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Desde el inicio de la revolución industrial a finales del siglo XVIII
principios del siglo XIX, se fue generando en el mundo la idea de que la función
del hombre y de los países en sus procesos de crecimiento y desarrollo estaba
ligada a la adquisición de la capacidad tecnológica y científica para aprovechar
al máximo los recursos naturales; de esta manera se dio un crecimiento en la
actividad económica comercial dominado sobre todo por aquellos países que como
en el caso de Inglaterra tenían bajo su dominio una gran cantidad de territorios
en otros países, de los cuales se extraían muchas de las materias primas para
hacer funcionar su pujante economía lo que les permitió dominar el mundo a costa
de el sometimiento de muchos otros pueblos y la explotación indiscriminada de
sus recursos naturales.
A principios del siglo XX los avances de la ciencia permitieron a los países
occidentales la generación de un sin número de tecnologías como entre ellas las
que se relacionan con el uso de los hidrocarburos para producción de energía y
de muchos otros productos de consumo que fueron incorporándose en la forma de
vida de los habitantes de esos países y de otros de los denominados en vías de
desarrollo o subdesarrollados, en los cuales la influencia de los países ricos y
dominantes involucra la introducción de los hábitos de consumo y la
transformación de las estructuras industriales, comerciales y económicas. Las
guerras mundiales ocurridas durante el siglo XX llevaron a una redistribución de
los centros de poder y permitieron que EUA asumiera un papel dominante y
hegemónico, tanto en el desarrollo de ciencia y tecnología como en el
establecimiento de nuevos mercados y nuevas fuentes de recursos a todo lo largo
y ancho del planeta.
Aunado a lo anterior la desaparición de esquemas de balance político como lo era
la antigua unión soviética y sus países aliados han permitido una cierta
homogenización en las estructuras de mercado, los procesos de industrialización
y los esquemas económicos a nivel mundial, favoreciendo el crecimiento de
grandes consorcios económico –industriales que actualmente controlan en buena
medida el funcionamiento de los sistemas económicos a escala global.
Sin embargo, desde mediados del siglo XX se ha venido haciendo evidente que la
manera en la que los procesos de transformación de materiales y de generación de
riqueza que habían sido considerados como los mecanismos mas apropiados para
lograr lo que llamábamos desarrollo no podrían mantenerse durante mucho tiempo
porque partían del supuesto de que las riquezas naturales por una parte son
inagotables, y por otra las actividades del hombre no podían dañarlas de manera
irremediable; la realidad nos ha mostrado que el crecimiento demográfico de la
población humana y la acelerada industrialización de los países así como el
incremento en el consumo de bienes y servicios no pueden continuar bajo el mismo
esquema con el cual funcionaron durante mas de dos siglos.
La naturaleza ha empezado a cobrarnos la factura y las evidencias están en todas
partes y se manifiestan desde el nivel macro, como es el caso del cambio
climático, el calentamiento global; hasta el nivel micro, como sucede con la
acumulación de basura y todo tipo de residuos en pequeñas comunidades con los
problemas de intoxicación, o enfermedades crónico degenerativas en trabajadores
del campo por el uso indiscriminado de plaguicidas.
Lo anterior, ha llevado a procesos de toma de conciencia entre los cuales se
incluyen la firma de acuerdos internacionales, como el acuerdo de Río o el
protocolo de Kyoto o el protocolo de Montreal; que tienden a buscar estrategias
concertadas entre los países para reducir los efectos mas notables de los
procesos de contaminación y deterioro del ambiente que se observan en el mundo.
La actividad industrial no puede ser ajena a estas tendencias, actualmente están
surgiendo en diferentes universidades y centros de investigación en todas partes
del mundo análisis y nuevos enfoques de los sistemas de transformación de los
recursos naturales que buscan integrar en el aprovechamiento de los mismos las
consideraciones ambientales que permitan reducir al mínimo o eliminar de ser
posible los daños o impactos que el proceso considerado como un todo (desde la
obtención de las materias primas, el transporte, la transformación, la
distribución, venta, consumo, disposición… reuso); de manera de propiciar una
nueva cultura industrial que involucre el estudio de los materiales no solo
desde el punto de vista de su utilidad práctica sino desde la consideración del
papel que juegan dentro de los ecosistemas y como parte de los servicios que
dichos ecosistemas proporcionan al hombre y a los demás seres vivos que en ellos
habitan.
Así mismo los procesos industriales deberán considerar ahora que su
responsabilidad no termina en el momento de la venta del producto y por lo tanto
deben buscar que los materiales con los cuales se elaboran y empacan los
productos puedan ser reutilizados o reincorporados al ambiente y no acumularse
como residuos generando afectaciones a las estructuras ecosistémicas, a los
organismos que ahí viven a la salud humana o a los equilibrios naturales.
Valeria Castro R.
valeria_cr_@hotmail.com
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