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SER PRIVILEGIADO

Por M. Berceo

En el día de la MUJER, 7 de Marzo

La personalidad femenina es rica y muy compleja. La personalidad es el comportamiento, en el equilibrio existencial del espíritu, que muestra la "yoidad" ante circunstancias y estímulos externos. La persona está en el amor y en el sentimiento, en la risa y en el llanto, en la vida y en la muerte, se encuentra en la actividad personal del "yo" entroncado en la existencia. Por su origen y por esencia psíquica y física, todo indica que el hombre y la mujer reciben la misma dignidad radical que corresponde a la persona. Dios creó al hombre. Varón y hembra, a su imagen y semejanza, Dios los creó (Gn 1,27).

En las distintas religiones y mitologías, la mujer es un ser privilegiado. Nace en el último episodio generativo, como el culmen de la obra artística. En la metáfora bíblica, no surge del polvo y del barro como el varón, sino de algo más noble, humano y vital; y en el "no es bueno que el hombre esté solo", se constata una carencia masculina, una imperfección, la falta del trazo definitivo, la pincelada de perfección que ha de completar el cuadro. La mujer viene a ser el complemento necesario, el rasgo imprescindible del acto creativo.

La mujer es melodía y poesía, es ternura y momento. Vive el detalle, la concreción y la pequeñez. Su rumbo es la esperanza, la vitalidad y la fortaleza. Derrocha su propio ser que es el cariño, la seguridad y la moderación. Es dispensadora de gracia y humor. Su desprendimiento, resistencia y solicitud no tienen límites. Su índole innata es la capacidad esencial del amor.

Derrocha su propio ser que es el cariño, la seguridad y la moderación. Es la vida, portadora y dadora de la vida y afirmación de la vida, por eso va delante, su visión es más amplia, admite la innovación y avizora un horizonte más ancho. En la penuria y desgracia, es sostén y báculo de pacificación. En la percepción de la realidad, desecha lo colectivo y viene a lo individual. Es la familia y es la educación. Es la vida, portadora y dadora de la vida y afirmación de la vida, por eso va delante, su visión es más amplia, admite la innovación y avizora un horizonte más ancho.

La mujer ha recibido enormes dones, al tiempo que es dispensadora de gracias a raudales para la humanidad. Por su origen y por esencia psíquica y física, todo indica que el hombre y la mujer reciben la misma dignidad radical que corresponde a la persona. En el transcurso de la vida y en el ejercicio profesional, hemos podido observar que la mujer está dotada de unas cualidades distintas y superiores a las del hombre. Es más paciente y sufrida, abarca más, capta antes, cuando el hombre va, ella viene; gobierna y dirige con mayor razón y acierto; y, sobre todo, es madre.

La maternidad la encumbra al primer puesto, es cocreadora, dadora de vida. Emperadores, presidentes, científicos, profesionales y pescadores, primero, han sido gestados y criados por la madre y madre tienen sus hijos. La mujer no ha escrito la Ilíada, ni la Eneida, el Quijote o Fausto, ni levantado las Pirámides o el Partenón, pero ha construido y constituido la humanidad.

Siendo una obviedad afirmar que la mujer biológicamente es diferente al hombre y que sólo ella dispone de los órganos necesarios y apropiados para realizar la maternidad, ciertamente, se constata que esta diversidad biológica se manifiesta también, por la íntima unión del soma y la psique, en las expresiones anímicas y espirituales. Las palabras "esposa" y "madre" tienen valor general y atemporal. La primera palabra que aprende el niño es la de "madre", "mamá". La maternidad es una realidad exclusiva de la constitución femenina. Por su carácter esencial y complejo, cae bajo variadas dimensiones de gran importancia médica, psicológica, moral, social.

La maternología es un apartado de la Ginecología en conexión con el estudio fisiológico y patológico de la gestación y del parto de cuya observación y asistencia se encarga la Obstetricia. De ahí la solicitud que precisa el afianzamiento y desarrollo de la pubertad. Es importante impartir una educación adecuada y examinar los cambios, irregularidades y alteraciones que pueden afectar la estabilidad física o psíquica de la incipiente mujer. Porque está destinada a la misión más alta del ser humano, de carácter "cuasi" divino.

Participa en el acto creador natural. Su constitución para traer nuevos seres al mundo es el hecho más extraordinario y maravilloso, casi incomprensible e inimaginable.

Su condición natural de diálogo y de paz contribuirá siempre en este ambiente materialista al crecimiento de individuos que vivan la entrega, el servicio y el amor al prójimo menos violentos y egoístas. Allí donde exista la dirección y el ordenamiento de la mujer, la sociedad encontrará solución a muchos problemas y se creará un ambiente más libre, justo y dialogante.

M. Berceo

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Por M. Berceo
Publicado Wednesday 5 de March de 2008 en la Revista opine sección mas



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