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INMIGRANTES : ¿PATATA CALIENTE? UNA INJUSTUCIA GLOBAL

Por Originario Ashima

El Sur se mueve cansado de morirse. De la patera al cayuco, caminando cientos de kilómetros, saltando vallas y muros, el hijo del Sur intenta espantar para sí y los suyos los fantasmas creados por los explotadores propios y los ajenos: hambre, guerra, enfermedad. Ya descubrieron que el Planeta Tierra no se creó para el neoliberalismo y sus multinacionales, sino para que todos pudiéramos vivir sobre él. Los gobiernos sin conciencia, empezando por los impresentables de sus países de origen, intentan abrirles las puertas de salida y sacudírselos, pero no es la solución. Ni las ONGS. Ni las repatriaciones.

Resulta llamativa por otra parte la pasividad que muestran muchos de nuestros inmigrantes contra las injusticias en sus países de origen, y la facilidad con que se tornan reivindicativos al llegar a los países de acogida. Resulta llamativo el descaro con que los dictadores de los países pobres invierten en armas, equipos militares y máximo nivel de confort para sus vidas de las ayudas que envía la llamada "comunidad internacional" que regala dinero a cambio de no preguntar qué se hace con él, mirar para otro lado cuando se machacan los derechos humanos o apoyar al candidato que más sumisión promete en caso de rivalidades entre mandatarios.¿ A cambio de qué? Sumisión y explotación de recursos asegurada a la multinacional acordada.

Es vergonzoso ver la indefensión de los cooperantes de Ong., expuestos incluso a morir por ayudar a gentes abandonadas por gobiernos, a los que no les reclaman nada. Tanta pasividad es una enorme amenaza para el progreso en esos países: el económico, el social y el político.

El miedo y la miseria son un enorme acicate para intentar subirse a un cayuco y jugarse la vida por llegar a un paraíso siempre inexistente, al que finalmente algunos exigen la justicia y los derechos que nunca exigieron en el suyo de origen.

No se vea en esto una actitud inexistente de racismo o xenofobia, (aviso para lectores superficiales), sino un intento de objetivar una seria situación que irá a más de un modo imparable a medida que el cambio climático y las guerras vayan abriendo su negro abanico de posibilidades.

¿Cuál es la solución? Repatriar inmigrantes no es la solución, pues vuelven por otros lados mientras el problema subsiste en el origen, o empeora más aún.

Existen tres circunstancias decisivas que provocan los movimientos migratorios mundiales: las guerras, el cambio climático y la pobreza. ¿ Cuál es la causa común que provoca esas tres dramáticas situaciones? La primera y más evidente es la existencia de un capitalismo ferozmente egoísta que no duda organizar guerras de continuo, envenenar el hábitat terrestre con CO2 y todos los demás residuos industriales, y empobrecer amplias capas de la población del mundo para enriquecer a minorías con poder suficiente como para dirigir el mundo en connivencia con las iglesias institucionales y los poderes financieros, tan emparentados como insolidarios.

A consecuencia de las guerras, millones de personas tienen que marcharse con lo puesto huyendo de sus países de origen y buscando un lugar seguro donde poder vivir en la extrema pobreza de quien lo perdió todo. A consecuencia del cambio climático, millones de familias campesinas ven morir de sed sus campos y de hambre a sus hijos y ganados, o se producen inundaciones u otro tipo de catástrofes siempre por las mismas razones. Estos tres factores: guerras, migraciones forzadas y cambio climático producen miserias infinitas y empujan a las poblaciones a salir de sus aldeas y países. El causante directo o indirecto es siempre el capitalismo egoísta e injusto de las cuatrocientas familias que dirigen este Planeta.

¿Cabe alguna solución? ...Si nos dejamos llevar por el pesimismo, es fácil contestar a eso. Si somos posibilistas podemos pensar que sólo una red bien estructurada de inversiones directas por parte de la comunidad internacional para crear puestos de trabajo, remodelar la agricultura, aumentar los regadíos, crear industrias y escuelas de formación profesional y de formación básica, pueden ayudar a cambiar radicalmente las condiciones de vida a todos los niveles de quienes viven en los submundos de este mundo.

Ello contribuiría, indirectamente, a evitar los abusos de los mandatarios de esos países, que se verían obligados a ser transparentes y colaboradores con sus pueblos, en vez de ser sus sanguijuelas. Y no digamos nada sobre los delitos de los cientos de millonarios europeos ahora descubiertos que guardan sus cuentas en las cámaras acorazadas de Suiza o Liechtenstein para escapar al ojo de la Hacienda pública de sus países.

De haber justicia en este mundo no harían falta Ong .ni limosnas camufladas, ni cayucos o pateras. Todo eso sería ya una parte de la prehistoria, igual que las dictaduras fascistas, el terror inquisitorial, las guerras mundiales, las migraciones de los europeos más pobres en los sesenta forman ya parte de la prehistoria de la Europa moderna.

La llave para solucionar el problema de la inmigración de los pobres es, miren ustedes por dónde, la misma que sirve para abrir las puertas acorazadas de las cuentas secretas de Suiza y de todos los paraísos fiscales del mundo.

Mientras esa llave del colectivo multimillonario no se use, seguirá habiendo muertos pobres y crecerá a diario entre nosotros la sensación de vivir bajo regímenes vampíricos aparentemente civilizados, pero sin moral alguna por parte de los administradores de la riqueza colectiva. Por no hablar de la dureza de pedernal de sus miserables corazones.

La solución es repartir el pastel de una vez, empezando por los que más porción se han apropiado tan egoísta como injustamente. Esa es la solución. Repartir el pastel no es dar limosnas para todos, sino convertir las riquezas inmovilizadas en inversiones que crean riqueza para el bien común, repartir beneficios con justicia entre los que los producen. Esa es la solución. Ahora bien, eso exige un cambio de conciencia por parte de cada uno; sólo eso puede producir el urgente cambio social que precisamos. El mundo debe cambiar de faz, pero precisa que cada uno de sus habitantes, y no sólo los ricos y los poderosos, haya renunciado a desear para sí la llave de oro de la puerta acorazada.

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Por Originario Ashima
Publicado Monday 3 de March de 2008 en la Revista opine sección actualidad



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