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“Ya no comprendo nada.
El mundo se me ha vuelto
un compañero extraño
que camina a mi lado
y no conozco.”
Josefina de la Torre.
LA VOZ DE UNA CANARIA PRODIGIOSA.
La generación del 27 significó por una parte, la última ruptura con el
modernismo, y la primera decisión inconforme con las pequeñas veleidades
ultraístas. Ambas actitudes no implicaban unidad del credo estético, sino en la
medida que procedían todos del segundo Juan Ramón, que, sobre los años veinte,
trazó su primera estética personal. Por lo demás, incluían, a su modo la clásica
duplicidad de la estética española, agrupando con Guillén, Gerardo Diego,
Salinas, Bergamín, la manera más enjuta y conceptual de Castilla y en Villalón,
Lorca, Alberti, Cernuda, Aleixandre, Prados, Altolaguirre e Hinojosa las formas
más desbordantes y vitalistas de un cierto neoculturanismo andaluz. Junto a
ellos, la antologías incluyen, también figuras femeninas como Concha Méndez
Cuesta, Rosa Chacel y Ernestina de Champourcín. Y la fresca voz de una poetisa
canaria; Josefina de la Torre, que, con un libro, Versos y Estampas (1927), se
ganó el derecho a figurar en tan gozosa compañía.
Incluir a Josefina de la Torre en la órbita lírica de Pedro Salinas -prologuista
de su primer libro- es una obviedad estética. Bajo el halo luminoso de Salinas,
Josefina de la Torre encuentra el cauce de su expresión propia y personal.
Gerardo Diego en su famosa Antología Poesía Española Contemporánea (1932-1934),
incluye a Josefina de la Torre y a Ernestina de Champourcín, como únicas
representantes de la poesía escrita por mujeres.
Josefina de la Torre Millares nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1907, en el
seno de una familia dedicada a las artes. Su hermano Claudio de la Torre, fue
poeta, dramaturgo, novelista y director de cine. Josefina estuvo casada con el
actor Ramón de Corroto. Ella misma nos cuenta su vida. “Nací en la isla de Gran
Canaria. Escribí el primer poema a los siete años y desde entonces he seguido
escribiendo. He sido siempre muy aficionada a la música y desde muy pequeña he
cantado.
Mis estudios de música fueron: violín, piano y guitarra (...). Mi primer viaje a
Madrid fue, siendo aún niña en el año 1924, y aunque en los años siguientes hice
otros viajes, no volví a Madrid hasta 1927, haciendo entonces mi primera visita
a París. A fines de este año se publicó mi primer libro Versos y estampas. Así
como dirigió Claudio aquel pequeño teatro, me guió en mis trabajos literarios
siempre. Mi segundo libro, Poemas de la isla, se publicó en 1930. Actualmente
tengo terminado otro, inédito.
He publicado en Alfar, Verso y Prosa, Azor y Gaceta Literaria. Me gusta dibujar.
Juego al tennis. Me encanta conducir mi auto, pero mi deporte predilecto es la
natación. He sido durante dos años Presidenta del primer Club de Natación de mi
tierra. Otras aficiones: el cine y bailar”. Josefina de la Torre falleció en
Madrid el 12 de julio de 2002, a los 95 años de edad.
Su tercer libro; Marzo incompleto (1968), tiene prólogo de Juan Rodríguez
Doreste. Tiene un nuevo libro de poemas Medida del tiempo (1989). Ha publicado
en la colección “La novela del Sábado” la titulada Memorias de una estrella,
colaborando asimismo en diversos publicaciones, con poemas y cuentos. También
publicó el drama Una mujer entre los brazos (1956).
En 1936 hace su debut como soprano en la Residencia de Estudiantes. Toma parte
en varios conciertos, entre otros, en el Monumental; con la Orquesta Sinfónica
de Madrid, bajo la dirección del maestro Benedito, en “El Mesías”, de Haendel, y
en “La Pascua Rusa”, de Rimsky Korsakoff.
Como actriz, aparte de en su propia compañía ha trabajado en el Teatro Nacional
María Guerrero, donde fue primera actriz, también trabajó en diversas compañías
de prestigio como las de Ismael Merlo, Amparo Soler Leal y Nuria Espert. Fue
actriz radiofónica y de doblaje siendo la voz en español de Marlene Dietrich.
También interpretó papeles importantes como actriz cinematográfica.
Josefina de la Torre busca la verdad de la irrealidad. “Si yo pudiera, amor, /
engañarme a mí misma. / Yo buscaré detrás de tu mirada / la imagen de mi
imagen”. El “leimotiv” de este juego mental y afectivo es el sueño del hijo, de
la hija, que nunca existieron: la prolongación vital que no le fue dada para
robustecimiento de su propia humanidad consciente. “Bajo el techo seguro, / con
el árbol, el hijo. / ¡Qué sencillo!”
Es, pues, poesía no retórica, de música menor, suficiente para llevar, como un
vilo, la emoción sostenida. Una pura ingrávida, delicia. Y como dijo la
prodigiosa poetisa canaria: “No quiero cadenas, muertas / inmovilidad culpable.
/ ¡Libre, libre, libertada! / ¡Mía, solamente mía!”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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