cósmica puede llegar a los átomos a través de los
cuantos.
En nuestro caso, como seres humanos, a nuestras células y órganos.¿En
qué medida? En la medida que estos se hallen libres de interferencias tanto
materiales (sustancias tóxicas, p. ej.), como sutiles, (pensamientos o
sensaciones negativas p.j) que pueden bloquear, con su carga energética
contraria a las leyes de la energía cósmica el acceso de esta a los átomos y las
células corporales. En el caso de minerales, plantas y en el mundo animal es
mucho más fácil ese acceso, debido a que, a no ser que hayamos !
envenenado su hábitat,- no existen interferencias físicas ni elementos síquicos
contrarios a las leyes espirituales. Por tanto, las plantas y los animales
reciben con más facilidad la energía cósmica, y esa es la razón por la que
enferman menos. No puede decirse lo mismo de los humanos, que enfermamos por no
estar en las condiciones adecuadas para recibir la energía cósmica. Así que las
enfermedades no son castigos divinos ni producto del azar. Son nuestra cosecha.
Un místico o un creyente, a esa fuente de energía incesante que mantiene en pie
ordenadamente al Universo en todos sus ámbitos, desde la mayor de las galaxias a
un simple fotón, a esa gigantesca fuerza inimaginable, pero omnipresente, le
llamamos Dios. Obsérvese que no hablamos de religión. La religión sería el
intento de acercarse a la energía Dios o realidad Dios, del mismo modo que la
ciencia hace el esfuerzo de aproximarse a la misma realidad ,porque la realidad
sólo es una, aunque poliédrica. Para los primeros es la mística el camino; para
los segundos, las matemáticas o la física.
En todo caso, a la mayor parte de los
científicos parece que ese nombre no le gusta, ni tampoco la idea de orden
profundo e inmutable cuya energía alimenta a los cuantos. Prefieren,
curiosamente para ser científicos, quedarse con el misterio que nutre a los
átomos antes que preguntarse por su naturaleza, y mucho menos investigar sobre
su posibilidad. Dejan ese trabajo a los teólogos, com!
o si estos fueran capaces de estudiar a Dios. Teólogos y científicos convierten
a Dios en un concepto intelectual, por lo que sus conclusiones quedan confinadas
en la mente, mientras que un místico tiene experiencias directas que traspasan
ese mundo.
Aún prefieren la mayoría de los científicos llamar Azar a lo que el creyente
llama Dios. Así que ahí tenemos a tantos actuando justo como contrarios al
método que proclaman: contra la evidencia .Tal contradicción les impide aceptar
la idea de Un Manantial creador de energía inacabable y múltiple y les ciega a
la posibilidad de intuir la existencia de otros mundos diferentes al mundo
material donde esa misma energía pudiera manifestarse de otros modos.
Avancemos un paso más.
Los átomos que constituyen la materia son más o menos sutiles. Por ejemplo, el
fotón es más sutil que el átomo de un guijarro. Eso parece indiscutible.
Pero ¿qué es lo que hace más o menos sutiles a los átomos? La vibración
energética que determina su mayor o menor "consistencia",la velocidad de sus
componentes. Por ejemplo, del movimiento de sus electrones en sus diferentes
órbitas en torno al núcleo. Los electrones de un guijarro se mueven a menor
velocidad, por ejemplo, que un fotón de luz. De modo que el grado de
materialidad de lo existente no responde más que a su nivel vibratorio
energético. La materia no es entonces más que energía con diferente nivel de
concreción: energía degradada en mayor o menor medida, y eso determina su
apariencia. Los átomos de la sustancia gruesa se mueven más despacio y eso
determina que exista como tal. Los átomos de luz, los fotones, se mueven mucho
más rápidos y eso determina la naturaleza de la luz, y sus diversas frecuencias
vibratorias determinan los colores del espectro partiendo de la luz blanca.
El recorrido cósmico de la materia conduce a los mundos invisibles.
Si consideramos que aquello que tiene capacidad de permanecer por encima de los
cambios es lo real y fiable y llamamos irreal y poco fiable para operar con ello
a lo que no cumple esta condición, la materia no es real ni fiable, pues está
sujeta a innumerables cambios y variaciones. Su inestabilidad responde a los
movimientos de la energía que la informa. Y como la energía que la informa, en
última instancia es cósmica, los movimientos y ciclos de la materia corresponden
a los ciclos y movimientos cósmicos; está relacionada profundamente con ellos.
Esa dependencia es fundamental, porque en el Universo todo se mueve en dirección
a lo más sutil desde lo más denso, y nuestro planeta esté ahora mismo inmerso en
un proceso acelerado de cambio dentro de su propio ciclo cósmico. El final de
todos esos procesos de evolución, común a todo los cuerpos celestes , es la
transformación definitiva de cualquier forma de materia en formas de energía
sutil, en energía subcuántica, que es!
energía espiritual.
Este es, tal vez, el plan secreto que los físicos no alcanzan a descubrir en el
movimiento de las partículas subatómicas. Existe una acción directa de la
energía espiritual actuando sobre el mundo material. Esto explicaría, entre
otras cosas, los fundamentos de las milenarias ciencias de la Astrología y de la
Alquimia, pues cada átomo, como cada pensamiento, recibe y emite dentro de su
propia frecuencia, y se dirige al lugar del cosmos correspondiente a esa
frecuencia, pues lo igual atrae a lo igual en todos los órdenes de la
existencia.
Todas las enseñanzas relativas a la dependencia espiritual de la materia , como
los dos ejemplos mencionados, han sido transformadas y degradadas. La Astrología
se convirtió en Astronomía y la Alquimia derivó en Química , ambas por el método
-supuestamente científico- de intentar eliminar de ellas los elementos
espirituales. Mas eso sólo es posible en teoría, pues cada átomo existente,
donde quiera que exista, da y recibe constante y universalmente de la
energía-una que impregna el cosmos, y, desde luego, alimenta el cerebro de los
que la niegan, que por cierto, se rigen mucho por aquello que deberían criticar.
Por no desear creer en lo trascendente, caen a menudo en otro tipo de creencia,
pero con menores argumentos que los contrarios, porque roza el dogma, el enemigo
común número uno tanto de la ciencia como de la espiritualidad, y unos de los
padres de todos los fanatismos.
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