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Llama la atención que a pesar de las teorías en cuanto al origen del universo
y la vida y de la proliferación de libros y escritos escépticos que irrespetan
las creencias y convicciones cristianas y vomitan sobre aquel que cree en Dios,
el común de los seres humanos confesamos creer en Dios, y muchos aceptan ser
creados por Él. (Para frustración e ira de ateos humanistas, su diagnóstico de
que a estas alturas la mayoría seríamos ateos racionalistas, como "parte del
progreso", no se ha cumplido)
Desde hace tiempo sabía yo que somos conscientes de la existencia de Dios
gracias al espíritu humano que tenemos (no abordaré tal punto por falta de
espacio y por haberlo desarrollado en El origen del sufrimiento...); pero, según
Selecciones (febrero 2002), hasta el cerebro (parte física de la mente = gr.
nous, pero distinta a la masa encefálica) está dotado de circuitos para
experimentar y estar consciente de la realidad de Dios. Dios nos ha creado de
tal manera que en cordura y libres de ideas preconcebidas es prácticamente
imposible negar Su imagen y semejanza en nosotros.
Jeffrey Kluger, en Is God In Our Genes?, pregunta si Dios está en nuestros
genes. No lo está, pero Su obra sí está presente en ellos. Dean H. Hamer en The
God gene: How faith is Hardwired is into our genes considera que hay un "gen de
Dios" en nosotros, y que existe un gen responsable de nuestra espiritualidad.
Pero aclara que ello no significa que haya un gen que provoque que la gente crea
en Dios, sino que tal gen nos predispone a ser espirituales; querer alcanzar lo
intangible y buscar ser mejores. ¿Acaso nos recuerda eso las confesiones de
Camus, el "buscador de sentido", a su confesor antes de su trágica muerte? ¿O
las inquietantes revelaciones de ateos como Sartre y otros en cuanto a que no se
percibían como producto del azar y sin propósito en el universo? ¿O lo que
parece ser la búsqueda de Nietzsche de Dios en El lamento de Ariadna al exclamar
"¡Oh, vuelve/ Mi Dios desconocido, mi dolor!"?
Quizá el gen de Hamer no lleve a creer en Dios, mas basta que nos incline a
buscar lo trascendental. A no estar enraizados en lo terrenal. Si lo natural
(gen) no nos hace creyentes en Dios, ello sí es posible gracias a la dimensión
sobrenatural (espíritu) que Dios nos dio.
Otro que asevera hay una base racional para creer en la existencia del Creador y
que los descubrimientos científicos "acercan al hombre a Dios" es Francis
Collins, quien dirigió con Craig Venter el Proyecto Genoma.
Collins en sus años de estudiante de medicina se definía ateo, mas al comprobar
la fuerza y el coraje que daba (y sigue dando) la fe a sus pacientes más
críticos quedó vivamente impresionado, y buscó respuesta a sus inquietudes,
hallándola en Mere Christianity, de C. S. Lewis, otro ex ateo.
Las declaraciones y testimonio de Collins retrotraen las palabras de Pasteur:
"Un poco de ciencia aleja de Dios; mucha ciencia acerca de nuevo a Dios". El
nanocientífico James Tour expresa: "Solo un novato que no sabe nada de ciencia
podría decir que la ciencia nos aleja de la fe. Si uno estudia realmente
ciencia, esta le llevará más cerca de Dios".
Bacon creía que "el ateísmo aparece más bien en los labios que en el corazón del
hombre". Parafraseando al filósofo Fred Dretske sobre tiempos de precios
inflados y a William Lane Craig acerca de evidencias astrofísicas y cosmológicas
que confirman Génesis 1: 1, diríamos que vivimos en épocas inflacionarias, y el
costo del ateísmo ha aumentado. De ahí que "si necesitamos un ateo para un
debate -expresa el físico matemático Robert Griffiths-, voy al Departamento de
Filosofía. El Departamento de Física no sirve para mucho", pues los ateos suelen
ser filósofos. El ateísmo es filosófico. No tiene fundamento científico. Y el
ateo intelectualmente satisfecho es un cuento chino inventado por Richard
Dawkins.
Andrew B. Newberg, sostiene en Why We Believe What We Believe que el cerebro
tiene un sistema subyacente encargado de gobernar creencias. Este sistema de
creencias no solo moldea nuestra moral y ética; también puede sanarnos el cuerpo
y la mente y engrandecer y profundizar nuestras relaciones espirituales con
otros. Empero, tal sistema también puede ser utilizado para manipular y
controlar porque nacemos con la tendencia biológica de imponer creencias
(naturalistas, teológicas o filosóficas) a otros.
Algunos recurren al pansiquismo (cree que "la materia no es solo algo
físicamente inerte, sino que también contiene estados proto-mentales"), monismo
reduccionista ("hay una sola realidad, independientemente del número de
realidades que haya"; además, "todas son materiales") y al fisicalismo ("los
procesos síquicos pueden reducirse a procesos físicos y explicarse en términos
físicos") con la presunción de "explicar" la mente; "rebatir" el alma y la
conciencia y "demostrar" que el humano se reduce meramente a lo físico.
Tales creencias no son nuevas; son refritos filosóficos retomados por
naturalistas ateos para intentar quitar a Dios del escenario del origen del
universo y la vida. ¡Adorada sea la materia!
Los fanáticos racionalistas y cientificistas adoran dar explicaciones
naturalistas a lo sobrenatural por extraña o absurda que sean sus creencias para
rechazar a Dios; argumentan "científicamente" -mezclando ciencia-ficción con
filosofía- con el objeto de refutar lo irrefutable. San Pablo diría que están
peleando contra el aire.
J. Enrique Cáceres-Arrieta
Periodista
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