| | (A mi hija, de 12 años)
Mi niña ha leído de textos que yo dejo inconclusos ”proyectos de poemas en archivo, memorias de silencio en las gavetas”: que no existe el vacío. Que de amor Todo se llena!
Que los huecos la Humanidad los fabrica, así cual la miseria, la escasez o la Nada. Que un agujero negro es densidad tan sólo, o compresión infinita, sobreabundancia, a la postre, la sustancia inmarcesible cargada del mismo amor que todo llena...
Y al recordarlo, me pregunta esta tarde que cotejo lo que la escuela informa: ¿Por qué estoy triste, papá? ¿Qué es el corazón, después de todo, que estoy llena de pena?”
Y yo leía, con agrado, como ella hizo progresos en el álgebra, mi niña que es el Arte con carita de ángel, con donaire de chava.
Bravo saca otros 4 puntos en civismo y otras tantas Aes porque ella baila y expresa la energía en el soccer con cuerpecito de sílfide que sueña, con voz a la que sobra el alma y la nobleza arisca y mansa, creadora y suspicaz de su ternura. ¿Qué es el corazón después de todo? Ella.
2.
¡Me bastaría decirle que serían sus ojos: amplios como el infinito inmensurable de los cielos, profundos como el más allá¡ de las galaxias, misteriosamente llenos de candor y anhelos como todo lo que vibra y emite luz con saltos orbitales!
Me habría gustado detener ahí todo discurso: invocar el imperio de sus ojos, simplemente... y callar y rozar sus pestañas con mis dedos y robarme un poco de luz de sus fotones; pero ella fabricó tantas palabras y repetía corazón, corazón, como un poeta, curiosa de inefables pálpitos o enamorada de una dulzura incierta y galopante.
¿Cómo decir a mi niña callâ cuando caza a la pequeña bestezuela tan adentro, profunda en la metáfora del cosmos que tiene que latir con las palabras y recibir las mías, en dote de saetas?
3.
El corazón ”le dije sin quererlo” es una neutra inmensidad llena de ojos, una danza infinita de las tuyas ”tuya porque bailas, porque tienes la piel llena de órbitas y saltos y un ritmo sediento de moléculas y te sobrecarga el calor, la luz, la química del alba y el corazón seguro es que ha de ser tu mundo que gira en envolturas con un diámetro diez mil veces mayor al de la noche primaria.
Hay una noche protónica y pequeña que busca un empatema, su pasión dominante, y rompe núcleos, Gabi, y salta con partículas y dice adiós, que esquilan cuando tú dices —hóla.
Me habría gustado decir que el electrón no sale normalmente de los átomos y, con esto decir, ¡qué bello se llenan tus ojos del azul bajo tus párpados! pero su mirada estaba electrofilamente saturada de dos potencias de tinieblas, lágrimas, dos enlaces que nacieron por el fuego, el aire y la sal de las aguas; y yo medí la resistencia en ohmios... porque: ¿qué definará el potencial de esos campos sino el desequilibrio de dos partículas básicas?
La materia es este campo abierto de las cuencas, protones que se enfrentan a electrones, que se persiguen para unirse, que se huyen para repelerse... Y fue así que nombré al escaramujo en la tierra de Ceres, nuestra tierra, pequeña, y al intruso que a los ojos da desvelo y trabajo y al elefante blanco, que inútil es y para nada sirve, aunque cuesta, afana en rigor, sorprende...
4.
Y añadí, hijita amada: Abre tus días y mañanas con voluntad de espines giratorios, Gabriela. El corazón es preservar el equilibrio y la gracia. No le huyas al empellón, suma vectores, funda ejes, trasládate y rota, ¡danza!
Dichosa seas, si conservas el secreto de esta fórmula: las cargas de signo diferente, positiva o negativa, simetrizan, se atraen, se aman.
Y esta fuerza compensada te dará el equilibrio y la magnitud química, que es tu fiel hermosura, no se pierde, crece, se alimenta, dinamiza: ¡por algo son tus ojos electrones y es diez mil veces más pequeño lo que está perdido, en entresijos de penas, sin tus haldeares, sin tus capas inclusivas, donde hay espacio para todo lo que venga positivamente cargado de protones. Como dos y dos son cuatro, tu corazón es magnitud y dirección de soles, la suma vectorial de Todo lo que rota y se equilibra para darte electrogénesis en la mirada y en lo vivo, aunque se mueva dentro de lo más oscuro de las cosas.
Carlos López Dzur Por Carlos Lopez Dzur Publicado Friday, March 25 2005
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