
Cosmogenesis Metafísica
Dios, el Espíritu, el Mundo, el Tiempo, la Transformación.
Dios creó al Mundo, el Mundo al Tiempo, el Tiempo a la Transformación.
La realidad de Dios, es el Bien, la Hermosura, la Felicidad y la Sabiduría.
La realidad es la identidad, la del Mundo el orden, la del Tiempo el cambio y la de la Transformación la vida y la muerte.
La energía de Dios es Inteligencia y Alma, es permanencia e inmortalidad la del Mundo ir y volver del punto de partida a la máxima oposición, la del Tiempo crecer y menguar, la de la Transformación la cualidad.
Por consiguiente, el Espíritu está en Dios, el Tiempo en el Mundo, la Transformación en el Tiempo, y es así como el Espíritu permanece estable alrededor de Dios, el Mundo se mueve en el Espíritu, el Tiempo pasa en el Mundo, y la transformación evoluciona en el Tiempo.
Por consiguiente, la fuente de todas las cosas es Dios, la realidad de las cosas es el Espíritu y su materia es el Mundo.
El Poder de Dios es el Espíritu, la obra del Espíritu es el Mundo, que nunca comenzó pero es engendrado eternamente por el Espíritu que no perecerá jamás.
El Espíritu es inmortal y el Mundo está rodeado totalmente por el Espíritu.
El Bien, la Hermosura la Felicidad, el Espíritu y la virtud total son parte de la sabiduría de Dios.
El Espíritu pues creó al mundo con orden y belleza poniendo permanencia en la materia.
La generación de la materia depende del Espíritu, así como el Espíritu a su vez de Dios.
La transformación y el tiempo están en el Cielo y en la Tierra, pero tienen naturalezas distintas: en el Cielo sin cambios ni destrucción, en la Tierra con cambios y destrucción.
Dios es el alma del Espíritu, el Espíritu del Mundo, el Cielo de la Tierra, y Dios está en la sabiduría, la sabiduría en la inteligencia, la inteligencia en el alma, el alma en la materia y todas las cosas a través del Espíritu.
Y a todo este inmenso Cuerpo en el que están todos los cuerpos, un Alma plena de Inteligencia lo llena por dentro y lo envuelve por fuera, vivificándolo Todo: por fuera a este Viviente enorme y perfecto, el Mundo, por dentro a todos los seres vivos, y arriba, en el Cielo, permanece siempre idéntica a sí misma, y abajo, en la Tierra, produce los cambios de la transformación.
El Espíritu es quien mantiene todo unido por medio de la Necesidad, de la Providencia o por cualquier otra cosa que se pueda pensar hoy o mañana.
Todo es actividad de Dios, energía de Dios, poder insuperable, con la cual nada se puede comparar, ni humano ni divino.
Nada pueda asemejarse a Dios, ni las cosas de arriba ni las de abajo, porque te alejarás de la verdad, porque nada es igual al Único y Uno.
No existe nada ni nadie que pueda compartir su Poder.
¿Quién si no El sería creador de vida, inmortalidad y transformación?
Y El ¿qué otra cosa haría sino crear?
Porque Dios no está inactivo, de lo contrario todo estaría inactivo, y todas las cosas están llenas de Dios y por lo tanto en continua actividad.
Nada está inactivo en el mundo, ni en ninguna otra parte. Porque la inactividad es vana respecto al creador y a la existencia.
Es necesario que todo llegue a la existencia, siempre y apropiadamente en cada lugar.
El Creador está en todas las cosas, no determinado a alguna, no Creador de alguna, sino de todas las cosas.
Siendo un poder siempre activo no está sometido a ninguna de sus criaturas, pero si todas a El.
Contempla el mundo que se ofrece a tus ojos y considera atentamente su hermosura: cuerpo sin mancha, cuya vejez nadie supera, pero que en todo y siempre está en pleno vigor, joven y siempre más lozano.
Mira también la jerarquía de los siete cielos, bellamente creada en un orden eterno y cumpliendo los siglos en cursos diferentes.
Todo está lleno de luz sin haber fuego fatuo en ningún lado: pues la amistad y la combinación de los opuestos y de los disímiles se hizo luz, y brillan sobre nosotros por la energía de Dios generador de todo bien y jefe y conductor del orden entero de los siete cielos.
Mira la Luna, precursora de todos, órgano de la Naturaleza, transformadora de la materia aquí abajo. Mira la Tierra en el medio del Todo, colocada como cimiento del bello mundo, nodriza de todos los seres terrestres.
Contempla también cuán inmensa es la multitud de los vivientes inmortales y de los mortales, y, mediadora entre ellos, inmortal y mortal, la Luna rondando su ronda.
Todo pues está lleno de alma y todos se mueven, unos circulando el Cielo, otros sobre la Tierra, y los que van hacia la derecha no lo hacen a la izquierda, ni los de la izquierda a la derecha, ni los superiores descienden, ni los inferiores ascienden.
Todos estos seres que han nacido, son cuerpos y tienen alma y se mueven. Y no es posible que todos converjan hacia uno sin un organizador.
Por lo tanto es necesario que tal organizador exista y que sea Uno.
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