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“Para soñar es igual cualquier rincón de la tierra,
y para mirar al porvenir nada mejor que deshacer el pasado.”
Julio Camba
LA VOZ DEL HUMORISTA VIAJERO.
Julio Camba era un espíritu de una cualidad rara, por lo exquisita. El humanismo
de Camba es de cuño auténtico. Se declaró “ciudadano del mundo” y le gustó
siempre nadar con la soltura del pez libre, sin que su pluma sirviera de cebo
para pescar incautos. Decía Unamuno que no había entre los escritores españoles,
quien emplease con más precisión y garbo el lenguaje de Cervantes. Y agregaba
como ejercicio para la demostración de su aserto: “Prueben ustedes a quitar o
agregar algo de una crónica y verán que no es posible”.
Ya sabemos que Julio Camba escribió artículos, sólo artículos y nada más que
artículos, si se exceptúa ese único poema que le recordó Ángel Lázaro en un
último encuentro y una novela corta El destierro, en la que refleja su
experiencia juvenil en Buenos Aires. Sus libros son recopilaciones de artículos
y su unidad la constituye un país: Alemania, Londres, La Ciudad Automática
(Estados Unidos). Otros títulos suyos aluden igualmente a viajes: Un año en el
otro mundo, tomado de Julio Verne, Playas, ciudades, montañas, La Rana Viajera y
Aventuras de una Peseta.
No todos los humoristas son viajeros, pero es difícil encontrar un viajero que
no sea humorista. El humorista empieza por ser alguien que se aturde ante la
realidad y no sabe qué hacer, por algo Molière tituló L’Etourdi una comedia
suya. Y para salir de la turbación el viajero apela a su tesoro, léase su
cultura. Camba se enfrenta a la realidad desde un talante escéptico y desde un
racionalismo que se apresura a despojar de toda emoción
Viene al mundo Julio Camba el 16 de diciembre de 1884 en Villanueva de Arosa,
provincia de Pontevedra. A los trece años dejó su familia y, como polizón,
emigró a la República Argentina. En las orillas del Plata sentó plaza de
“bullicioso y perturbador anarquista”, teniendo que salir de allí, también sin
pagar el pasaje, aunque esta vez no de polizón, sino por cuenta de la policía.
De su experiencia anarquista Camba no sale decepcionado. En la huelga de Buenos
Aires a él le tocó escribir proclamas llenas de emoción y no se arrepiente de
haber cultivado ese género de literatura porque la belleza no reside únicamente
en las rosas. ”Una revolución -decía Camba- es siempre una obra de arte”.
Concluida la huelga el gobierno argentino tomó la decisión de deportar a los
huelguistas. Al regresar a España le llamaron Julio Canela en El Imparcial y
Julio Caníbal en El País, dos periódicos en los que pronto será colaborador.
Poco tiempo después colabora en el Diario de Pontevedra.
En 1902 llega a Madrid. Se encuentra en el ambiente literario muy influido por
los modernistas. Camba se preocupará por ser original y lo conseguirá, pero no
se deja contagiar por la novedad modernista. Sabía muy bien que no era lo suyo y
no fue nunca un escritor mimético. En 1904 se produjo el segundo giro de
importancia en su vida. Colabora en El País, España Nueva y Los Lunes de El
Imparcial. Después estuvo de corresponsal en el extranjero de La Correspondencia
de España, El Mundo y La Tribuna.
Regresa a Madrid en 1905, y empieza a escribir en el A B C. Viaja por París y
Londres ante de la guerra mundial. A Alemania va en 1911, marcha de nuevo unos
meses a Francia, y regresa a Alemania. El trotamundos delicioso vuelve a España
hecho todo un políglota: sabía alemán, inglés, francés, italiano, algo de turco,
algo de griego, algo de ruso.
En 1916 cruza el océano por segunda vez y se instala en Nueva York. Le parece
hallarse en el otro mundo y con esa expresión titula el libro de ese año que
recoge sus crónicas americanas: Un año en el otro mundo. En 1917 fija otra vez
su residencia en Madrid. Lo destinan a Berlín en 1921 y en 1929 vuelve a Nueva
York.
Abandona Nueva York en 1931 y después de una temporada en Madrid publica
Haciendo la República. En 1936 pasa una temporada en Inglaterra y Francia, y
después de la guerra de nuevo se encuentra otra vez en Madrid. Su salud se
empieza a resentir y acepta que lo hospitalicen. Ya en 1949, Julio Camba es
huésped del hotel Palace; allí vivirá hasta su muerte, el 28 de febrero de 1962.
La última frase que pronunció fue: “La vida es buena, pero se acaba”.
Infatigable viajero, sagaz observador, profundo humorista, Julio Camba es un
autor atípico en el panorama literario español. Escritor de artículos, su lugar
en la literatura española es como una benéfica intromisión de la flema y el
humor de quien intelectualiza deportivamente la realidad, conociendo su plenitud
y su vacío. Como escritor, pocos alcanzaron la propiedad en exclusiva de un
estilo tan suyo, tan libre. Se burlaba de todo... Su ironía forzaba la sonrisa
que no la mueca, sin provocar el gasto de disgusto. Enemigo declarado del
principio de autoridad, independiente hasta la desesperación de los jefes de
redacción, la originalidad de sus artículos radica en un humorismo benévolo y
complaciente que amenaza sin embargo con conmovernos en lo más hondo.
Azorín le llamó “el prototipo del humorismo galaico pasado por Londres, pasado
por Sterne”. “Camba fue un gran niño -escribía Ramón Pérez de Ayala-, o un niño
grande, casi inocente, toda su vida. Pondría yo una mano en el fuego, jurando
que Camba no causó deliberadamente mal a nadie, ni con la intención. Y, así,
todos sus amigos le amábamos como a un niño, como un ángel en la tierra”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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